domingo, 6 de octubre de 2019

¿Porque me cuesta tanto llevar a la práctica lo que aprendo sobre eficacia personal?

Por: David Torné

¿Porque me cuesta tanto llevar a la práctica lo que aprendo sobre eficacia personal?

Qué fácil es hablar de eficacia personal y qué difícil es llevarlo a la práctica.

Cualquier persona tiene en su mano aprender sobre cambiar hábitos, implementar un sistema de productividad o cualquier técnica que mejore su productividad personal. Son conceptos sencillos de comprender y fáciles de aplicar. Sólo dependen de ti.

El problema viene al pasar de la teoría a la práctica. Aparecen fricciones, inconvenientes que te vas encontrando cuando aplicas cualquier técnica o mejora por pequeña que sea.  Dificultades «casuales» que si no sabemos cómo afrontarlo nos acabaremos quemando y nos empujarán al abandono.

Tus lecturas sobre mejorar la eficacia personal no te han puesto sobre aviso de este tipo de situaciones.

Después de mi post hablando de que hay que saber antes de empezar a mejorar tu eficacia personal, sigo con unas líneas sobre qué hacer para no naufragar al pasar a la acción.

El cambio genera fricciones y malestar

El cambio genera resistencia. Lo entendemos, las nuevas formas de «hacer» crearán aquellas incomodidades propias de salirse de la rutina,  de dejar de actuar en modo automático propio de los comportamientos ya interiorizados.

Lo que se nos escapa es como un sólo cambio implica modificar un conjunto de pequeños detalles, de pequeños cambios en paralelo que complican la situación. Aumentando las situaciones generadoras de fricción o creadoras de una sensación de malestar.

«El cambio que me he propuesto hacer es demasiado duro, me resulta demasiado exigente»

Los entusiastas que intentan poner en marcha el sistema Getting Things Done (GTD) después de leer el libro «Organizate con eficacia» se estrellan contra una pared. Son demasiados cambios a la vez. Lo más normal es que no se pueda asimilar y se acabe abandonado.

«Dedico demasiado tiempo y energía a hacer las nuevas actividades que me he propuesto. Me empiezo a cuestionar si vale la pena»

Cuando empezaba a trabajar con GTD, al final de cada día procesaba mis bandejas de entrada. Había tal cantidad de asuntos e intentaba hacerlo de forma tan fiel a las pautas del sistema, que era agotador.  Mermaba seriamente mi motivación.

David Allen no hablado de esto en su libro.

«Me cuesta utilizar la herramienta que he elegido para llevar a cabo esta nueva actividad»

Tenemos una aterradora tendencia de acompañar un cambio en el «hacer» con el uso de una nueva herramienta o un nuevo gadget. Sumando la dificultad de hacer algo diferente a la de usar una herramienta que no dominas.

Cuando implantas el hábito de capturar, lo más sencillo es anotar en una libreta pero la gente insiste en hacerlo con su smartphone. Abrir el dispositivo, acceder a la app, anotar con ese teclado o con un sistema de reconocimiento de la escritura manuscrita.

¿No crees que es complicarse la vida en exceso?

«Siento incomodidad»

Incomodidad. Tienes una forma arraigada de hacer las cosas, la cambias y hay una resistencia. Lo natural es hacer las cosas como las haces siempre, el resto es huir de la conveniencia.

Incomodidad social. Estás en tu oficina, tienes que capturar una idea, abres tu smartphone y lo registras. Si lo haces de forma continuada, es posible que tus compañeros te observen. Para algunas personas esto es un factor de desgaste.

«No consigo continuidad. Aplico el nuevo habito pero a veces se me olvida o no puedo. Empiezo a pensar que no soy capaz de hacerlo»

Continuando con el ejemplo de capturar. Es posible que te relajes y pienses que ya lo anotarás cuando acabes lo que estás haciendo, o que no vale la pena anotar un detalle por insignificante.

«La omisión fundamenta olvidos, descuidos y todo esto genera frustración»

Esto sólo es un breve resumen de los inconvenientes. Todos siguen un mismo circuito: Del entusiasmo por un nuevo cambio se pasa a ser consciente de una cierta fricción, de esa fricción se  pasa a un malestar y de ahí a la frustración y a buscar una escusa convincente para abandonar.

Mejorar la efectividad personal es cuestión de empeño y técnica

Los cambios profundos nunca son cosa de 4 días. Olvídate de los 21 días para cambiar un hábito o de las promesas para implementar tu sistema GTD en un fin de semana, o en un mes.

«Mejorar tu eficacia personal de forma sustancial requerirá tiempo»

Nada de decepción. El gran secreto para obtener una mejora sustancial de tu eficacia personal es conseguir persistir. La cuestión es ¿Cómo hacerlo sin pasar un mal trago?

  • Entiende que todo cambio genera algún tipo de malestar.
  • Implementa un único cambio a la vez. Varios cambios al mismo tiempo te cargan en exceso y multiplican la insatisfacción.
  • Implementa el cambio más pequeño posible. Un cambio en tu rutina puede implicar modificar múltiples hábitos. Elige por cual empezar. Si eres novato no seas demasiado ambicioso. Por ejemplo: Si quiero capturar, lo primero que haré se acostumbrarme a llevar mi libreta y un bolígrafo siempre conmigo.
  • Ponte las cosas fáciles. Si quieres salir a caminar cada día llévate las zapatillas deportivas al trabajo al terminar la jornada vuelve a pie a casa. Si quieres capturar, la libreta y el boli siempre sobre la mesa, a la vista, con la página en blanco listo para anotar.
  • No te castigues. Necesitas cierto grado de autoindulgencia, no castigarte. Identifica que ha fallado y piensa en que has hecho bien.
  • Si fallas replantea la situación. Plantea el cambio en la misma línea pero a menor escala. Si lo de llevar siempre contigo libreta y boli no ha cuajado, siempre puedes dejártelo en casa o en la oficina si sales, plantéate llevar siempre un pequeño lápiz i un trozo de papel en el pantalón.

Es digno de alguien con trastorno obsesivo-compulsivo, pero recuerda, lo importante es implementar el cambio.

