domingo, 15 de abril de 2018

Como he pasado de la productividad a la efectividad personal

Por: David Torné

Me obsesiona la idea de progresar. Con los años he asociado esta idea con el hecho de completar acciones y cerrar proyectos.

El progreso de mi actividad es sólo un indicador de mi capacidad para ejecutar pero ejecutar no tiene por qué estar vinculado a obtener resultados ni trabajar con propósito.

Hacer más y mejor es el punto de partida de un camino en el que se van quemando etapas y donde aparecen nuevos intereses, problemas a solucionar, preguntas a responder y decisiones a tomar.

Completando cada etapa no sólo se alcanzan resultados, también se desarrolla un cierto sentido crítico y se madura. Se gana profundidad en lo que se hace y en cómo se vive, no sólo amplitud para abarcar el máximo posible.


Pasar de la Productividad en la efectividad convierte el 'Hacer más y mejor' en 'Ser más y mejor'
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Es en este punto donde la productividad personal se transforma en eficacia personal. Donde no sólo cuenta como haces las cosas sino también qué cosas importan. No es sólo un juego de palabras:

En J. M. Bolívar te lo explica mejor que yo. Diferencias entre Eficiencia, eficacia y efectividad.

Cuesta describir como se produce esta evolución. La mejor manera es teniendo un contexto, por eso el post de hoy es más largo que la mayoría. Cada punto describe una etapa de lo que ha sido este proceso de ocho años sintetizando beneficios y problemas para dar una idea de lo que he ido sembrando y recogiendo.

Diferentes etapas, diferentes problemas, diferentes aprendizajes:

Encontrar un sistema para salir del caos

El primer paso consiste en salir del caos, organizarme a través de un sistema de productividad personal. En mi caso fue Getting Things Done (GTD) creado por David Allen.

La gran mejora pasa por tener un flujo de trabajo predefinido, unas pautas a seguir para definir y realizar mi actividad. Introduzco hábitos como la revisión semanal que me permite mantener el sistema en orden y generar continuidad.

Como hago mi revisión semanal

Persistir es ganar. Tengo altibajos pero voy refinándome y empezando a descubrir conceptos muy poderosos como trabajar por contexto o preparar mis proyectos importantes a través de la planificación natural.

¿Cuáles son los beneficios?

Aumenta mi claridad, mi capacidad para completar pequeños proyectos y acciones pero sobre todo mi entusiasmo.

En cierto modo me ayuda a cambiar la imagen que tenía de mí mismo. No soy un desastre, no soy un vago, soy capaz de tirar adelante mis proyectos y ocuparme de mis asuntos.

¿Cuál es mi gran error?

Busco hacer más para sentirme satisfecho, lleno mi lista de próximas acciones sin criterio. Las acciones y proyectos no buscan otro resultado que ser completados. Cerrar asuntos es la finalidad en sí mismo.

Planificar y obtener resultados

He de aplicar filtros a mi actividad sino acabaré quemado.

Empiezo siendo más estricto a lo que doy entrada a mi lista de próximas acciones. Incubo asuntos sin complejos, mi lista de Algún día/Tal vez empieza a engordar de manera importante.

Doy un mayor peso a los proyectos. Son el camino para obtener resultados. Por exiguos que sean ya demuestran un criterio, un propósito.

Me implico en “grandes proyectos” buscando resultados relevantes cuya actividad puede prolongarse durante semanas o meses.

Como hago una planificación natural

Por lo tanto toma importancia la planificación. Pensar antes de actuar. Antes de iniciar un proyecto importante me pregunto cuál es su propósito real y que debe suceder para que sea un éxito. No es mucho pero ya es algo.

¿Cuáles son los beneficios?

Estructuro mi actividad de forma incipiente. Ya no me muevo por acciones o proyectos inconexos, detrás hay un plan y aunque no complete un “gran proyecto” si que logro finalizar sus partes importantes.

Hay un nivel de progreso y unos resultados que antes no había alcanzado, en algunos casos llegan a ser relevantes.

Por otra parte me doy cuenta que hay cosas que no funcionan y empiezo a pensar que debería hacer algo al respecto. Despierta cierto sentido crítico.

¿Cuál es mi gran error?

Abuso de la idea de planificación. Intento definir toda la actividad de un “gran” proyecto a priori, al menos aquella que se puede definir. Me paso tardes enteras en mi escritorio recorriendo los 5 pasos de la planificación natural, realizando mapas mentales y definiendo proyectos y acciones al por menor…

… es agotador y a la larga me genera una gran insatisfacción. Empiezo a pensar que no vale la pena dedicar tanto tiempo a preparar mi actividad.

Pasar a la acción de forma inmediata

Refino mis conocimientos. Una re-lectura de Organízate con Eficacia de David Allen me abre la puerta a reinterpretar la lista de proyectos.

Organízate con eficacia de David Allen

En lugar de trabajar con proyectos con la totalidad de la actividad definid confecciono una lista con todos los proyectos y la punteo a diario para asegurarme de que siempre hay una acción en la lista de próximas acciones.

Cómo crear tu lista de proyectos

La segunda lectura clave es la de “Aprende a liberarte del estrés” de José Miguel Bolívar.

Incorporo a mi sistema la lista “Esta semana no”  para no saturar mi lista Algún día/Tal y revisar ese almacén de ideas cada semana. La revisión semanal se hace más liviana.

Asisto a reuniones “Café y Productividad” y comento mis problemas con profesionales y gente con una base de conocimiento sobre el tema. Conozco otros puntos de vista y formas de hacer las cosas.

El intercambio de ideas me permite descubrir una forma más racional para realizar la planificación natural. Identifico el propósito y defino las acciones imprescindibles para ponerme en marcha de forma inmediata.

¿Cuáles son los beneficios?

Mi sistema de organización personal es más magro. No pierdo el tiempo en definir actividad de forma innecesaria y me centro más en hacer.

El intercambio de ideas pone en cuestión algunas creencias que parecían inamovibles. Hay vida más allá de GTD y de los sistemas de productividad personal. Compartir actividad profesional  con algunas de las personas de este colectivo renueva mi interés para llevar este tipo de prácticas a mi faceta profesional.

¿Cuál es mi gran error?

Continuar creyendo que puedo diseñar una visión de futuro sentado ante un escritorio como un arquitecto que dibuja un plano de un edificio.

Mi actividad está estructurada pero no consigo definir mi largo plazo. Lo veo como una carencia. Me etiqueto como microgestor.

Asistentes al café y productividad

Propósito

Para definir el largo plazo tengo que definir mi propósito. Intento hacerlo por mi cuenta a través de la escritura. Defino un breve texto sobre que soy y que quiero.

