lunes, 19 de octubre de 2020

Cómo monetizar un blog y vivir de él

Por: Franck Scipion

Si llevas tiempo escribiendo en tu blog y has logrado tener un buen repositorio de contenidos quizá haya llegado el momento de conseguir beneficios económicos derivados de él. Y si, además, el blog tiene ya una comunidad de seguidores te resultará más fácil buscar vías de monetización a través del mismo. ¿Qué te parecería seguir ... Leer más Cómo monetizar un blog y vivir de él

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viernes, 16 de octubre de 2020

La gran diferencia entre motivo y excusa

Por: José Miguel Bolívar

Hace unos meses, en una de las charlas que mantenemos periódicamente, mi colega William Elliot me comentaba la gran diferencia entre motivo y excusa.

William —GTD® Master Trainer de Sudáfrica— me explicaba que le gusta plantear en sus formaciones de GTD® la siguiente pregunta: «What’s the difference between a reason and an excuse?».

El motivo por el que la hace es provocar una reflexión en las personas participantes sobre cómo pequeños detalles pueden generar grandes cambios.

En particular, sobre cómo aplicar sistemáticamente la metodología GTD® puede aportar enormes ventajas, con un mínimo esfuerzo, a tu día a día.

A mí me provocó también una reflexión adicional sobre la utilidad de abarcar un periodo amplio al revisar el «calendario futuro» durante la Revisión Semanal de GTD®.

Mi intención en este post es profundizar sobre el valor que aporta esta reflexión, y otras relacionadas, a la gestión de tus compromisos.

La gran diferencia entre motivo y excusa

Cuando te comprometes a algo estás —consciente o inconscientemente— asumiendo el riesgo de incumplir ese compromiso.

Digo riesgo porque cumplirlo o incumplirlo no depende únicamente de ti. Sabemos que los imprevistos están ahí. Son «parte del paisaje» en el trabajo del conocimiento.

Por muy bien que te organices, o por mucho que intentes prever qué puede pasar, lo cierto es que siempre existe la posibilidad de que ocurra algo inesperado.

Por otra parte, detrás de cada compromiso incumplido hay, al menos, una causa.

Que esa causa sea un motivo o una excusa va a depender de lo proactivo o reactivo que sea tu comportamiento en relación a ello.

Porque, como ya habrás imaginado, la gran diferencia entre motivo y excusa es el tiempo.

Si explicas la causa por la que vas a incumplir el compromiso antes de incumplirlo, estás dando un motivo.

Si, por el contrario, explicas la causa después de haber incumplido el compromiso, estás dando una excusa.

Hay otra gran diferencia entre motivo y excusa, y es cómo afecta a tu capacidad de reacción.

Cuando das un motivo por el que prevés que vas a incumplir el compromiso aún estás a tiempo de renegociarlo y evitar incumplirlo.

Por el contrario, cuando das una excusa, ya has incumplido el compromiso y no hay vuelta atrás.

La importancia de Ejecutar para convertir las excusas en motivos

Como dice el maestro Allen, «solo te puedes sentir bien con lo que no haces cuando sabes qué es lo que no haces».

Si aplicamos esto al campo de los compromisos que adquirimos, podríamos decir que «sólo puedes convertir las excusas en motivos cuando sabes qué compromisos vas a incumplir».

Tanto para saber lo que no haces como para saber qué compromisos vas a incumplir solo necesitas una cosa: revisar tu sistema con la frecuencia necesaria.

En GTD® esto tiene lugar en los dos últimos pasos, Reflexionar y Ejecutar. Empecemos por el último.

Si de verdad usas la metodología, ya sabes en qué consiste Ejecutar, el paso peor entendido de GTD®.

Para una persona que aplica el paso Ejecutar de manera adecuada, va a resultar muy fácil detectar proactivamente cualquier compromiso a riesgo de ser incumplido.

Y es esa proactividad la que le va a permitir utilizar esa información —la causa del incumplimiento— como motivo, abriendo también la puerta a poder renegociar el compromiso en lugar de incumplirlo.

Por el contrario, una persona que no aplica bien el paso Ejecutar tiene muy difícil esta detección proactiva.