  • Un gran cambio sólo es la suma de un conjunto de pequeñas victorias. Los pequeños se encadenan y la mejora total es mayor que el efecto de su suma.
  • Para persistir hay que disfrutar. ¿Cómo? Placer sensorial. Captura todo en una libreta, anotando con un pilot G2, un boli con el que apetece escribir. Retroalimentación: al final del día da un repaso a todo lo que tienes escrito, te aliviará las preocupaciones. Recompensa: Si implantas el hábito con éxito date permiso para una buena cerveza (¿de importación?) o una pieza de chocolate.

Es cuestión de picar piedra. Hay que entender que hay inconvenientes de los que nadie te habla. No se trata de un dolor traumático, es más bien como un picor intenso y prolongado. Lo más fácil sería dejarlo pero si no persistes no ganas.

Piensa en grande, actúa en pequeño (tan pequeño como puedas), acomoda el cambio y sube un escalón más.

Que tengas suerte y no te olvides de disfrutar

Photo by Sandeep Singh on Unsplash


viernes, 4 de octubre de 2019

Promover GTD®: convicción, coherencia y responsabilidad social

Por: José Miguel Bolívar

En un comentario a mi crónica del GTD Summit en Amsterdam, Pedro, un lector del blog, compartía su punto de vista crítico sobre varios aspectos relacionados con GTD®.

En mi respuesta inicial, le prometí algo más elaborado a la vuelta de mi pausa veraniega, entre otras razones, porque me consta que lo que él plantea lo piensan, igual o muy parecido, otras personas.

Y aquí estoy para cumplir mi promesa, consciente de la dificultad del reto, ya que esto daría más para una buena conversación con un café que para un post.

El primer problema al que nos enfrentamos al hablar de GTD® es que la mayoría de las personas, tanto las que creen usarlo como las que simplemente han oído o leído algo sobre el tema, solo conoce una mínima parte del método, normalmente la de control, que es la más operativa y por ello la más popular.

A pesar de desconocer por completo dos tercios de la metodología, todo el mundo opina sobre GTD® como si de verdad supiera de qué está opinando. Es muy fácil criticar lo que se desconoce.

Lo cierto es que GTD® te cambia la vida. Da exactamente igual si el resto del mundo lo cree o no. Los hechos permanecen inalterables ante las opiniones.

Ahora bien, GTD® te cambia la vida solo si lo aplicas, es decir, si evitas versionarlo. Hay muchas personas, muchísimas, convencidas de usar GTD® y que en realidad están usando algo muy distinto, por parecido que a ellas les parezca. Está claro que es imposible que estas personas puedan obtener las ventajas que proporciona GTD®.

Por otra parte, se suele hablar de GTD® como de una única cosa, pero GTD® integra y combina diversos elementos muy distintos.

Hay partes de GTD®, como  por ejemplo la que tiene que ver con los principios productivos universales, que son únicas e inmutables, al menos en la medida en que la naturaleza humana siga siendo la que es.

Otros elementos, como por ejemplo los que tienen que ver con las mejores prácticas o con la pedagogía, ni son únicos ni son inmutables.

Las mejores prácticas concretas que plantea GTD®, una de las cuáles es por ejemplo el uso de «contextos», o la forma en que se plantea o explica muchos conceptos de la metodología, como por ejemplo el concepto de «proyecto», son claramente susceptibles de mejora.

Yo mismo soy muy crítico tanto con las primeras como con las segundas, y en ambos casos he propuesto incluso otras alternativas que considero más adecuadas.

Sin embargo, todo esto es irrelevante para el debate. Que la forma concreta de aplicar un mismo principio productivo cambie a lo largo del tiempo, lejos de invalidar el principio, reafirma su validez.

Como decía el maestro Stephen Covey, «los principios no cambian; la comprensión que tenemos de ellos, sí».

Asimismo, aplicar GTD® cuesta porque ninguna persona nace siendo efectiva y por tanto, como bien explica Peter Drucker, tiene que aprender a serlo.

Interiorizar GTD® es un proceso de cambio, y el cambio ni es inmediato, ni es espontáneo, si es sencillo.

Pero el éxito o el fracaso en un proceso de cambio es siempre de la persona, nunca del método. Que haya gente que no sabe tocar el piano no es culpa del método para aprender a tocar el piano, porque hay otra gente que sí sabe tocarlo y ha aprendido precisamente gracias a ese método.

Pedro plantea como ejemplo de que a lo mejor GTD® ya no es válido el que – según él – nadie aprovecha que tiene un martillo en la mano para hacer todo lo que se puede hacer con él. Bueno, yo sí lo hago, y conozco a más personas que también lo hacen. Eso sí, lo hacemos porque hemos aprendido e interiorizado que es la forma más efectiva de usar un martillo.

El hecho de que todo el mundo haga las cosas de una manera determinada para nada demuestra que esa manera sea la más correcta, ni siquiera mejor que otras, y como ejemplo tenemos la forma mayoritaria de tratar el planeta…

Para evaluar las bondades o maldades de algo, hay que limitarse a analizar lo más objetivamente posible ese algo, dejando al margen su mayor o menor popularidad.

Antes de llegar a GTD®, he probado múltiples enfoques a la hora de organizarme. He leído, y sigo leyendo, mucho sobre rendimiento humano, en todos los aspectos. La inmensa mayoría de esas propuestas carecen del menor fundamento.

De todo lo que conozco y he probado, lo único que a día de hoy me parece solvente, validado científicamente y, lo más importante, que funciona de verdad, es GTD®.

Yo promuevo GTD® por convicción. Estoy convencido, como comentaba mi hija Marta en su crónica de las últimas Jornadas, de que «mucha de la infelicidad que vivimos a diario, viene del caos que es nuestra vida».

A mí, como a otros muchos miles de personas, GTD® me ha cambiado la vida, así que me resulta fácil hablar de lo que he experimentado personalmente que funciona.

Asimismo, promuevo GTD® por coherencia.  Creo que las organizaciones tienen un largo camino por recorrer tanto en su competitividad como en la felicidad de las personas que en ellas trabajan.

Como también decía Marta en su crónica, «en OPTIMA LAB nos mueve algo dentro que hace que queramos ayudar a la gente, y tod@s creemos que a través de GTD® se puede».

El principal motivo por el que me dedico profesionalmente a la efectividad, personal y organizativa, y a GTD® en concreto, en lugar de dedicarme a cualquier otra cosa, es por coherencia con mi visión: «organizaciones más competitivas con personas más felices».

Y, por último, promuevo GTD® por responsabilidad social.