Tengo la oportunidad de contactar con la coach Paz Garde integrante de OptimaLab a través de los encuentros “Café y Productividad”. Juntos definimos mi propósito de forma más asertiva. Se me confirma una necesidad no atendida de transmitir conocimiento a los demás

Comparto la inquietud con el autor/blogger de productividad personal Dani Aguayo. Investigamos más sobre el tema y nace la necesidad de hacer algo conjuntamente que vaya más allá de los respectivos blogs.

Me abro a nuevas inquietudes en cuanto a mi rol profesional. ¿Puedo convertirme en un coach o en formador? Es excitante e inquietante a la vez.

Me atrevo a hacer algún mentoring por skype a algún lector de mi lista privada. Algunas son un éxito otros no terminan como yo esperaba. Es agotador.

Uno de mis puntos débiles siempre ha sido aplicar la productividad en el ámbito profesional. Lo he intentado pero no encaja. Lecturas como las del libro Scrum de Jeff Sutherland me inspiran para abrir vías complementarias a GTD.

¿Cuáles son los beneficios?

Del mismo modo que en su día ordené mi actividad ahora empiezo a organizar mi perspectiva. Me pregunto qué quiero de verdad.

Me he abierto a otro tipo de inputs más allá del conocimiento a en productividad personal, conozco nuevas personas y vivo en más profundidad.

¿Cuál es mi gran error?

Me he dejado deslumbrar por un mundo que puede no ser el mío, el de la formación y el mentoring. Si quieres grandes cambios tienes que hacer grandes sacrificios. En otras palabras si quiero cambiar de vida debo dejar atrás la vida que tengo ahora. Planteárselo crea inseguridad, da miedo.

La inversión en tiempo y atención equivale a un empobrecimiento de los recursos que dedico a mi perfil profesional actual.

Me encuentro entre dos mundos.

Llenar mi lista de próximas acciones con actividad relevante

Mi blog ha sido mi vía para persistir en el aprendizaje. Un vínculo para escribir cada semana que me empuja a repasar un concepto nuevo o actualizar uno ya revisado.

Con el tiempo ha perdido frescura, se llena de contenido que no refleja lo que voy aprendiendo en mi día a día. Quiero volver a aplicar lo que aprendo en mi vida de una forma genuina. Vivirlo en primera persona.

Creo una lista de objetivos

He de poblar mi lista de próximas acciones de actividad relevante. Se inunda con actividad de mantenimiento (poco relevante) con demasiada frecuencia. Hay épocas en que priorizo ​​la actividad que puedo atender de forma fácil antes de que los retos.

Creo una lista de objetivos o de grandes proyectos que llevo siempre conmigo. Como mínimo la repaso una vez por semana para tenerlos presentes.

Del mismo modo que revisar la lista de proyectos me permite asegurarme de que siempre hay al menos un acción en la lista de próximas acciones, la lista de objetivos me permite preguntarme que hay en marcha que me ayude a alcanzar esa meta, cuánto tiempo hace que trabajo y que tengo que hacer si la actividad en curso se ha atascado (la cancelo, la replanteo, la delego).

Necesidad de claridad

Noto como mi capacidad para centrarme ha menguado. Me dedico a cultivar en el trabajo deliberado. Reservo bloques de dos horas para trabajar centrado en un solo tema de forma continuada.

Las redes sociales, el smatphone, la conexión continuada en Internet nos ha cambiado la vida a todos. Desde hace tiempo percibo algo pernicioso en ese cambio.

Sigo blogs como el de Cal Newport, autor del libro Deep work el que habla frecuentemente sobre el tema. Empiezo a despegarme de mis redes sociales.

Blog Cal Newport

Have smartphones destroyed a generation?

Llevo el hacer una sola cosa a la vez al extremo. Una sola cosa a la vez, si veo la tv veo la tv, si estoy con el móvil estoy con el móvil, si leo sólo leo… por pequeña que sea la tarea sólo me dedico a algo.

He dejado de utilizar mi sistema de organización (GTD) como un corsé. Lo sigo utilizando de manera ortodoxa, siguiendo los 5 pasos y los criterios base para administrar las acciones y proyectos pero no me cierro a otros conocimientos aunque entren en conflicto.

Cierro el post con esta etapa donde todavía no hay ni beneficios ni errores a comentar. Es lo que se está cocinando en este momento, es donde estoy ahora.

–

Me he planteado muchas veces que me aporta dedicar tanta energía y tiempo a una temática que difícilmente puedo vincular a mi rol profesional. El propósito es la maduración adquiriendo nuevos conocimientos y exponiéndome a nuevas situaciones.

Es un pretexto para sentarme a escribir y ordenar ideas. Para pensar que hago y cómo lo hago, qué cosas quiero y que me preocupa. Y sobre todo para hacer algo al respecto.

Siempre he pensado en ofrecer contenido funcional y no tan retorico. Espero que sepas disculparme si este articulo a caído de forma excesiva en esta última categoría.


viernes, 13 de abril de 2018

Ignorar con comodidad o ignorar con seguridad

Por: José Miguel Bolívar

Solo te puedes sentir bien con lo que no haces cuando sabes qué es lo que no haces.
David Allen

El otro día, escuchando una entrevista que hacía David Allen a mi colega William Eliot, GTD® Certified Master Trainer y Global Partner de  formación GTD® de la David Allen Company en Sudáfrica, escuché una frase que no solo me gustó sino que me ha dado bastante que pensar, hasta el punto de haberme llevado a escribir este post.

La frase era en realidad una pregunta que planteaba William al hablar sobre las muchas cosas que, inevitablemente, siempre quedan sin hacer en el trabajo del conocimiento: «What’s the difference between safely ignore and comfortably ignore?».

Pensando sobre ella, me di cuenta de que la mayoría de las personas se encuentra en una posición mucho más próxima al «comfortably ignore» que al «safely ignore», con todas las consecuencias que ello supone, y eso me hizo pensar en lo muy distintas que son estas consecuencias para las personas efectivas y las personas inefectivas.

Como decía antes, una de las características del trabajo del conocimiento es que, al margen de lo mucho que se trabaje, de lo muy competente que se sea o del mucho compromiso que se tenga, siempre quedan cosas sin hacer.

Dicho con otras palabras, somos literalmente «incapaces» de hacer todo lo que hay que hacer. Por sistema. Lo anterior es una verdad dolorosa, pero inamovible, por lo que, como suelo decir en mis cursos, cuanto antes la interiorices, más feliz vas a vivir.

Una vez se ha asumido el hecho de que siempre quedan cosas sin hacer, lo siguiente es analizar el impacto que genera en nosotros esta realidad. En este sentido, lo que más condiciona el tipo de impacto es la relación que mantenemos con, o hacia, todas esas cosas que han quedado sin hacer.