Lo más normal es que se encuentre con el problema una vez ya incumplido el compromiso, lo que inevitablemente convertirá la causa en excusa.

La Revisión Semanal: cuando Ejecutar bien no es suficiente

La Revisión Semanal es otra excelente práctica que nos ayuda a detectar proactivamente los compromisos a riesgo de incumplirse.

Este hábito es particularmente útil cuando se trata de asuntos que, por la carga de trabajo que conllevan o por su complejidad, van a dejarnos poca capacidad de reacción si los detectamos tarde.

En este sentido, la revisión del «calendario futuro» durante la Revisión Semanal resulta particularmente útil, sobre todo si el periodo que revisamos es suficientemente amplio.

GTD® no te dice cuántas semanas a futuro conviene revisar como parte de esta revisión del «calendario futuro». Es lógico, ya que las necesidades dependen de cada persona.

Si cada una de tus semanas es prácticamente idéntica a la anterior, y la probabilidad de que aparezca algo inesperado es escasa, probablemente con revisar una o dos semanas a futuro sea suficiente para ti.

En mi caso nunca ha sido así. Por eso, desde que empecé a utilizar GTD®, he revisado qué compromisos tengo en mi calendario en las próximas cuatro o cinco semanas.

Esta revisión proactiva me ha permitido detectar con antelación suficiente temas que, de haberlos detectado con solo una semana o dos de antelación, habrían sido candidatos seguros a excusa.

Conclusión

Convertir las excusas en motivos es algo muy sencillo y está completamente a tu alcance.

Revisar en amplitud tu «calendario futuro» durante la Revisión Semanal es solo cuestión de un par de minutos.

La tranquilidad y confianza que obtendrás a cambio es impagable.

Lo mismo ocurre cuando revisas frecuentemente tus listas al Ejecutar.

Saber en todo momento lo que no estás haciendo te transmite una sensación de control enorme.

Y es que, al final, cumplir tus compromisos es cuestión de perspectiva.

¿Qué mejor para obtenerla que revisar tu sistema con la frecuencia y amplitud que tenga sentido?

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martes, 13 de octubre de 2020

GTD cómo excusa para compartir con tus hijos

Por: David Torné

Te propongo una idea muy loca. ¿Qué te parece si te dedicas a trabajar la productividad con tus hijos?

(Dejo unos segundos para que te rías o te tomes tus antidepresivos).

Continuemos: Siempre te estás quejando de no pasar suficiente tiempo con tus hijos, de no estar lo bastante involucrado en sus actividades y ocuparte de su educación.  La verdad es que no sabes cómo hacerlo.

Ayudar a los “meninos” a gestionar su actividad puede ser una forma de crear un espacio común, de estar al día sobre cómo les van las cosas y para ayudarlos a llevar su propia vida.

Primero capturar, después procesar juntos

Una vía para canalizar toda su actividad de la escuela, también la relacionada con su ocio y actividades extraescolares.

“Capturar garantiza utilizar la mente para crear no para recordar”

Acordaremos un conjunto de bandejas de entrada, en un número lo más reducido posible, a ser posible una física y otra virtual, donde se enviará todos los nuevos inputs: ideas, labores, deseos…

Una agenda, una libreta para anotar todo el que se le pase por la cabeza y un software tipo Evernote que pueda llevar en el móvil.

Capturar con Evernote

Cada día procesaremos juntos el contenido de las bandejas para decidir en que se implicará en los próximos días, que se demora a semanas posteriores, que guardamos en su almacén de ideas y que descartamos. 

Decidir con ellos, no para ellos

Según su edad – y capacidad – el proceso para decidir sobre cada elemento puede ser conjunto o un simple acompañamiento.

Es una cuestión compleja. Un adulto decidiría en base a sus prioridades y en función de la actividad que ya tenga en marcha.  ¿Cuáles son las prioridades de los “meninos”? La primera es la escuela y los estudios – obligación, responsabilidad e inversión de futuro – y a partir de ahí qué?

Actividad extraescolares, deportes, actividades de ocio… ¿Qué es lo más adecuado por cada uno? Según la edad y el “individuo” variará. No quiero entrar, se escapa sobre lo que puedo y quiero hablar. Solo mencionar el hecho que decidirlo conjuntamente os puede ayudar a consensuar, a dialogar, a encontraros.