Como nos dicen muchísimas personas al terminar nuestras formaciones, «me voy con ilusión porque he visto que hay luz al final del túnel». Por fortuna, sé que esa luz existe y conozco una forma de acercarla a personas que viven sin ilusión, convencidas de que la única opción es resignarse.

Me da igual si la opción es perfecta, o si es única o no. Lo único que me importa es que, si tú quieres y pones de tu parte, GTD® funciona y te puede ayudar muy significativamente a disfrutar de una vida mejor.

Tengo nulo interés en convencer a nadie de las múltiples ventajas de la efectividad personal en general y de GTD® en particular. Mi único interés es divulgar la metodología, darla a conocer, que la gente sepa que existe y que es una opción real.

A partir de ahí, la decisión de probarla o ignorarla, de aplicarla bien o de aplicarla mal, de insistir o de abandonar al primer tropiezo, es una decisión personal.

Si hay algo que detesto es cualquier tipo de fanatismo, y si en algún momento tuviera la menor sospecha de que GTD® no funciona, dejaría de inmediato de promoverlo, sin el menor reparo.

Pero, hasta que eso no ocurra, seguiré promoviendo GTD®. Lo haré por convicción y por coherencia, pero, sobre todo, lo haré por responsabilidad social.


miércoles, 2 de octubre de 2019

«No me gusta mi trabajo, pero no hago nada para cambiarlo»

Por: Ana González Duque
No me gusta mi trabajo pero no hago nada para cambiarlo

¿Te suena? No te gusta tu trabajo pero no sabes qué hacer con tu vida. Y tampoco sabes cómo salir de esa situación insoportable. Y es que el trabajo no es solamente algo que te paga las facturas. Pasamos demasiado tiempo en él al día como para permanecer en un entorno laboral que no nos gusta o incluso que no soportamos.

¿Tu carga de trabajo es demasiada?¿Se te acumulan las cosas por hacer?¿Llegas tarde siempre a casa y nunca tienes tiempo para ti? ¿Te sientes decaído de camino al trabajo? ¿Piensas que nadie valora el trabajo que haces?

Si has contestado que sí en al menos dos de las preguntas anteriores, este artículo es para ti.

La mayoría de nosotros trabaja un mínimo de 40 horas semanales (unas 8 horas diarias). Al menos en teoría, porque muchos hacemos más horas. Otros muchos unen dos trabajos para poder llegar a fin de mes porque los sueldos son bajos. De manera que el domingo por la noche es como si entraran en el purgatorio.

Sé exactamente cómo te sientes porque yo también estuve ahí, pero la vida es muy, muy corta como para odiar a nadie o a algo.

Como dice Tony Robbins, «la mayor parte de la gente sobreestima lo que puede conseguir en un año, pero subestima lo que puede llegar a tener en una década». Así que solo se trata de mirar a largo plazo y empezar a trazar una hoja de ruta.

«No soy feliz en mi trabajo». ¿Por qué te pasa eso?

Identifiquemos cuál es el problema en tu caso.

Puede que haya aspectos de tu trabajo que te gusten, pero que tengas algo en concreto que te hace la vida imposible. Debes averigüar cuál es el motivo por el que te sientes tan infeliz, la razón por la que no te gusta tu trabajo.

Porque si quieres resultados distintos, tendrás que cambiar algo.

Frase de Tony Robbins sobre el cambio al emprender

Si es tu actitud en el trabajo, es eso lo que hay que trabajar.

Si tu trabajo no te interesa, pero sí otras cosas, tal vez es hora de poner las cartas sobre la mesa y plantearte cómo conseguir cambiar de vida. Cómo hacer una profesión de una pasión o un hobby, pasar de ocio a negocio.

En resumen, hay varios motivos por los que puede no gustarte tu trabajo y, según el tuyo, habrá una solución u otra.


Burnout laboral: «Me siento un esclavo de un trabajo que me agota».


No llegas a nada, te faltan 24 horas más en el día, nunca haces lo que tienes previsto porque siempre salen miles de cosas urgentes… Al final del día estás agotado y te da la sensación de haber sido muy poco productivo. Acabas odiando el sentirte tan cansado siempre, aunque el trabajo te guste. Y desarrollas ansiedad por el estrés que soportas y, a la larga, depresión.

Tienes lo que se llama un burnout laboral (o síndrome del quemado laboral).

Te has quemado a lo bonzo en un trabajo que antes te encantaba. Es muy frecuente en los sanitarios, por ejemplo, por el alto nivel de estrés, la carga asistencial excesiva, las malas relaciones en el trabajo o la ausencia de apoyo o medios en muchas cosas.


Síndrome del boreaut: «me aburro como una ostra en mi trabajo».


En el extremo opuesto tenemos el boreout: te aburres muchísimo en tu puesto de trabajo porque no te dejan hacer nada más que cosas sencillas.

Muy típico en gente que empieza en un trabajo y a la que no le van pasando responsabilidades de forma gradual porque la idea es que no se quede en él. Por ejemplo, los becarios.

Pero también puede ocurrir por limitaciones por parte de los superiores o porque las tareas son muy monótonas y siempre las mismas.

Sientes que vales para algo más y que llevas muchísimo tiempo haciendo algo que no te gusta.

Mal ambiente laboral: cuando lo tóxico son los demás.

Cuando no te llevas bien con tus compañeros, es un verdadero problema porque son las personas con las que más horas vas a pasar cada día.

Muchísimos conflictos laborales se deben a la convivencia y a la mala gestión de las relaciones por parte de los trabajadores y de la empresa. Un ambiente tóxico se distingue por actitudes agresivas, por tratos despectivos y críticas no constructivas y por acciones basadas en la competitividad.

Recuerdo despertarme los días que iba a trabajar pensando «No quiero ir. No quiero volver a encontrarme metida en un ambiente que me agota psíquicamente». El resultado es que entraba a trabajar desmotivada, frustrada y cansada desde el principio de la mañana por una atmósfera de trabajo irrespirable.

Un mobbing laboral puede ser también motivo de estrés, ansiedad y depresión.

Dentro del ambiente de trabajo es importantísima la figura del jefe. No todo el mundo sirve para ser jefe. Un jefe que no valora al trabajador, que le pone trabas a sus iniciativas siempre, que se excede en su cargo o que no es justo en el trato y favorece a unos antes que a otros, es un mal jefe.