Habitualmente, las personas inefectivas solo son conscientes de una parte de todo lo que no hacen. Esto es un grave problema, porque el hecho de desconocer qué es exactamente lo que estás dejando sin hacer solo acarrea consecuencias negativas.

Por una parte, desconocer lo que no haces te impide actuar proactivamente sobre ello y este impedimento afecta a múltiples niveles. Por ejemplo, te impide renegociar el compromiso que habías adquirido, pero también te impide prepararte con un plan de contingencia.

De hecho, una de las premisas fundamentales de la metodología GTD® es que los compromisos mal gestionados generan estrés. Y algo que estás dejando sin hacer sin ser consciente de ello es, por definición, un compromiso mal gestionado. Luego desconocer lo que no haces, es también una gran fuente de estrés.

Por el contrario, las personas efectivas son plenamente conscientes de todo lo que no hacen. Esto supone una enorme ventaja, ya que hace posible la proactividad, bien a la hora de renegociar compromisos , en lugar de incumplirlos, bien a la hora de poner en marcha planes de contigencia que minimicen las consecuencias negativas de no hacer las cosas.

Tanto las personas efectivas como las inefectivas son «incapaces» de hacer todo lo que hay que hacer, pero unas y otras se encuentran en situaciones muy distintas, que dan lugar a la paradoja que William Elliot ponía de manifiesto en su pregunta.

Por una parte, tenemos que, mientras que las personas inefectivas viven en una situación de «cómoda incapacidad», las personas efectivas viven en una situación de «incómoda incapacidad».

Dicho de otra forma, ignorar lo que se está dejando sin hacer resulta cómodo, ya que, como lo ignoras, no te genera ningún tipo de sentimiento negativo de frustración, culpabilidad, miedo… Por el contrario, ser consciente de todo lo que estás dejando sin hacer resulta generalmente incómodo, porque te produce precisamente todas esas sensaciones negativas.

Por otra parte, tenemos que las personas inefectivas viven en una situación de «incapacidad peligrosa», mientras que las personas efectivas viven en una situación de «incapacidad segura».

En otras palabras, ignorar lo que estás dejando sin hacer es peligroso, porque te impide prepararte para las posibles consecuencias negativas. Sin embargo, ser consciente de todo lo que estás dejando sin hacer es seguro, porque te permite actuar proactivamente sobre ello y prevenir posibles consecuencias.

La paradoja por tanto es que ignorar lo que dejas sin hacer es cómodo, pero peligroso, mientras que ser consciente de todo lo que dejas sin hacer es mucho más seguro, aunque también es más incómodo, al menos en un primer momento.

Digo en un primer momento, porque una de las muchas ventajas que disfrutamos las personas que hemos integrado completamente la efectividad personal en nuestras vidas es que, gracias a ello, hemos podido romper la paradoja.

Y es que las personas altamente efectivas no solo disfrutan de la seguridad que da saber qué no están haciendo y tenerlo controlado, sino que además han aprendido a sentirse bien con ello, porque saben, en todo momento y con plena confianza, que están haciendo lo que hay que hacer.


martes, 10 de abril de 2018

5 sencillas rutinas que me dan mucho cada día

Por: Berto Pena

Cada año que pasa y me sigo preocupando por cómo vivo y cómo trabajo, me doy cuenta de la brutal importancia que tienen las rutinas y hábitos que NO tienen que ver con la Productividad, al menos de forma directa. Sencillas costumbres de cada día que no se suelen encontrar en la lista de métodos para hacerte megaefectivo y vivir sin estrés, pero que creo que día a día te marcan: cómo eres, cómo haces las cosas, incluso lo que vas a conseguir.

rutinas

Pues hoy quiero compartir contigo cinco de esas sencillas rutinas que desde hace tanto tiempo me han dado tanto cada día. Ahí voy…

Comer muy pronto y además ligero

Quizá sea efecto de levantarme y empezar el día pronto, o quizá herencia del tiempo que pasé en otros países donde se come antes. El caso es que como y ceno muy pronto para los horarios españoles. En mi caso como a la 12:30 y ceno a las 19:30. Y además intento que sea todo lo ligero posible. Esto me ayuda a que la comida no se alargue, a no comer más de la cuenta, y a hacer unas digestiones más ligeras. En el caso de la cena esto se nota mucho más, puesto que me permite conciliar el sueño sin problemas.

Acostarme siempre a la misma hora

A las 22:00 como muy tarde estoy en cama. Y lo más importante: siempre soy constante en eso, incluso cuando estoy de viaje y me toca dormir en hotel. Esa constancia me ayuda a clarificar el día, a garantizar un número de horas de descanso, y también a no alargar innecesariamente el día. Si hay algo (tanto de casa como del trabajo) que no he hecho a esa hora, ya no lo voy a hacer. Mañana será otro día.

Revisar el día al acostarme

La autoevaluación sigue siendo uno de mis puntos fuertes. No sería quien soy y no hubiera llegado aquí sin hacerme preguntas: «¿qué he conseguido hoy?» «¿Qué he hecho hoy por mis prioridades y objetivos?» «¿Estoy cayendo en distracciones o procrastinación?» «¿Qué voy a hacer y cambiar mañana para..?» Esa “mejora constante” de la que siempre he oído hablar yo la encuentro a través de preguntas y respuestas, que luego me llevan a hacer cambios. Y casi siempre al repasar mi día, justo antes de dormir.

Cada día trabajo para hacerme mejor a mí y los demás. Lo hago a través de mi Método Productivo pero también de sencillas rutinas que no llaman la atención.

Leer y Descansar en modo avión

Me asusta a donde nos estamos dirigiendo con las distracciones y este mundo hiperconectado. Porque ya hasta las cosas más importantes de nuestra vida personal y familiar están perdiendo. Hubo un tiempo donde me ví a mí mismo descansando con el móvil en la mano. No podía ver de una peli o leer un libro durante diez minutos sin mirar la pantalla y mirar cualquier estupidez. Así que hice un pacto conmigo: «A partir de ahora el descanso es DESCANSO. Total desconexión». Porque quiero de verdad disfrutarlo y saborearlo. Así que me pongo en modo avión. Yo y mi tecnología. Sobre todo cuando estoy con mi familia o amigos esto me lo tomo más en serio. Y además les pido que hagan lo mismo.

Ordeno y recoloco lo que no está en su sitio

En mi despacho, en la cocina, en las habitaciones, por los armarios… si saco algo y lo utilizo, lo devuelvo inmediatamente a su sitio. O si veo algo desordenado por casa (mantas en el sofá, un libro fuera de su sitio, juguetes de los perros tirados…), lo recoloco justo en ese momento. No es que sea un obseso del orden y la organización que resopla cuando ve algo por ahí, es que mentalmente me ayuda a tener más claridad y menos caos y ruido alrededor. Soy un activo defensor de que el entorno condiciona mucho al interior. Porque eso (claro) luego se traslada a mi trabajo, mis herramientas, mis documentos y materiales de trabajo.