“Decidir con los hijos, no por ellos. Si no decide por sí mismo no sabrá que es priorizar, ni renunciar”

Decidir también implica dejar de banda y ser consciente que no se puede tener – ni hacer – todo. Aprender a demorar actividades más atractivas en favor de las más relevantes.

Organizar

Organizaremos la actividad en listas. Basado en GETTING THINGS DONE pero con alguna variación:

Bandeja de entrada Acordar una bandeja de entrada física y otra virtual donde enviar todos los inputs para ser procesados al final del día.
Próximas acciones Con las siguientes acciones a realizar y en las cuales nos tenemos que centrar.
Proyectos activos Proyectos con los que trabajamos esta semana (Actividades con varías acciones).
Esta semana no Proyectos y acciones en espera en los que de momento hemos decidido no trabajar.
Almacén de ideas Cosas en las que nos gustaría hacer algún día pero para las que hoy no tenemos tiempo.

Añado dos consideraciones.

  • Hay que añadir al conjunto de listas la gestión de la agenda.
  • Dejo a vuestra consideración si hay que añadir la lista En espera por las acciones delegadas.

 Hay que distinguir que es un proyecto y una acción. Si hace falta más de una acción para completarlo lo añadiremos a la lista proyecto activos, anotando el resultado que queremos obtener y enviando la siguiente acción a realizar – el primer paso – a la lista de próximas acciones.

Trabajar con acciones y no con tareas permite aprender a trabajar con pequeños pasos, a concretar y precisar la actividad. A separar el “pensar que tengo que hacer” del hacer.

Revisar es hacer seguimiento

Las revisiones son una oportunidad para hacer un seguimiento de su actividad. Si su sistema incluye sus actividades extraescolares y de ocio podrás hacerte una idea más aproximada de como es su vida.

Que incluir en tu revisión semanal

La idea se mantener al día sus listas y – sobre todo – tener presentes sus fechas de entrega.

Hagamos una revisión diaria y otra semanal. Antes de cada sesión de trabajo,  deberes y estudio, procesamos las bandejas de entrada y ponemos al día las listas y su agenda.

Durante el fin de semana hagamos lo mismo y actualicemos listas, agenda y escojamos en que se implicará la próxima semana:

  • Anticipar entregas a semanas vista y crear los proyectos dentro del sistema GTD.
  • Escoger en que trabajará durante la semana. Qué proyectos están activos y qué quedan a la espera, si rescatamos actividad de la lista esta semana no…
  • Consensuar las actividad de ocio en las que quiera participar.

Sesiones de trabajo

El objetivo de GTD es realizar un tipo de trabajo denominado “preparar lo que tienes que hacer” porque cuando decidas trabajar en tus asuntos puedas dedicar toda tu atención a solucionar.

“Cuando trabajen se tienen que centrar en resolver, no en pensar que tienen que resolver”

A partir de aquí podemos escoger la siguiente acción  a través de criterios como el contextos o el área de responsabilidad. Contextos posibles:  Dividir por asignaturas, trabajar con o sin ordenador, con o sin conexión en la red…

Dará una mayor granularidad a la actividad y permitirá menores distracciones cuando se centre en hacer el trabajo.

Fijáis unos criterios de decisión según la proximidad de las fechas de entrega o vencimiento y estela como criterios secundarios como contextos y el nivel de energía del que disponen en cada momento.

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GTD no tiene que ser un vehículo para controlar tus hijos. La idea del post es convertirlo  en un pretexto para compartir vuestro tiempo y hablar de sus temas de interés e intercambiar ideas y experiencias.

Esto no lo hará el sistema de listas, pero conducir la actividad os da las oportunidades y la excusa para hablar y decidir.

Ayudar a los “meninos” a tomar buenas decisiones, enseñarlos a administrar su actividad, sus responsabilidades. A saber que a veces se tiene que decir que no, a renunciar a la inmediatez a cambio de un interés mayor.

La eficacia personal como un recurso para compartir, enseñar y aprender con tus hijos, y de tus hijos.