Tiene además el agravante de que no puedes contar con tu jefe como apoyo para resolver ningún problema.

¿Por qué cambiar de trabajo puede que sea la mejor solución?

Considera las alternativas de todas formas antes de decir «Ciao, me largo». ¿Hay algo que podrías estar haciendo de forma diferente para ser más feliz en el trabajo? Si tu respuesta es «he hecho todo lo que he podido y aún así sigo sintiéndome infeliz», es hora de pensar en cambios grandes.

Es verdad que algunos profesionales han logrado empezar su negocio online mientras mantienen su trabajo nutricional de ocho horas, pero esto es una estrategia a corto plazo. Si haces esto durante un tiempo, tendrás que lidiar con muchas horas de trabajo y eso pasa factura tanto al cuerpo como a tus relaciones.

También tenemos el otro lado de la balanza: gente que se obsesiona con una idea y abandona su trabajo nutricional sin validarla solo para darse cuenta de que esa idea no era tan potente ni estructurada como pensaba y pegarse un enorme batacazo.

Por eso, antes de liarte la manta a la cabeza repasa estos tres puntos:

Tu idea es viable

Antes de montar cualquier negocio, hay que hacer un pequeño estudio de mercado y asegurarte de tener una hoja de ruta trazada. Te ayudo con ambas cosas es este ebook.

Nichos de mercado probados para nómadas digitales

Tienes un colchón financiero

Sin trabajo nutricional, tu principal fuente de ingresos desaparece. Así que es bueno que tanto tus finanzas estén en buen estado, como que tengas un pequeño colchón de ahorros. Determina hasta cuando te va a durar ese colchón porque ese es el tiempo que tienes para que tu proyecto sea rentable de forma holgada.

Ten en cuenta que, incluso con una idea de negocio viable, pueden pasar meses hasta que tengas ingresos consistentes.

La importancia del apoyo

Dejar tu trabajo es una decisión tuya, lo mismo que emprender o ser nómada digital. Pero antes de cerrar la puerta, ten presente la importancia de tener un mentor que te acorte los procesos. Invertir en formación es el mejor activo que puedes tener al principio de tu negocio porque te permitirá ir más rápido y evitar errores.

Si no estás dispuesto a invertir en un negocio, no intentes nunca montar uno.

Además, habla con tu entorno. Es muy complicado ser emprendedor sin que tu entorno lo entienda. Habla con tu pareja, con tu familia, con tus amigos… Es posible que te señalen problemas con los que no habías contado. Y es siempre importante contar con su apoyo cuando vienen curvas.

¿Cuál es el siguiente paso?

El siguiente paso, una vez has validado tu idea de negocio es encontrar clientes. Para ayudarte hemos diseñado este training gratuito.

¿Te vienes?

La entrada «No me gusta mi trabajo, pero no hago nada para cambiarlo» se publicó primero en LifeStyle Al Cuadrado.


viernes, 27 de septiembre de 2019

Efectividad: Aprender a pensar para no pensar

Por: José Miguel Bolívar

Si lees este blog habitualmente, es muy probable que, a estas alturas, sepas de sobra por qué tienes que aprender a pensar.

Ese Sistema 1 tan útil para muchas cosas, sobre todo para sobrevivir, es francamente malo para algunas otras, como por ejemplo el «trabajo del conocimiento».

Por «culpa» del Sistema 1 pensamos poco, pero, sobre todo, pensamos mal.

A medio y largo plazo, esta mala costumbre da lugar a que, al final, tengamos que pensar más de lo necesario para subsanar los errores derivados de no pensar bien y a tiempo. Esto, evidentemente, es muy poco eficiente.

La clave es aprender a pensar. Pensar normalmente poco, lo imprescindible, pero eso sí, pensar a tiempo y pensar bien.

El hecho de pensar conlleva un esfuerzo y un consumo de energía importantes. Además, pensar de manera habitual y sostenida es algo para lo que estamos mal preparados desde el punto de vista evolutivo.

La evolución nos ha preparado muy bien para sentir y hacer, porque era lo que nos hacía falta. Pensar era secundario para sobrevivir.

Por eso es fácil observar como, en los comportamientos humanos en general, hay un exceso de emoción y/o de acción, a la vez que defecto de reflexión.

Un comportamiento puede ser reflexivo o impulsivo. Es reflexivo, cuando antes de hacer, se piensa y es impulsivo cuando antes de pensar, se hace.

Un comportamiento impulsivo es el resultado de una reacción. Un comportamiento reflexivo es el resultado de una reflexión.

Cuando no se reflexiona, solo se puede reaccionar. Esto es así porque, si se omite el paso necesario para un comportamiento reflexivo solo queda espacio para un comportamiento reactivo.

Dicho de otro modo, si no piensas, únicamente puedes sentir y/o hacer. Si piensas, además de pensar, también puedes sentir y hacer.

«Sentir» es algo intrínsecamente humano y positivo, pero algunos sentimientos pueden ser bastante contraproducentes para tu efectividad.

Por ejemplo, la ansiedad, el estrés, el miedo, la impotencia, pero también el exceso de optimismo o confianza, son sentimientos que van a afectar negativamente a tu efectividad.

Del mismo modo, «hacer» es algo positivo. De hecho, hacer es la expresión de la efectividad, pero únicamente cuando se ha pensado antes.

«Hacer por hacer», sin haber pensado ni definido previamente un propósito antes, es muy poco efectivo. Por eso decimos que la ejecución sin propósito es falsa efectividad.

La verdadera efectividad es imposible sin sentir y sin hacer. Ambos elementos puede ser muy útiles, pero únicamente aportan valor a la efectividad cuando van acompañados de «pensar», ya que pensar es lo que los modula y les da utilidad y sentido.

Por ejemplo, sentimos que algo que queremos conseguir es muy difícil (en cuyo caso la emoción será miedo, ansiedad, impotencia…) o sentimos que es muy fácil (en cuyo caso la emoción será confianza, optimismo, incluso euforia…).

En ambos casos nos movemos en el mundo de las suposiciones, ya que ignoramos la dificultad o la facilidad reales que conlleva la consecución de ese algo.

Pensar implica analizar y es lo que permite dejar de suponer y pasar a conocer (por cierto, si crees que tú no supones, te invito a hacer este test rápido para detectar el «pensamiento supositorio»).