Cada día me levanto y sigo creyendo en la posibilidad de cambiar y mejorar las cosas. Para mí y para otros. Lo hago a través de mis Prioridades y Objetivos (mis “Drivers”), de mi Método Productivo desarrollado durante años, pero también de las pequeñas y sencillas rutinas que no llaman la atención.

La entrada 5 sencillas rutinas que me dan mucho cada día aparece primero en ThinkWasabi.


viernes, 6 de abril de 2018

Diferencias entre «Agenda» y «Agendas» en GTD®

Por: José Miguel Bolívar

Uno de los retos importantes que plantea el aprendizaje, la aplicación y el disfrute de GTD® es entender bien los términos empleados en la metodología, algo que en la práctica resulta menos sencillo y evidente de lo que en un principio cabría esperar.

Así, el concepto original de «next action», cuyo significado en inglés es evidente, se complica en sus traducciones al español, tanto si utilizamos «siguiente acción» (o «acción siguiente»), como si optamos por utilizar «próxima acción».

Una «next action» es la actividad física y visible que hay que llevar a cabo para que algo avance hacia su resultado final. Esto implica que una «next action» es una actividad que ya es realizable en este momento, sin depender de que se complete antes ninguna otra actividad.

Sin embargo, para muchas personas, una «siguiente acción» es la que va después, a continuación, de la acción que ya puede hacerse ahora mismo, es decir, confunden el significado de «acción» (todavía no puede hacerse, hasta no completar la «siguiente acción») con el significado de «siguiente acción» (ya puede hacerse, sin dependencia alguna), intercambiándolos.

Algo parecido ocurre cuando se traduce como «próxima acción», ya que algunas personas lo interpretan como «acción cercana en el tiempo», algo que no tiene nada que ver con el concepto original.

Otro ejemplo de concepto con traducción problemática es «proyecto» que, en mi experiencia, es sistemáticamente malinterpretado por más del 90% de las personas en su primer contacto con GTD®. Precisamente aprovechando mi reciente certificación como Master Trainer de Nivel 2 de GTD®, «Projects and Priorities», en las próximas semanas compartiré por aquí una serie de posts dedicados específicamente al tema de los proyectos en GTD®.

Dejando a un lado los ejemplos anteriores, en el resto de este post voy a centrarme en dos conceptos que también «sufren» en su traducción al español: «Agenda» y «Agendas».

En GTD®, «Calendario es el nombre que damos a la categoría organizativa en la que guardamos los recordatorios de acciones que tenemos que llevar a cabo en un momento concreto (día y hora) o en un día concreto, así como la información referente a un día concreto».

En inglés, «Calendar» significa simplemente «Calendario», por lo que no hay lugar a confusión. Sin embargo, en español utilizamos dos nombres para referirnos al «Calendario»: Calendario y Agenda, lo que plantea un conflicto con el concepto «Agendas» de GTD®.

En GTD®, «Agenda» es el nombre que damos a la categoría organizativa en la que guardamos los recordatorios de siguientes acciones que tenemos que llevar a cabo la próxima vez que hablemos o nos reunamos con una persona determinada (tu jefa, un cliente, tu pareja…).

También se puede utilizar la categoría «Agenda» para recordatorios de siguientes acciones que tenemos que llevar a cabo la próxima vez que nos reunamos con un grupo definido de personas (reunión mensual de departamento, reunión semanal de seguimiento de un proyecto…).

Un detalle importante es que lo normal es tener varias «Agendas» en un sistema GTD®, por lo que generalmente se habla de «Agendas» más que de «Agenda».

En mi experiencia, la mayoría de las personas suele tener entre un mínimo de 2/3 y un máximo de 14/15 «Agendas» en su sistema.

El caso es que, como puedes comprobar a continuación, el concepto «Agenda» de GTD® plantea no uno sino tres problemas en español.

Por una parte, el que ya hemos visto de su posible confusión con el concepto «Calendario».

Por otra parte, lo extraño del concepto «Agenda» en sí mismo, puesto que no deja de ser un tipo más de «Contexto», con la única diferencia de que el factor limitante en este caso es una persona en vez de ser un lugar o una herramienta. De hecho, en la traducción original de Getting Things Done® al español («Organízate con eficacia») no se menciona el concepto «Agenda» de GTD® sino que al hablar de contextos se explica que pueden ser personas, lugares o herramientas.

Por último, que en la traducción original de Getting Things Done® al español («Organízate con eficacia»), la palabra «Agenda» se utiliza únicamente para referirse al «Calendario».

Por todos los motivos anteriores, en este blog he evitado utilizar hasta ahora el concepto «Agenda» de GTD®, hablando siempre de «contextos de persona» (frente a contextos de lugar o de herramienta) o utilizando en su lugar el concepto «Contacto». Del mismo modo, he venido utilizando la «Agenda» únicamente como equivalente a «Calendario».

Resumiendo, estos son los significados correctos de los conceptos «Calendario» y «Agenda» en GTD®:

Recordatorios de siguientes acciones que tienes que hacer en un momento o fecha concretos, así como información referente a una fecha concreta ➜ «Calendario».

Recordatorios de siguientes acciones que tienes que hacer la próxima vez que hables o te reunas con una persona concreta, o con un grupo definido de personas concretas ➜ «Agenda».

Si tienes la costumbre de llamar «Agenda» al «Calendario», mi recomendación es que olvides el concepto «Agenda» de GTD® y lo sustituyas por «Contexto (de persona o grupo de personas)»

Espero que este post te haya ayudado a tener un poco más claros los conceptos de GTD® y te invito a seguir profundizando en ellos con la serie sobre Proyectos que comenzará en breve.


viernes, 30 de marzo de 2018

KPI´s en redes sociales: Cómo medir los objetivos en marketing social media [Plantillas]

Por: Carlos Carbellido Monzó

En Social Media, la medición es clave para poder determinar el éxito de nuestras acciones. En este artículo vamos a ver cuáles son los principales objetivos de una estrategia social media y qué KPI´s debemos analizar para comprobar si estamos consiguiéndolos o debemos aplicar acciones de mejora.

En social media o en cualquier otra disciplina del marketing digital (posicionamiento SEO, e-mail marketing, campañas de publicidad…) sin objetivos estaremos abocados al fracaso. Por la sencilla razón que no sabremos realmente para qué estamos invirtiendo ni qué retorno estamos obteniendo.