Todo esto solo es una idea, una sugerencia de alguien que no te hijos :-)

Photo by ketan rajput on Unsplash

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lunes, 12 de octubre de 2020

¿Cuánto cuesta publicar un libro?

Por: Franck Scipion

Si te gusta escribir o tu modelo de negocio se basa en tu conocimiento y deseas monetizar a través de este, publicar un libro puede ser uno de los objetivos relacionados que podrías cumplir en un plazo relativamente rápido. La tecnología ha abaratado y acortado los plazos, ya que hoy día es posible publicarse uno ... Leer más ¿Cuánto cuesta publicar un libro?

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viernes, 9 de octubre de 2020

No hay efectividad sin puntos de control

Por: José Miguel Bolívar

Sabemos que los errores ocurren y afectan a los resultados. Por tanto, necesitamos detectarlos para corregirlos y evitar que se repitan. Por eso no hay efectividad sin puntos de control.

También sabemos que la ejecución sin propósito es falsa efectividad. Esta idea, tan fundamental como sencilla, se pasa por alto con frecuencia. Es fácil caer en la trampa de «productividad es hacer muchas cosas».

Hacer por hacer no es efectividad. Hacer las cosas mal, de cualquier manera, o a medias, tampoco lo es. La efectividad es inseparable de lo cualitativo.

Errare humanum est, decían los romanos. Somos personas, y como humanos, cometemos errores.

Además de normal, cometer errores es bueno. Las únicas personas que nunca cometen errores son las que nunca hacen nada.

Lo que sí es importante es que sean siempre errores nuevos. Los errores nuevos, bien aprovechados, son una fuente excelente de aprendizaje.

El problema es cuando siempre se cometen los mismos errores. Esto es una muy mala señal.

En el mejor de los casos, puede indicar falta de interés, atención, compromiso y/o motivación.

En los casos más graves, puede indicar incapacidad para aprender o, peor aún, estupidez.

Los romanos iban incluso más allá y pensaban que era algo diabólico. Por algo la versión completa de la frase anterior es errare humanum est, sed perseverare diabolicum.

Una persona efectiva nunca se resigna ante los errores. En su lugar, aplica la proactividad y hace cuanto está en su mano para minimizarlos.

Afrontando los errores con realismo

El realismo es un recurso indispensable para tu efectividad. En lugar de aspirar a una perfección inalcanzable, lo inteligente es entender que la excelencia es un camino y su práctica un hábito.

Definir un procedimiento de trabajo «perfecto» es extremadamente difícil y, desde el punto de vista de la efectividad, poco eficiente.

Es más inteligente aplicar el principio de Pareto e invertir el 20% de los recursos que requeriría ese procedimiento perfecto en diseñar algo que te permita gestionar de manera efectiva el 80% de las situaciones.

A partir de ahí, puedes aplicar la planificación adaptativa y aprovechar los errores —que sin duda surgirán— para ir mejorando el procedimiento progresivamente.

Ahora bien, para que este proceso de mejora continua arroje el resultado deseado, conviene seguir algún tipo de método que te permita sistematizar lo que haces. La sistematización es importante para tener confianza en el proceso.

Ten en cuenta que lo que quieres no es detectar aleatoriamente algún error que otro, sino detectar el mayor número posible de errores —idealmente todos— y siempre que ocurran.

Qué son los puntos de control y por qué son imprescindibles

Para ejecutar un procedimiento de manera idónea necesitas dos recursos: conocimiento y atención.

Conocimiento significa saber qué estás haciendo, para qué lo estás haciendo y, por supuesto, cómo, dónde, con qué y cuándo hacer cada una de las actividades de las que se compone el procedimiento que estás «haciendo».

Con la práctica, todo este «saber hacer» se convertirá en conocimiento tácito, un tipo de conocimiento estrechamente vinculado a los hábitos.

Una de las características de los hábitos es que, como los gestiona el Sistema 1, se ejecutan en modo «piloto automático». Esto es una enorme ventaja, pero conlleva riesgos.

Porque también necesitas atención. Sin atención, es imposible «estar a lo que estás» y sin «estar a lo que estás» es imposible ser una persona efectiva.