Otro ejemplo. Ocurre algo y reaccionas de manera inmediata haciendo algo. Es altamente probable que ese algo que hagas sea distinto del mejor algo que podrías hacer. Es más, con frecuencia, ese algo que hagas será incluso contraproducente, es decir, peor que si no hubieras hecho nada.

Pensar permite prever y anticipar, imaginar escenarios posibles, evaluar riesgos, oportunidades y alternativas, identificar recursos, definir estrategias… Pensar es el mejor antídoto contra los «imprevistos».

La efectividad personal nos ofrece comportamientos concretos, de eficacia probada, para contrarrestar estos impulsos primitivos, tan poco útiles en el mundo actual. La clave es pensar para sentir y hacer con sentido.

Interiorizar estos nuevos comportamientos, automatizándolos, es lo que hace posible modular de manera adecuada nuestros sentimientos y respuestas instintivas, adecuándolas a las necesidades de la complejidad en la que nos ha tocado vivir.

Como dice David Allen, creador de GTD®, el nuevo estándar en efectividad personal, «tienes que pensar más de lo que crees, pero mucho menos de lo que temes».

Es algo muy fácil en realidad. En lugar de pensar mal, de más y a destiempo, de lo que se trata es de pensar bien y a tiempo. En definitiva, de aprender a pensar para no pensar.


jueves, 26 de septiembre de 2019

Se me acumulan los emails en la bandeja: ¿cómo lo soluciono?

Por: Iago Fraga
Este tema llueva o truene no para de ser uno de los temas sobre los que más me pregunta todo el mundo. En mi experiencia hay muchas razones por las que una cuenta de correo se empieza a sobrecargar de emails pero: (1) Si nunca te han enseñado en una formación propiamente dicha conceptos macro […]

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Viajar por el mundo trabajando: ventajas y desventajas de ser un nómada digital

Por: Ana González Duque
Viajar por el mundo trabajando: ventajas y desventajas de ser nómada digital

La mayoría de los artículos en los que se habla de los nómadas digitales te cuentan que trabajan desde una playa de Bali con un mojito en la mano. Y eso es una mentira como una casa. Las fotos que se toman trabajando en la playa son puro postureo. Viajar por el mundo trabajando tiene muchas ventajas, pero también desventajas y en este artículo quiero abrirte los ojos a la realidad de ser nómada digital, que no tiene nada que ver con mojitos en la playa aunque sí mucho con un estilo de vida mucho más libre. 

Pero… trabajar viajando te permite ver muchos lugares increíbles y tener experiencias maravillosas. Vamos a ver cómo hacerlo bien. 

Si eres de los que quieren el mojito en la playa, deja de leer. 

Piénsalo, la arena se cargaría el portátil en un santiamén. Y el calor es demasiado para ser productivo, aparte de que el sol no te dejaría ver bien la pantalla. En algún momento, mientras viajas trabajando necesitas estar en la habitación del hotel o en algún bar con buena conexión wifi. Y buscarás sitios lo más silenciosos posible para poder concentrarte y eso —en un enclave turístico— puede ser todo un desafío. 


Pero… trabajar viajando te permite ver muchos lugares increíbles y tener experiencias maravillosas. Vamos a ver cómo hacerlo bien. 

¿Qué es un nómada digital y por qué convertirse en uno?

Como dice John Moravec, «los Knowmads (o nómadas digitales) son trabajadores del conocimiento que pueden trabajar desde cualquier lugar, en cualquier momento y con casi todo el mundo.

No son valorados por el conocimiento individual que poseen sino más bien por cómo contextualizan lo que saben para crear nuevo valor» (Esto es parte del prólogo del libro «Knowmads», de Raquel Roca) Lo cierto es que en líneas generales los nómadas digitales tienen en común que pasan meses viajando, no están sujetos a un horario fijo y se ganan la vida trabajando por internet. 

Muchos confunden lo que es ser un nómada digital con tener una ubicación independiente, pero no es lo mismo.

Para tener una ubicación independiente —esto es trabajar desde cualquier lugar del mundo—, primero debes ganar más de 1000 € al mes trabajando online, porque si no los países más caros quedan fuera del alcance de tu bolsillo.

Así que es importante que sientes bien las bases de lo que será tu trabajo online para poder escalar fácilmente en tu negocio. 

100 nichos de mercado probados para nómadas digitales

Puedes pensar que la forma más rápida de conseguirlo es mediante afiliación e ingresos pasivos hackeando el SEO y esas cosas que te venden muchos vendehumos, pero créeme que te equivocas.

Evidentemente, los ingresos pasivos es algo que tienes que valorar siempre en un negocio online y que te darán mayor libertad, pero es complicado tener éxito con ellos al principio.

La forma más rápida y más sencilla de ser nómada digital es empezar vendiendo servicios, que no es tan sexy pero te permitirá ir ganando dinero para visitar países más baratos mientras desarrollas tu negocio online poco a poco. 

Ventajas de viajar por el mundo trabajando 

Conocer gente y culturas nuevas

Felicidades, eres uno de esos pocos afortunados que viajan con los gastos pagados como si fueras un ejecutivo de alto estanding. Sin embargo, para un ejecutivo que viaja por trabajo es muy complicado conocer el entorno en el que se mueve (muchos de ellos no llegan a salir del hotel en el que se realizan las reuniones) ni conocer gente nueva.

Eso no va a pasarte a ti.

Tendrás la oportunidad de vivir en entornos diferentes, conocer gente de etnias y culturas variadas y tener la posibilidad de practicar idiomas gratuitamente. 

Nivel de vida acorde a tus ingresos

Tu estándar de vida cambia según el país en el que te encuentres. Si te mueves de un país a otro, puedes ajustar tu nivel de vida al del país en el que te encuentras. Por eso es bueno empezar por países con un nivel de vida más bajito en los que te es mucho más barato vivir. 

Conocer el mundo 

Puedes ver el mundo entero con tu trabajo. Cuando trabajas y vives por un tiempo en un país, ese país tiene en ti un impacto mucho más profundo que cuando solo lo visitas en un viaje apresurado de pocos días en tus vacaciones.

Haces una inmersión en la cultura, los hábitos alimenticios, las normas, el estilo de vida en general. Aprendes a relacionarte con personas de naturalezas muy diferentes y eso es una habilidad muy útil a la hora de trabajar on line. 