El social media, sin objetivos, estaremos abocados al fracaso.
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Objetivos de Marketing Social Media. ¿Cómo han de ser?

Por tanto, lo primero que debemos establecer en nuestro plan de marketing social media son los objetivos que pretendemos alcanzar en función de los recursos (tiempo, inversión económica y/o formación) que dispongamos. Estos han de ser:

  1. Concretos. Es decir, han de estar bien definidos. Nada de dispersiones. Han de responder a las 5 W. – Qué, cuándo, cómo, cuando y porqué -.
  2. Alcanzables. Han de conseguirse en un periodo concreto gracias a la estrategia que definiremos para ello.
  3. Medibles. Los objetivos, desgranados en KPI´s, a través de distintas herramientas, han de poderse media. De lo contrario, no sabremos si se están cumpliendo.
  4. Definido en el tiempo. Establecer un periodo en determinado para su consecución.
  5. Realistas. Es decir, que se puedan cumplir en función de nuestros recursos y las acciones a ejecutar.

Y para medirlos tenemos que definir los indicadores de medición (key performance indicadors) que determinarán, tras su reporter y análisis, si se están o no cumpliendo.

¿Qué son los KPI´s?

KPI es un acrónimo formado por las iniciales de los términos: Key Performance Indicator. Su traducción sería “Indicador clave de desempeño o indicadores de gestión”. Es decir, métricas que nos ayudan a identificar el rendimiento de una determinada acción.

Definición de los principales KPI´s de social media

  • Alcance. Número de personas que han visto en su pantalla la publicación de un perfil social media.
  • Conversiones. Acción de lograr un objetivo definido previamente en Google Analitycs.
  • Duración Media. Tiempo medio que está un usuario visitando una web o visualizando un vídeo.
  • Engagement. Porcentaje de interacción de los usuarios con los contenidos publicados (vídeos, links, imágenes…). En redes sociales, el hecho de lograr el compromiso con nuestra comunidad de usuarios.
  • Fan o seguidor. Usuario presente en alguna red social que sigue a una marca, empresa u otro usuario motivado por el interés que le despierta los contenidos que comparte.
  • Impresiones. Frecuencia con la que un contenido se publica.
  • Interacción. Acción que realiza un usuario como reacción al contenido que ha visualizado. Se entiende por tal los likes, comentarios, clics, veces que se comparte, visualización de storys…
  • Leads. Datos o oportunidad de contacto con un potencial cliente.
  • Mención. Acción en la que otro usuario cita o referencia a otro usuario.
  • Sesiones Web. “conjunto de acciones” que realizó “una persona” utilizando un “navegador específico” en tu web, “en un tiempo determinado.
  • Tasa de Rebote. Sesión que únicamente activa una solicitud en el servidor de Analytics, por ejemplo, cuando un usuario abre una sola página en su sitio web y, a continuación, sale.
  • Tiempo Visualización Medio. Promedio de tiempo que están los usuarios consultando un contenido.
  • Usuarios Únicos. Número de visitantes distintos se acercan a nuestra página web.
  • Ventas. Acción en la que un usuario adquiere mediante el pago del mismo, un servicio o producto en un sitio web o plataforma social.
  • Visitas Web. Número de visitas que una web ha recibido.
  • Visualizaciones. Número de veces que un contenido audiovisual es visto.

Principales objetivos de un plan social media

  1. Informar. Hacer que alguien conozca una cosa que desconoce. Este objetivo será el adecuado cuando queramos que potenciales clientes conozcan un producto o servicio que les resolverá un aspecto pero que desconocen la existencia de dicho producto o servicio. Por ejemplo, somos una empresa de reciente creación y nuestros potenciales clientes no conocen de nuestra existencia.
  2. Branding. (Visibilidad). Dar a conocer nuestra marca o servicio consiguiendo así notoriedad de marca.  Se trata de construir en la mente de nuestro PO un conocimiento espontáneo cuando necesite de nuestros productos o servicios.
  3. Tráfico Web. Captar el interés de usuarios que respondan a nuestro público objetivo y lograr atraerlos, a través de las redes sociales, a nuestro site. Este objetivo debe traducirse en objetivos web (ventas, leads, tiempo de permanencia, etc.). De lo contrario, no tendrá ningún sentido.
  4. Leads (base de datos). Generación de oportunidades de venta de servicio y productos a través de diferentes técnicas. Posteriormente será el departamento comercial de la empresa el encargado de cerrar la venta.
  5. Interacción. (Engagement). Se trata de conseguir que exista una vinculación “emocional” con nuestra comunicación. Sobre cómo lograrlo, puedes aprender más siguiendo las recomendaciones de estos expertos social media.
  6. Creación de Comunidad. Por comunidad nos referimos al grupo de personas que interactúan entre sí y se comunican con un objetivo (tema) y con una identidad común (concepto, producto o motivación) que les otorga un sentimiento de pertenencia. Pero conviene reflexionar en cuanto qué es lo realmente importante este objetivo. Lo importante no es cuantos seguidores tengamos, sino el grado de interacción de éstos con nuestros contenidos.

Lo importante no es cuantos seguidores tengamos, sino el grado de interacción de éstos con…
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kpi-socia-media

¿Qué indicadores medir en función del objetivo?


Lo que no se mide no se puede mejorar. William Thomson Kelvin
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Si quieres descargarte un excell con todos los KPI´s por objetivos, tan sólo tienes que compartirlo.

KPI´s para medir el objetivo “Informar”.

kpi-informar

KPI´s para medir el objetivo “Branding“.

kpi-branding

KPI´s para medir el objetivo “Tráfico Web”.

kpi-trafico

KPI´s para medir el objetivo “Generar Leads”.

KPI´s para medir el objetivo “Interacción”.

kpi-interaccion

KPI´s para medir el objetivo “Comunidad”.

kpi-comunidad

Si quieres descargarte un excell con todos los KPI´s por objetivos, tan sólo tienes que compartirlo. ¡Muchas gracias y confío en que te será muy útil en tus análisis semanales!

La entrada KPI´s en redes sociales: Cómo medir los objetivos en marketing social media [Plantillas] se publicó primero en .


domingo, 25 de marzo de 2018

Afrontar los problemas como retos

Por: David Torné

Aquí y ahora es donde está lo que se debe resolver de verdad. A menudo etiquetamos situaciones como problemas anticipándonos a las circunstancias. Alteramos el orden del flujo de trabajo preestablecido abriendo para acabar sintiéndonos sobrepasados.

Trabajar de forma serena y ordenada es la base para hacer progresar los asuntos y actuar de forma asertiva ante lo inesperado.

Suena muy bien sobre el papel pero ya sabes cómo los imprevistos degradan los planes preestablecidos y erosionan tu ánimo a medida que te adentras en una de esas semanas complicadas en que todo se tuerce.