Esta es la raíz del problema. Una vez te hayas familiarizado lo suficiente con el procedimiento, es decir, una vez te hayas «habituado» a él, dejarás de prestarle atención.

La mayoría de los errores que cometes no son por desconocer el procedimiento, sino por no prestarle suficiente atención a lo que haces.

Una cosa es «saber» que tienes que hacer algo —o cómo tienes que hacerlo— y otra cosa, muy distinta, es «acordarte» de ese algo en el momento oportuno.

Por eso, para ser una persona efectiva, necesitas algo externo que te recuerde eso de lo que probablemente no vayas a acordarte llegado el momento. Ese «algo» externo es un punto de control.

Los puntos de control son cada una de las partes del proceso en las que se necesita un recordatorio externo para impedir un error probable.

Cómo crear y utilizar los puntos de control

Cuando empiezas a ejecutar un procedimiento es poco probable que tengas claro qué partes del mismo van a necesitar puntos de control. Es la práctica lo que te proporcionará esa información.

El proceso es sencillo. Cada vez que detectes un error, evalúa qué se te pasó por alto y en qué punto concreto del procedimiento sucedió.

Ya tienes un punto de control. Ahora lo siguiente es construir un inventario con todos los puntos de control del procedimiento que vayas creando a raíz de cada error.

Este inventario de puntos de control se hace utilizando una lista de control o checklist.

Ten cuidado, porque un error frecuente es convertir el procedimiento en un manual de instrucciones pormenorizadas o mezclarlo con los pasos del procedimiento y/o con los puntos de control.

Estas malas prácticas reducen enormemente la utilidad de estas herramientas y pueden incluso dar lugar a más errores de los que tendrían lugar sin ellas.

Reflexiones finales sobre los puntos de control

El manual de instrucciones te recuerda todos los detalles pormenorizados necesarios para poder ejecutar el procedimiento sin conocimiento previo del mismo.

El procedimiento te recuerda únicamente la secuencia completa de pasos a seguir, sin detalles pormenorizados sobre cada paso. Puede ser una lista de control en sí mismo.

Los puntos de control te recuerdan pasos concretos del procedimiento a los que debes prestar especial atención para evitar errores. Están en su propia lista de control, separados del procedimiento.

Son tres herramientas complementarias, pero distintas, y que tienen finalidades también distintas.

¡Ojo! Una lista de control, o checklist, es distinto de un punto de control, o checkpoint. Tu lista de control con los puntos de control es simplemente uno de los múltiples tipos de listas de control que existen.

Al principio, como lo desconoces, necesitarás sobre todo el manual de instrucciones. Usarás para ello tu Sistema 2, lo que hará que prestes atención a lo que haces y que sea poco probable que cometas errores.

Cuando te familiarices con ello, ya no necesitarás el manual y te bastará con el procedimiento. Es entonces cuando necesitarás empezar a construir tu lista con los puntos de control que vayas detectando.

En un momento dado, sobre todo si tiene pocos pasos, es posible que ni siquiera necesites usar el procedimiento, porque ya te lo sepas. Es ahí cuando tu lista con tus puntos de control se volverá imprescindible.

Por último, ten presente que las listas de control o checklists —incluyendo las de puntos de control— son únicamente un contrapeso a tu mala memoria.

Aunque la tentación estará ahí, porque el Sistema 2 es perezoso, no permitas que se conviertan en un sustituto de tu inteligencia, tu conocimiento o tu capacidad para pensar.

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miércoles, 7 de octubre de 2020

Cómo escribir el titular perfecto para un artículo

Por: Carlos Carbellido

10 años. Sí, una década hace ya que escribí el primer artículo en este blog. El cometido que más años llevo realizando, y que posiblemente más satisfacciones me ha generado: cambios profesionales, emprendedurismo, nuevas oportunidades personales, etc. Toda logro personal y profesional.

Y hoy quiero celebrarlo de la mejor forma, ¡con un nuevo artículo! En concreto, con un tema que llevo mucho tiempo guardado en borrador pero que considero clave para quienes, como yo, disfrutamos escribiendo: la elección del titular perfecto para un artículo. Vamos a ello.

titular perfecto

¿Qué es un titular?