Aprendes idiomas

Si eres curioso, puedes aprender el idioma del país en el que estás. Una inmersión cultural te permite defenderte en un idioma en varios meses. Cuando tienes la barrera del idioma, desarrollas tus habilidades de comunicación de forma extraordinaria. 

Más posibilidades de promoción si decides trabajar por cuenta ajena

Una persona que tenga experiencia internacional, con idiomas y habilidades de comunicación y de integración es un candidato muy bueno en cualquier empresa.

Eso en un currículum te abrirá puertas para trabajar en remoto con empresas si decides trabajar por cuenta ajena. 

Desventajas de trabajar en modo nómada digital

Sentimiento de soledad

Si viajas solo y te mueves con frecuencia de un sitio a otro, puede que tu círculo de amigos y tu vida social se resienta.

Esta es una de las mayores desventajas de la vida nómada. Pero puedes hacerlo con tu familia o con tu pareja o en grupo. 

Dinero 

Puedes encontrar miles de artículos en blogs diciéndote cómo hacer más asequible el viajar. Pero la inseguridad del dinero existe en una vida nómada, sobre todo al principio.

Si eres de los que necesita sí o sí un sueldo estable a fin de mes, tal vez lo idóneo sea empezar con trabajos en remoto con empresas mientras empiezas tu propio proyecto, pero eso —te lo digo ya— requiere mucho tiempo.

También puedes buscar un trabajo temporal en el sitio al que viajas, aunque esto limita tu libertad de movimientos. 

Salud

Ponerse enfermo cuando viajas solo es complicado. Las visitas al médico son difíciles de coordinar y sueles ser atendido de Urgencias, con lo que puede que no se resuelva más allá de un problema agudo. 

También tienes que ser consciente de que el deporte y la alimentación sana deben integrarse en tu rutina diaria. Cuando comes fuera muy a menudo es mucho más sencillo engordar. 

Es difícil establecer hábitos

Y los hábitos son fundamentales para que un negocio online prospere, pero el jetlag, el cansancio del viaje y otras cosas típicas de los viajes pueden dar al traste con tu rutina. 

En resumen, ¿viajar por trabajo o viajar por el mundo trabajando?

Desde mi perspectiva, los beneficios superan con creces a las desventajas, pero nuevamente depende de cómo lo hagas, de por qué lo haces y de tu mindset.

En esta entrevista de nuestro podcast, Antonio G. de Inteligencia Viajera (alumno de Franck en su mentoría) te cuenta cómo lo logró. 

La entrada Viajar por el mundo trabajando: ventajas y desventajas de ser un nómada digital se publicó primero en LifeStyle Al Cuadrado.


domingo, 22 de septiembre de 2019

¿Por dónde empezar a mejorar mi productividad personal?

Por: David Torné

¿Por dónde empezar a mejorar mi productividad personal?

Por donde debo empezar si quiero mejorar mi productividad personal?

¿Qué te parece empezar leyendo una lista de conceptos básicos que deberías tener en cuenta antes de lanzarte a buscar información en ese océano de contenido que es Internet?

He creado una lista de conceptos básicos para encaminar ese proceso de aprendizaje. Un boceto inicial sobre lo que necesita saber, conseguir y aprender para que tu capacidad de hacer bien las cosas adecuadas empiece a fluir:

  1. El centro de tu eficacia son tus hábitos. Aprender cómo se crean y cómo se corrigen los malos hábitos. Es la clave para cambiar tu forma de hacer y de ser.
  2. Tu actividad se divide entre preparar lo que tienes que hacer, hacer lo que tienes que hacer y gestionar lo imprevisto. Son los tres tipos de actividad presentes en tu vida.
  3. Tu actividad necesita ser administrada. No basta con una atención casual. Preparar y administrarla requiere atención y esfuerzo.
  4. Aprende a distinguir entre lo que es importante de lo urgente. Lo primero te permitirá alcanzar tus objetivos, lo segundo apagar los incendios en tu rutina.
  5. Gestiona tu atención, no tu tiempo. No puedes parar ni modificar el tiempo, por lo tanto no lo puedes manejar. En cambio puedes estructurar tu actividad y decidir a qué vas a dedicar tu atención.
  6. La productividad personal no es una cuestión de trucos o prácticas inconexas, esto va de encontrar un sistema y trabajar según sus pautas. Ello te permitirá implantar un conjunto de buenos hábitos para ordenar tu actividad y obtener claridad.
  7. Dedicar a preparar tu actividad (preparar lo que tienes que hacer) te permitirá dedicar atención de calidad a resolver tus asuntos. Transformar una idea en acciones concretas evitar la procrastinització y reduce las interrupciones.
  8. Dedica tiempo a revisar tu actividad. Mantener tu sistema en orden – las listas de acciones y la agenda – permite anticipar y toma las decisiones para que ningún compromiso o actividad quede sin atender.
  9. Administra lo que tienes que hacer y lo que no debes hacer. Siempre hay más que hacer que tiempo y energía. Crea un criterio para escoger que hacer y que dejar en segundo plano.  Crea tu almacén de ideas y proyectos.
  10. Necesitas fijar límites. Saber en qué punto tienes que dejar de hacer para recargar y volver más adelante. Las pausas y el descanso es igual de importante que hacer. Sin descanso y unos hábitos saludables disminuye tu capacidad para solucionar problemas.
  11. No existe una división entre asuntos profesionales y personales. Tu mente no realiza la distinción entre las preocupaciones personales y profesionales, simplemente te las tira encima indistintamente. Tú tampoco puedes hacerlo al administrarlas.
  12. Hacer las cosas y hacerlas bien significa hacerlas de una en una. La mente es tu procesador y no es multitarea. Hacer una cosa una después de la otra optimiza el uso de tu atención, de tu tiempo y energía.
  13. Las herramientas y la tecnología son un amplificador. Aumentan lo que hacemos bien y también lo que hacemos mal. Si hay algo que no funciona en tu rutina continuará sin funcionar aunque trabajes con una nueva app o dispositivo.
  14. Planifica sólo lo necesario. Planificar de forma intensiva tus proyectos genera sensación de control pero te lleva a la frustración. Siempre habrá imprevistos y cambios de rumbo que te harán variar el plan inicial.
  15. Eres una persona no una máquina. Las personas somos falibles, nos equivocamos, a veces volvemos a cometer errores que creíamos superados. Ser humano significa entender la debilidad, la falibilidad y darte un margen, ser compasivos con uno mismo cuando hace falta.