¿Cómo lo puedo afrontarlo de forma eficaz? ¿Cómo puedo conseguir que mis proyectos continúen avanzando sin angustiarme?

Mis  últimas semanas han sido duras. Pensándolo fríamente no han ido tan mal pero mi percepción es bastante oscura. ¿Por qué? Quizás porque ha subido la intensidad de los retos laborales, se han mezclado con otros “retos” en lo personal y una situación ambiental difícil (No se puede abrir la TV para ver las noticias :-[ ).

Los diferentes ámbitos de mi vida se complican, los tabiques virtuales que los separan se derrumban y la basura de cada uno de los compartimentos se entremezcla. ¿Te suena esta situación?

Etiquetar cada problema con el tag “Terrible”

“Todo saldrá bien” Es lo que me dice siempre mi mama y tiene razón. Terminen como terminen las cosas, no habrá ningún muerto, ni acabarás en la cárcel. Tienes que entender que tus problemas son grises y convencionales.


Etiquetar un imprevisto como problema o como urgencia el magnifica de forma injustificada
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Es lo que hacemos todos. Un mail o una llamada de un cliente queda mentalmente clasificado, a menudo con un grado de importancia superior al que tiene en realidad, provocando que nos vuelva a la mente una y otra vez, robándonos atención y energía, creándonos desazón y malestar de forma injustificada.

La tranquilidad se obtiene definiendo y decidiendo

Captura y procesa todo lo que te llegue. Una idea, aquella llamada, ese mail .. Todo se envía a una bandeja de entrada y se aplaza la decisión sobre qué hacer.

Una o dos veces al día, con la mente fría, releerás cada elemento de tu bandeja, tomarás una decisión y definirás el siguiente paso a dar. Definir y decidir es lo que te permite descargar la angustia y te devuelve la tranquilidad.


Capturar y procesar te permite etiquetar cada asunto de forma deliberada y con la mente fría
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Si es un asunto de cierta intensidad, aquella llamada de un cliente que está mosca y te presiona, procesa inmediatamente: Si lo necesitas para unos minutos y cálmate, registra el problema,  define cuál es la próxima acción a realizar y continúa con el trabajo que ha quedado a medias.

Condiciona tu comportamiento

Cuando decides abandonar lo que estás haciendo para atender una supuesta “emergencia” te estás condicionando. Cuando vuelva a presentarse la misma situación te verás empujado a hacer lo mismo.


Tú eres quien dirige tu actividad, no los otros. Tú decides que haces y cuando lo haces
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Capturar, procesar, continua con lo que estás haciendo hasta terminar la tarea más inmediata. Crear estos hábitos, aplicarlos una y otra vez, aunque haya olvidos o lo hagas mal en ocasiones, te permite entender que se debe trabajar de dicha forma para rompe el círculo vicioso.

Rompamos un automatismo y creemos otro para actuar de forma más asertiva.

Problema, incidencia, reto

La vida me va mejor desde que abandoné la mala costumbre de etiquetar todas las situaciones complicadas como problemas. Hacerlo ayudaba a tensionarme y condicionaba de forma negativa mi respuesta.

Sólo podemos abandonar un hábito negativo sustituyéndolo por uno positivo. Para ello dejé de etiquetar como “problema” cada asunto complejo. Ahora lo veo como una “incidencia” o un “reto”.

Parece frívolo pero rebaja el tono. Para una persona como yo, sensible al estrés y la ansiedad, es una gran diferencia.

Lo complemento dejando de repetirme las posibles consecuencias negativas y centrándome con lo que estoy haciendo ahora mismo.

Cuando me toca abordar la “situación compleja” me hablo a mí mismo de afrontarlo como reto y me recuerdo todo lo positivo que me aporta solucionar este tipo de situaciones.

Trabajar en múltiples situaciones complejas

Ahora mismo mi vida es una lasaña de situaciones complicadas. Proyectos que cuesta cerrar, y asuntos a resolver en mi vida personal. Un gran número de capas superpuestas de situaciones con sustancia :-)


Cuando los problemas se superponen las preocupaciones se mezclan y el malestar se dispara
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Pensándolo en frío veo que la multitud de situaciones son problemas independientes y que se han de resolver individualmente.

Segmento la resolución. Cuando dedico atención a una situación me aíslo y no pienso en las demás. Funciona porque tengo la certeza de que cada una dispondrá de su momento para ser atendida.

Funciona porque tengo confianza en mi sistema, en la forma como actúo. Una confianza que sólo se crea actuando ante la misma situación de la misma manera.

De ahí el hincapié para aplicar los hábitos una y otra vez. Cuando sabes que algo te da resultados todo es más fácil.

 ¿Cómo lo hago? Trabajando por contextos y decidiendo en qué momento trabajaré en un contexto que contiene una actividad especialmente dura ( “Ex: Mañana por la tarde solucionaré el problema con el seguro”).

¿Cómo trabajar por contextos?

Hasta aquí esta mini-serie de dos post sobre cómo gestionar las situaciones conflictivas. Cómo actuar y acondicionarse para alejarnos de un estrés y una angustia que nosotros mismos creamos.

Esto es eficacia personal. Desarrollar recursos para solucionar tus problemas.

Los lectores interesados en Getting Things Done (GTD) os habréis dado cuenta de la utilidad de elementos del sistema en situaciones “reales” (contextos o hábitos como procesar).

Photo by Jisu Han on Unsplash


viernes, 23 de marzo de 2018

El locus de control y tu efectividad

Por: José Miguel Bolívar

El locus de control es un término utilizado en psicología para referirse a la percepción que tiene una persona sobre dónde se localizan las causas de lo que sucede en su vida cotidiana. Es un rasgo de personalidad significativo y un indicador del potencial de mejora que tiene una persona a la hora de desarrollar su efectividad personal.

Un factor muy importante a tener en cuenta es que estamos hablando siempre de percepciones subjetivas, no de realidades, es decir, el locus de control mide únicamente creencias. Hay personas que tienden a creer que sus éxitos o fracasos dependen mayoritariamente de factores internos, como por ejemplo su esfuerzo personal o su propia valía, inteligencia y habilidades. Por el contrario, otras personas tienden a creer que sus éxitos o fracasos dependen sobre todo de factores externos, como pueden ser la elevada dificultad de la tarea, la acción de otras personas, la suerte o el azar.

Lógicamente, la actitud de una persona ante una determinada situación variará considerablemente en función de si su locus de control es interno o externo, y lo mismo ocurrirá con su comportamiento.

El locus de control no es estrictamente binario, es decir, que normalmente las personas no se encuentran en uno de los dos extremos para todos los aspectos de su vida, sino que pueden estar en diversas posiciones intermedias, que además pueden variar de una faceta vital a otra.