El titular es el anzuelo que hará que tus potenciales lectores decidan hacer clic o no cuando lo ven en redes sociales o en Google.

Un buen titular ha de sugerir, no desvelar; ha de generar ganas de más.

Un mal titular puede hacer que un excelente artículo pase inadvertido. De la misma forma que uno que genere expectativas puede volverse en tu contra si el contenido no responde a las expectativas creadas. Esto último, desgraciadamente, es bastante habitual. Es lo que se conoce como clicbait.

Un mal titular puede hacer que un excelente artículo pase inadvertido.

Con el titular de un post de cualquier tipo de blog debemos lograr atraer el interés de los lectores, que sientan curiosidad por saber qué se esconde tras éste. Podríamos compararlo con el “Asunto” en un e-mail marketing.

A continuación voy a explicar una serie de consejos para que nuestro titular despierte el interés y no se pierda en el océano de las redes sociales.

¿Cómo debe ser un buen titular?

Un titular ha de ser inequívoco, concreto, entendible para todos los públicos y alejado del sensacionalismos o crear falsas expectativas.

Al igual que el primer párrafo de un artículo, el titular debe despetar la curiosidad de los lectores, quien con esta información se hará una idea de qué va a encontrar en el artículo.

Es conveniente que no exceda de las 6 palabras y contener lo más importante o de mayor relevancia del artículo, aunque luego en éste se traten otros temas relacionados entre sí. Y no ha de necesitar signos de puntuación como la coma o el punto y coma.

¿Cómo ha de ser el titular perfecto?

  • Corto. Sé breve. Como apuntaba en el epígrafe anterior, que no sume más de 6 palabras. Lo que quieras contar ya lo desarrollarás en el artículo.
  • Una única idea. Habitualmente, y más si buscamos artículos muy completos, en un mismo post se exponen varias ideas. Para el titular debemos elegir una única idea, la más potente. ¡Cuanto más claro sea, mejor!
  • Descriptivo. El titular perfecto ha de describir una información, aunque el tono puede varias, es decir, puede ser irónico, interrogativo, afirmativo, persuasivo…
  • Palabra o expresión gancho. Utiliza expresiones o términos como “Cómo…”, “Los 10…”, etc. En el epígrafe siguiente hablaremos al respecto con más detalle.
  • Adjetivos superlativos. Si puedes, incluye algún adjetivo superlativo: mejores, perfecto, más completa, excelente, increíble…
  • Palabra clave. Si el artículo forma parte de una estrategia de content marketing para potenciar el posicionamiento SEO del blog o página web, es conveniente que en el mismo se incluya la palabra clave que se pretende posicionar.
  • Promesa. ¿El titular ofrece al lector una recompensa o beneficio por su lectura? Si es así, ¡excelente! Destaca claramente cuál es ese beneficio.

10 palabras o expresiones gancho para un titular perfecto.

Las palabras “gancho” son esos “ingredientes” que siempre conviene añadir a un titular para que uno bueno se convierta en uno perfecto. Éstas son algunas:

  1. Secretos/Trucos/Tips. Todos somos curiosos. Y si en un artículo se nos revela algo que hasta la fecha nadie sabía, pues haremos clic para leerlo. ¡Pero recuerda siempre no crear falsas expectativas! Un ejemplo sería: “Cinco trucos que nadie te había contado…” o “Los 3 mejores trucos para…”.
  2. Gratis. Lo gratis siempre vende, aunque resulte paradójico. Si en el artículo ofreces algún contenido gratuito (una guía, un e-book, una plantilla…) seguro que funciona.
  3. Absoluto / Definitivo. Personalmente me parece muy pretencioso definir un artículo como tal siendo que realmente no lo es. Pero hay muchos autores que titulan así sus publicaciones: “La guía definitiva..”. Quizá capte mucho la atención de los lectores, pero deberá ser un contenido excepcional para no defraudar.
  4. Palabras negativas. Aunque podamos pensar lo contrario, los titulares negativo sí resultan atractivos, aunque tampoco conviene abusar. “Los mejores blog de marketing digital que seguramente no conoces” sería un ejemplo.
  5. Errores. Expresiones como “Los errores más habituales…” suelen ser titulares que captan la atención. Por ejemplo, “Los errores más comunes que cometemos en redes sociales”.
  6. Listados enumerados. La fórmula de crear un listado enumerado siempre funciona. “Los 10 mejores…”, “5 libros que…”. Es importante tener en cuenta el número del listado: 3, 5, 10, 25, 50… Números “redondos”. No te quedes en 23 ó 37.
  7. Fácil. Tanto el adjetivo como el adverbio “fácilmente” serian válidos. O en su ausencia, expresiones que denoten sencillez. “Guía para principiantes…” o “… para dummis”. Especialmente aconsejable cuando nos dirigimos a un público poco entendido en la materia.
  8. Acción. Incluye siempre verbos activos que denote acción: conseguir, aprender, buscar, mejorar…
  9. Cómo + infinitivo ó también conocidos como “How to…”. Los titulares que comienzan por “Cómo + verbo en infinitivo” funcionan muy bien porque ofrecen una promesa y en el artículo se explica la solución. Además, suele ser una expresión muy recurrente en las búsquedas orgánicas de Google.
  10. “…antes de…”. Esta expresión genera necesidad de hacer algo lo más pronto posible. “Los 5 lugares que tienes que visitar antes de que acabe el año, “10 libros que has de leer antes de cumplir los 30 años, etc.”.

Todas estas fórmulas pueden combinarse entre sí. Es decir, un mismo titular puede ser un listado enumerado e ir acompañado del adverbio “fácilmente”.

También un buen titular nos puede servir como “asunto” en una campaña de e-mail marketing.

Piensa en SEO cuando redactes un titular

Si tu blog forma parte de una estrategia de posicionamiento SEO, cada artículo deberá estar planteado y redactado en términos de SEO. En este blog encontrarás un artículo con más información al respecto que te resultará muy útil.

Antes de titular analiza cuál es la keyword que más volumen de búsqueda tiene de todas las que vas a trabajar en el artículo. Por ejemplo, si estás pensando en redactar un artículo sobre cómo conseguir seguidores en Instagram, analiza antes qué término o expresión se busca más: ganar seguidores, conseguir seguidores o lograr seguidores.

Text A/B. Prueba qué titular funciona mejor.

Como en cualquier acción de marketing digital, lo mejor es medir, analizar y optimizar. Y en el caso de los titulares, también. No debemos nunca quedarnos con el primer titular.

El titular perfecto es aquel que consigue atraer la atención del mayor número de lectores, y esto lo comprobaremos analizando su CTR.

El titular perfecto es aquel que consigue atraer la atención del mayor número de lectores.

Para ello utilizo la herramienta de difusión de contenido BlogsterAPP. Esta herramienta me permite difundir automáticamente todas las entradas de mi blog, o aquellas que me interesan, en mis redes sociales y asignarles a cada una de ellas hasta 5 titulares distintos.

De esta forma, transcurrido un tiempo – 1 mes por ejemplo – podré saber cuál de los cinco titulares consigue más clics. Y si no es el titular del artículo, tomaré la decisión de modificarlo o no. ¿A que resulta interesante?

Por ejemplo, para este artículo puedo optar por dos opciones:

  • “Cómo escribir el titular perfecto”
  • “Copywriter: Las claves para escribir el titular perfecto”.

¿Cuál funcionará mejor? No lo sabemos. Hagamos la prueba y tomemos decisiones.

También puedes hacer un testeo mediante una campaña de e-mail marketing. Prepara el envío de tu próximo newsletter haciendo una campaña de testing A/B, modificando únicamente el asunto. Aquel envío que logre una mejor tasa de apertura será con el que finalmente nos quedemos.

¿Qué os parece? ¿Soléis darle al asunto la importancia que merece? ¡Os leo!

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martes, 6 de octubre de 2020

Padre rico, padre pobre. Resumen del libro de Robert Kiyosaki

Por: Franck Scipion

Vamos a hablar de educación financiera, y cómo mejor que haciendo una reseña del libro «Padre rico, padre pobre», de Robert Kiyosaki. No es un resumen al uso, sino las principales enseñanzas y lecciones que he obtenido de la obra y cómo aplicarlas en tu vida. Te voy a contar las ideas claves que he ... Leer más Padre rico, padre pobre. Resumen del libro de Robert Kiyosaki

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¿Cómo sé si estoy procrastinando?