El mejor momento para empezar a trabajar en tu eficacia personal siempre es ahora mismo. No importa si se trata de una inquietud nueva o un tema que retomas de forma recurrente. Siempre es el momento de aprender y llevar a la práctica algo nuevo que te ayude a mejorar tu vida, aunque solo sea de forma leve.

La lista inicial, con sus enlaces, te da el punto de partida para empezar a cambiar, implementar acciones, dar pequeños pasos que de forma incremental te puedan ayudar a cambiar de rumbo.

Si la lista se podría complementar con más conceptos déjalos en los comentarios y los iré incorporando. Gracias.

Photo by Gia Oris on Unsplash


viernes, 20 de septiembre de 2019

Cómo saber cuándo algo llama tu atención

Por: José Miguel Bolívar

«Capturar» es el primero de los 5 pasos para administrar el flujo de trabajo que propone la metodología GTD®.

Consiste en recopilar todo aquello que llama tu atención en contenedores de confianza que vacías con regularidad.

Se trata de un hábito muy sencillo y potente, aunque fácil de malinterpretar. Por este motivo, son muchas las personas que confunden «capturar» con otras prácticas que, aunque en apariencia son similares, en la práctica son muy distintas, tanto en su esencia como en su utilidad.

Por otra parte, la frase «todo lo que llama tu atención» puede resultar poco concreta para algunas personas. Fruto de la natural tendencia de nuestro cerebro a dramatizar y ponerse en lo peor, hay quienes, al escucharla, se visualizan en una especie de «modo captura» permanente, con todo lo que una situación así conlleva.

En GTD®, decimos que algo llama tu atención cuando «aparece» en tu mente sin que tú lo hayas «llamado».

Esta situación se produce con cierta frecuencia, aunque no nos demos cuenta de ello. Cuando pasa esto, es decir, cuando no somos conscientes de que algo está llamando nuestra atención, es porque nos hemos acostumbrado a ignorarlo y no hacer nada al respecto.

Dicho de otra forma, nos hemos insensibilizado ante las cosas que llaman nuestra atención por lo que, para desarrollar el hábito de la «captura», tendremos que re-sensibilizarnos.

Afortunadamente, identificar cuándo algo llama tu atención – aunque no te des cuenta – es muy sencillo, si aplicas estas buenas prácticas.

Reconocer el diálogo interior

Cada vez que te descubras diciéndote frases que empiezan por «podría…», «debería…», «tendría…», «y si…», «algún día…», u otras similares, estás ante algo que está llamando tu atención.

Este tipo de pensamientos es lo que David Allen denomina «incompletos». Hablamos de «incompletos» porque se trata de pensamientos que se han iniciado, pero no se han completado.

Aunque se trata de pensamientos asociados a ideas o a posibilidades, es importante que tengas claro que, como mínimo, tienes que decidir algo al respecto para «completarlos».

Eso que falta por completar puede ser tan simple como decidir que vas a ignorarlo y no hacer nada con ello, pero, incluso en ese caso, es necesario que tomes una decisión.

Hasta que no la tomes, y la gestiones de manera adecuada, ese pensamiento incompleto seguirá llamando tu atención con mayor o menor frecuencia.

Por eso, la buena práctica es capturar lo que llama tu atención cuando llama tu atención, en lugar de dejarlo para más tarde.

Identificar cuándo te acuerdas de algo

Cada vez que te venga a la cabeza un pensamiento del tipo «tengo que…», «necesito… » o «que no se me olvide…», estás también ante algo que está llamando tu atención.

Si no lo capturas, ese recordatorio volverá una y otra vez, y con toda probabilidad lo hará en los momentos más inoportunos, cuando no puedas hacer nada al respecto.

Esto sucede porque tu mente inconsciente sabe que tienes que hacer cosas, pero es incapaz de identificar el momento adecuado para recordarte cada una de ellas. Como también es incapaz de priorizar, te las recuerda una y otra vez, a intervalos aleatorios y sin ningún criterio.

Cuando ignoras este tipo de pensamiento que llama tu atención, la consecuencia es que se te olvidan cosas.

Obviamente, los olvidos son porque quieres, y lo que tus olvidos dicen de ti no es precisamente bueno…

Detectar cuándo estás ante una decisión o un compromiso

Cada vez que decidas hacer algo, esa decisión debería llamar tu atención.

Cada vez que le dices a alguien que vas a hacer algo, estás comprometiéndote con esa persona, y ese compromiso debería llamar también tu atención.

Cada vez que alguien te diga que va a hacer algo que necesitas tú, esa persona se está comprometiendo contigo, y ese compromiso debería llamar tu atención igualmente.

Las decisiones y los compromisos rara vez terminan ahí. A las decisiones y a los compromisos normalmente les siguen otras acciones, sea por tu parte o por la de otras personas.

Cuando tiene lugar uno de estos compromisos y no hacemos nada al respecto, nos encontramos ante lo que Allen llama un «compromiso mal gestionado». El problema con estos compromisos mal gestionados es que, hasta que no los gestiones de manera adecuada, seguirán rondando por tu cabeza y contribuyendo a tu estrés.

Conclusión

Como ves, saber cuándo algo llama tu atención – aunque no hagas caso – es tan sencillo como aprender a reconocer, identificar y detectar unas pocas situaciones muy concretas y habituales.

Cuando en tu diálogo interior te planteas opciones sobre cosas que podrías, deberías o querrías hacer, eso está llamando tu atención.

Cuando te acuerdas de cosas que necesitas o tienes que hacer, eso también está llamando tu atención.

Cuando tomas una decisión, te comprometes con alguien o alguien se compromete contigo, ese hecho está igualmente llamando tu atención.

El cambio es dejar de ignorar todas estas situaciones y reaccionar ante ellas, capturándolas en el momento.

Con estas sencillas prácticas, detectar cuándo algo llama tu atención y capturarlo te resultará mucho más fácil.

Por ejemplo, ¿qué está llamando ahora tu atención?


viernes, 13 de septiembre de 2019

XIII Jornadas OPTIMA LAB: Aprender es cambiar

Por: José Miguel Bolívar

Los pasados días 9, 10 y 11 de septiembre tuvieron lugar las XIII Jornadas OPTIMA LAB, en esta ocasión en el Euroforum Arcipreste de Hita. Parece mentira lo lejos que quedan aquellas primeras Jornadas en septiembre de 2014 y todo lo que hemos aprendido y cambiado desde entonces.