Los dos extremos de locus de control son los siguientes:

  • Locus de control interno (LCI): percepción de que los eventos ocurren principalmente como efecto de las propias acciones, es decir, la percepción de que es la persona quien controla su vida. Las personas con locus de control interno valoran positivamente el esfuerzo, la habilidad y responsabilidad personales.
  • Locus de control externo (LCE): percepción de que los eventos ocurren como resultado del azar, el destino, la suerte, el poder o las decisiones de otras personas. La percepción de estas personas es que lo que les ocurre es en gran medida ajeno a sus acciones, es decir, tienen la percepción de que no pueden influenciar lo que les sucede por medio de su esfuerzo y dedicación propia. En general, estas personas se caracterizan por atribuir méritos y responsabilidades a otras personas.

Como ya puso de manifiesto Walter Mischel en sus estudios sobre el impacto del autocontrol en la efectividad, las personas con LCI tienen mucho más fácil mejorar su efectividad, ya que entienden la relación entre las acciones que realizan y los resultados que consiguen.

Esta capacidad para establecer relaciones causa-efecto produce un potente efecto motivador, muy necesario para compensar el esfuerzo que sin duda conlleva todo proceso de cambio, como es el caso de la mejora de la efectividad.

Cuando una persona cree en su capacidad para cambiar las cosas actuando sobre sí misma y sobre su entorno, la motivación para superar los inevitables obstáculos es mucho mayor que cuando cree que las cosas ocurren por factores externos y que su capacidad real de influencia es limitada.

No se trata de ignorar una realidad que no nos gusta, sino todo lo contrario. Se trata de aceptar que hay parte de esa realidad que escapa a nuestro control y ser conscientes de que hay otra parte de esa realidad que sí podemos influenciar, y hacerlo.

Stephen Covey ya observó este efecto psicológico y lo reflejó de algún modo en su modelo de círculos, en el que diferencia entre el círculo de preocupación y el círculo de influencia.

Lo que nos explicaba Covey es que el principal factor de éxito para la efectividad es la proactividad y que dicha proactividad es muy superior en las personas que entienden que su círculo de influencia es comparativamente mayor.

Obviamente, las personas con LCI consideran que su zona de influencia es amplia, es decir, que hay muchas cosas que está en su mano cambiar. Por el contrario, las personas con LCE creen que su zona de influencia es pequeña, ya que la mayor parte de las cosas no depende de ellas, es decir, cae en su zona de preocupación.

En mi experiencia como formador y consultor en efectividad personal, el locus de control es – probablemente – el mejor elemento predictivo con el que contamos para evaluar con qué mayor o menor probabilidad una persona va a conseguir mejorar su efectividad personal de manera significativa.

Para mí, resulta a día de hoy bastante sencillo identificar dónde está situado el locus de control de una persona. Me basta con escucharla hablar un rato sobre qué puede hacer para cambiar una situación que actualmente no le gusta.

Una persona con LCI habla mayoritariamente de posibles soluciones consistentes en cosas que podría hacer, o dejar de hacer, ella misma. Sin embargo, una persona con LCE habla principalmente de causas ajenas a ella que explican o justifican por qué la situación es como es y ella no la puede cambiar.

El maestro Francisco Alcaide también sabe muy bien la importancia y los efectos de tener un LCI o un LCE, y lo resume en una genial frase: «Los ganadores buscan soluciones; los perdedores buscan excusas», entendiendo por «ganar» y «perder» alcanzar los resultados deseados.

Si esta frase fuera de Covey, diría probablemente: «Las personas proactivas se centran en su zona de influencia; las personas reactivas se centran en su zona de preocupación».

Finalmente, desde el punto de vista de la efectividad, ambas frases nos vienen a decir lo mismo: «Las personas con locus de control interno se centran en qué pueden hacer para alcanzar los resultados que desean; las personas con locus de control externo se centran en qué causas externas les impiden conseguir los resultados que desean».

Por eso, a partir de ahora, si realmente quieres mejorar tu efectividad personal, deja de buscar excusas de por qué las cosas son como no te gusta y céntrate en qué está en tu mano hacer distinto para que la realidad se acerque más a lo que a ti te gusta.


lunes, 19 de marzo de 2018

¿Cómo puedo alcanzar un nivel bastante alto de productividad en mi empresa en 3 o 4 meses?

Por: Iago Fraga
Si quieres saltarte mis explicaciones y verte directamente el vídeo en el que respondo al problema del título puedes verlo aquí: Pincha aquí para ir a ver el vídeo Aunque si eres de los que necesitan contexto como yo, déjame que te cuente un poquito más antes de echarle un vistazo. Ya arrancó el lanzamiento […]

Calendario editorial para dummies: todo lo que necesitas saber para organizar tus posts

Por: Franck Scipion
calendario editorial

Llega el día de escribir tu post como haces todas las semanas. Te sientas delante del ordenador y lo primero que te viene a la cabeza es:

Bueno, ¿qué escribo hoy?

Te pones a pensar un poco, pero no se te ocurren apenas ideas. Después de un rato consigues una buena. O eso parecía al principio, ya que cuando le das un par de vueltas no te termina de gustar.

Pero es la que se te ha ocurrido y, como no tienes otra, tendrás que escribirla. Siempre será mejor escribir algo que nada.

Pues no. Es un gran error. ¿Por qué?

  1. Porque no tienes estructurado de qué vas a hablar: ¿en qué orden lo harás? ¿Qué apartados tendrá el artículo? ¿Sobre qué hablará?
  2. Porque no sigues una línea editorial estable: ¿por qué lo escribes hoy y no en un mes? ¿Qué objetivo tiene este artículo dentro de tu blog? ¿Está conectado con algún lanzamiento?

No entres en pánico todavía. Este problema lo hemos tenido todos los bloggers del mundo. Y tiene una solución sencilla (y gratuita): crear un calendario editorial.

Al igual que un plan de marketing, es una herramienta muy sencilla de planificación que te ayuda a concentrar tus esfuerzos hacia los objetivos que te has planteado.

Veamos por qué es importante hacerlo y, sobre todo, varias alternativas para que puedas crearlo por ti mismo.

6 razones por las que debes crear un calendario editorial lo antes posible

  1. Tienes una referencia 360 grados: aprendes a tener una vista completa de todo el negocio. No ves el blog como algo aislado que debes “alimentar”, sino como algo que va en conjunto con el resto de tus acciones.
  2. Te da una vista panorámica para saber en qué momento actuar: la idea es no procrastinar, porque si no tu proyecto no avanza. Con este calendario editorial tienes una forma de ser más productivo en las cosas que importan.
  3. Eliges el momento adecuado: si quieres conseguir más visibilidad para que te lleguen nuevos lectores cada día necesitas tener claro lo que vas a hacer. El plan editorial te ayuda a saber el contenido que puedes publicar en cada momento para tener más visitas. No dejas nada al azar.
  4. Tienes una rutina editorial: te acostumbrarás a escribir y evitarás que en algunas semanas no haya posts en tu blog o que se te escapen otros que deberías haber escrito. También sabrás lo que has escrito y lo que te queda por escribir. Te ayuda a ser más consistente en tu contenido.
  5. Tus lectores te lo agradecerán: ellos van a disfrutar de los mejores contenidos. Y sobre todo podrás abordar distintas temáticas que interesan a tu lector justo cuando les conviene leer sobre esa temática. Si todo el blog está coordinado, ellos lo notarán y aprenderán de forma constante contigo.
  6. Es ideal para coordinar a tus colaboradores: si empiezas a tener más personas dentro de tu proyecto, el calendario editorial se vuelve algo obligatorio. Es una herramienta que te ayudará a que haya mejor comunicación dentro del equipo, tengas un equipo de freelances o de autores invitados. Para ambos casos les puedes dejar trabajar en tu plataforma para planificar fechas.

El plan editorial ayuda a saber el contenido a publicar en cada momento para tener más visitas
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En definitiva, el objetivo que hay tras este tipo de documentos es ofrecer los mejores contenidos. Ayuda a planificar temáticas que tengas sin ningún sentido. Y a crear información no caduca, importante y con alma para llevar a tus lectores en un viaje contigo.

Ya no volverás a compartir en tu blog lo primero que encuentres. Ahora vas a preparar un plan de contenidos acorde a tus objetivos.

Cómo hacer un calendario editorial

El calendario editorial puedes hacerlo casi con cualquier medio. Desde un papel en blanco hasta la aplicación más avanzada pueden servir. Siempre que te dé una visión completa de lo que has hecho y de lo que te queda por hacer en un periodo de tiempo concreto será útil.

Y siempre a partir de una estrategia global para tu negocio que hayas definido anteriormente. No lo hacemos por amor a la escritura. Aunque está claro que para tener un blog no debes tener ninguna alergia a escribir. Si la tienes, tienes un problema.

¿Qué opciones tienes para crear tu calendario editorial? Te dejaré aquí algunas de las más comunes.

#1 Excel

Existen decenas de plantillas de calendarios editoriales para Excel. Y no hay tantas para Word porque en Excel es más simple ordenar categorías, objetivos, etc con tablas dinámicas.

Con una plantilla simple con la fecha, título, URL, categoría, keywords, meta description y objetivo sería más que suficiente. Ahora solo tendrías que hacer el paso más complicado: rellenarla con artículos.

He creado una plantilla de calendario editorial simple para que puedas usarla, por si no estás muy familiarizado con Excel. Puedes descargarla aquí.

Modifica la plantilla como quieras y siéntete libre de mejorarla. Solo es una guía para comenzar. Aprovéchala y personalízala a tu gusto.

Recuerda que, además de esta plantilla, necesitas poner (en el mismo Excel o en otro documento) los objetivos globales del blog, apuntar las posibles ideas para artículos, etc.

#2 Trello

Trello es una aplicación de productividad muy conocida para organizar tareas, eventos, proyectos, etc. Y, por supuesto, para crear calendarios editoriales, tengas o no que coordinar un equipo de redactores.

Aquí la forma de organizarte debe de ser la que más te guste a ti, ni más ni menos. Hay tantas posibilidades que al principio hasta tardarás en decidirte por una.

Desde Trello recomiendan la siguiente estructura para crear un calendario editorial:

trello_calendario_editorial

Las categorías son las siguientes (no se ven todas en la imagen):

  1. Ideas de artículos: todas las ideas que están en tu mente y a las que puedes ir dando forma a través de notas, adjuntos, imágenes, etc.
  2. Investigando: fuentes de información, gráficos, estudios, infografías, posts a los que enlazar y datos que deben de estar en el artículo.
  3. En espera: artículos que deben ser escritos en un futuro próximo.
  4. Escribiendo: artículos que estás escribiendo ahora mismo.
  5. Edición y diseño: posts que deben ser editados y que todavía tienen pendiente la parte gráfica (imágenes, infografías, vídeos, …).
  6. Programación: artículos terminados a la espera de ser programados en el calendario. Este paso es prescindible si tienes preparadas las fechas de antemano.
  7. Promoción: posts que necesitan tweets, actualizaciones de Facebook o LinkedIn, … para darles difusión cuando sean lanzados.
  8. Listo para publicar: artículos terminados a falta de que llegue su día de publicación.
  9. Publicado: artículos publicados y ordenados cronológicamente.

Puedes ver este calendario funcionando en tiempo real, siempre y cuando tengas cuenta en Trello, aquí.

Verás que lo bueno de Trello es poder usar etiquetas (colores) para categorías, poner plazos, conectar la herramienta con otras (Evernote, Toggl, Slack, …), subir imágenes, hacer checklists y verlo todo desde el PC, tablet o móvil. Se puede hacer casi de todo.

Échale un vistazo y pruébalo. Y si no te gusta la estructura propuesta, haz la tuya propia. Mientras te funcione a ti, siempre será la adecuada.

#3 Papel y bolígrafo

El 3º método es el más tradicional y no por ello el peor. Si prefieres tener un calendario, un cuaderno o una agenda física y eres muy 1.0 en este aspecto, adelante. No hay problema.

Como he comentado en las otras opciones, lo importante es que tú te sientas cómodo con el sistema que elijas. Y, sobre todo, que sea útil. Que te ayude a organizar tu mes, trimestre o año editorial.

Hay muchos emprendedores 2.0 que siguen usando pizarras, calendarios colgados en la pared y agendas que recuerdan a las que usábamos en el instituto. Y les va muy bien. ¿Por qué no podría irte bien a ti?

Organízate de una vez

Elige cualquiera de los tres métodos y organiza tu línea editorial de una vez. Si lo haces eliminarás la pregunta con la que comencé el artículo (“¿qué escribo hoy?”) y conseguirás alinear tu blog y tu negocio de una vez por todas.

Si no lo haces, puede que mañana no sepas qué escribir. Y puede que acabes por no escribir nada ese día. E incluso por dejar de escribir para siempre en el blog. Y no quieres que eso ocurra, ¿verdad?

Crea tu calendario editorial hoy. Y si conoces alguna otra opción más allá de Excel, Trello y el papel y bolígrafo, compártela conmigo en los comentarios. 😉 

La entrada Calendario editorial para dummies: todo lo que necesitas saber para organizar tus posts se publicó primero en LifeStyle Al Cuadrado.