Porque es así. Aprender y cambiar. Cambiar y aprender. Si quieres conseguir algo y no lo consigues, pruebas algo distinto. En otras palabras, cambias tu forma de abordar aquello, porque has aprendido que lo que estabas haciendo no funciona.

Solo quiénes son incapaces de cambiar, son incapaces de aprender.

Todas las Jornadas son distintas, únicas e irrepetibles, pero algunas dejan más poso que otras. Éstas, en concreto, han sido particularmente satisfactorias para mí. Probablemente, porque ha habido mucho cambio y, por consiguiente, mucho aprendizaje.

Comenzamos con un ejercicio en grupo utilizando la metodología Belbin. Es algo que nos gusta hacer cada cierto tiempo, y sobre todo siempre que cambia la configuración de la red.

Una configuración que, por cierto, es en mi opinión la más potente e integrada de cuantas ha tenido OPTIMA LAB hasta el momento. Muy de destacar la fácil y rápida integración de Marta, que asistía a sus primeras Jornadas, y de Sergio, que se incorporó en las de enero.

Siguiendo con Belbin, en esta ocasión contábamos con tres personas que nunca antes habían participado en este tipo de dinámicas: Jordi, Sergio y Marta, así que aprovechamos la reciente certificación de Sergio como Practitioner de la metodología para que facilitara el debate, que resultó muy rico e interesante.

A los cambios en la forma interna de trabajar que ya habíamos introducido hace unos meses, incorporamos ahora dos cambios más, muy significativos, en relación a los roles de coordinación y finalización. Mis expectativas sobre lo que podemos conseguir con esta nueva forma interna de organizarnos son muy altas. Ya compartiré por aquí qué tal va el tema.

Continuamos con una puesta en común de los resultados del Cognitive Preference Survey, recientemente rebautizado como The Focus Survey. Aunque la David Allen Company solo lo tiene como obligatorio para las personas que se certifican como Master Trainer, en OPTIMA LAB hemos decidido que todos los nodos hagan este test, ya que se trata de una herramienta particularmente útil para la formación, y en concreto para la formación en GTD®. Además, me gustó mucho la puesta en común de aprendizajes y, especialmente, las propuestas sobre cómo aplicar de manera práctica lo aprendido a nuestro día a día en el aula.

Buena parte del resto del primer día la dedicamos a proyectos encaminados a mejorar nuestro funcionamiento interno como red. Proyectos que van desde cómo optimizar la eficiencia de los flujos internos de comunicación, a cómo alinear nuestras prácticas individuales entorno a lo que hemos definido como «estándares de red». Estos «estándares» son un conjunto de buenas prácticas, desarrolladas a partir de una serie de ideas clave que nos definen, y que expresan la coherencia entre lo que decimos, lo que hacemos y cómo lo hacemos.

La mañana del segundo día fue muy variada, y en ella abordamos una gran cantidad de temas de lo más diverso. Visto desde fuera, el transcurso de esta mañana podría parecer hasta un poco caótico, en la medida que «saltábamos» de un tema a otro sin mucha relación entre ellos. Sin embargo, que ocurra esto es algo muy habitual al aplicar nuestra metodología OPTIMA LAB de gestión efectiva de reuniones.

La tarde de este segundo día la dedicamos, como siempre que podemos en nuestras Jornadas, a seguir formándonos y aprendiendo. En esta ocasión, contábamos con uno de nuestros referentes favoritos, Julen Iturbe quién, en compañía de Venan Llona, nos ilustró sobre la metodología 5S y, más concretamente, sobre 5S digitales.

A pesar de conocer relativamente bien las ideas básicas de la metodología 5S, me sorprendió la profundidad de su alcance en el mundo digital, la sencillez y potencia de su enfoque y la gran cantidad de puntos de conexión con GTD®.

Me llama la atención que muchas organizaciones sigan primando las modas formativas frente a otras opciones básicas mucho más necesarias. Conozco bien el mundo corporativo y la metodología de las 5S digitales es, para las organizaciones actuales, algo tan necesario como comer, en este mundo enfermo de Diógenes digital.

Ya en la recta final de las Jornadas, seguimos trabajando en función del tiempo y la energía disponibles. Uno de los temas estrella de esta última mañana fue la versión 4 del curso de formación GTD® oficial «Fundamentals».

Esta nueva versión supone un compromiso y un salto espectacular a la vanguardia de la formación, en la medida que se abandona el tradicional concepto de «curso» y se sustituye por una solución formativa que incorpora un completo programa de refuerzo del aprendizaje, orientado a la consolidación de nuevos comportamientos (como debe ser si realmente estamos desarrollando una competencia) y que incluye una potente aplicación como apoyo a este programa de refuerzo.

Estamos trabajando a todo ritmo para tener disponible esta nueva versión en los próximos meses, sustituyendo a la actual versión 3, que es la que hemos estado utilizando desde que tomamos la distribución en exclusiva de la formación GTD® oficial para España. Un reto adicional es que lanzaremos en paralelo esta nueva versión también en inglés, área en la que Marta ha estado trabajando a fondo los últimos meses y que presenta una expectativas excelentes a corto y medio plazo.

Ya en lo personal, me gustó una novedad que introducimos en estas Jornadas, que es la de hacer algo de actividad física para «desengrasar» al final de las reuniones de trabajo. Bien sea un poco de senderismo por el puerto de Navacerrada, o simplemente salir a correr un rato, creo que es algo que tenemos que consolidar.

Y, por supuesto, la incorporación de gente joven se ha notado en la energía al final del día. Sea un «pique» con el cocinero a que sus niveles de picante no nos asustaban, o una master class de selfies, o simplemente un repaso a los memes universitarios más desternillantes, las risas han estado muy presentes en estas Jornadas. Que siga así.

Poco más que añadir por mi parte. Las próximas Jornadas tendrán lugar a finales de este año o principios del próximo. Estamos pendientes de cuadrar algunos detalles logísticos para cerrar el tema. Lo único que puedo adelantar es que habrá novedades muy «sustanciosas»… 😉

¡Ah! Y no te pierdas las crónicas que sin duda publicarán en los próximos días David, Jordi, Marta, Paz y Sergio!