Por: Iago Fraga

Tooodos y todas hemos tenido que dejar algo para más tarde alguna vez. Todos. Pero es posible que incluso leyendo estas líneas puedas pensar de fondo en un tema al que no das logrado hincarle el diente y ya pueden pasar los días y las semanas que parece que nunca sabrás si lo estás procrastinando ... Read more

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domingo, 4 de octubre de 2020

Cómo ganar dinero con Facebook de 7 formas distintas

Por: Franck Scipion

¿Quién no tiene una cuenta de Facebook hoy día? Facebook se ha convertido en la gran red social, en la que tienen presencia más de 2.449 millones de usuarios. Casi nada. Hasta los abueletes tienen ya perfil en Facebook. Como emprendedor, esto supone que tienes una gran masa de público a la que dirigirte con ... Leer más Cómo ganar dinero con Facebook de 7 formas distintas

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viernes, 2 de octubre de 2020

GTD®: De decisiones correctas a elecciones adecuadas

Por: José Miguel Bolívar

Hace unos días surgió un debate en OPTIMA LAB sobre si GTD® iba más de hacer «lo correcto» o «lo adecuado». Yo diría que GTD® va de tomar las decisiones correctas y realizar las elecciones adecuadas.

Estamos ante una diferencia profunda, aunque pueda parecer sutil a primera vista.

Por otra parte, ya sabes que tener claridad de ideas es clave para mejorar tu efectividad personal.

Para tener claridad de ideas necesitas desarrollar antes tu pensamiento crítico, ya que no es algo innato y, por tanto, necesitas aprenderlo y practicarlo.

La claridad de ideas te permite, por ejemplo, diferenciar entre buenas prácticas de utilidad contrastada y consejos bienintencionados de escaso valor.

También es lo que te permite personalizar GTD® todo lo que quieras y sin «romperlo».

En este post vamos a practicar la claridad de ideas analizando las diferencias entre «correcto», «acertado» y «adecuado», así como entre «decisión» y «elección».

Tipos de decisiones

Una decisión acertada es la que logra el resultado que persigue.

Las decisiones acertadas pueden ser decisiones correctas o incorrectas.

Una decisión correcta es la que considera todas las opciones y, a partir de la información disponible, se decanta por la mejor opción para lograr el resultado deseado.

Las decisiones correctas pueden resultar decisiones acertadas o desacertadas.

Veamos un ejemplo. Imagina que recibes una herencia. La cantidad es justo la mitad de lo que te falta para terminar de pagar la hipoteca.

Decides irte al casino y jugarte la herencia a la ruleta. Apuestas todo al negro. Hoy estás de suerte y ganas.

La decisión de jugarte la herencia a la ruleta ha resultado ser una decisión acertada. Gracias a ella, ahora podrás cancelar la hipoteca.

Al margen de cualquier resultado, jugarte la herencia a la ruleta es siempre una decisión incorrecta.

Si el resultado deseado era cancelar la hipoteca, la decisión correcta habría sido cancelar la mitad de la deuda aprovechando la herencia.

Creo que este ejemplo ilustra bien la diferencia entre decisiones correctas y decisiones acertadas.

Por desgracia, la mayoría de las personas intenta tomar decisiones acertadas en lugar de correctas.

El problema de esta actitud es que estás permanentemente en manos de la suerte, fuera de tu zona de influencia.

A largo plazo, intentar tomar siempre decisiones correctas arroja resultados incomparablemente mejores que intentar tomar decisiones acertadas.

Decidir frente a elegir

Cuando hablamos de efectividad, decidir y elegir son dos palabras con significado muy distinto.

Decidir es un proceso analítico y consciente gestionado por el Sistema 2.

Elegir es un proceso intuitivo e inconsciente gestionado por el Sistema 1.

Las decisiones se evalúan en relación al resultado que persiguen y a su propósito.

Como decía Peter Drucker, «eficacia es tomar las decisiones correctas».

Las elecciones se evalúan en relación con los 6 niveles de perspectiva.

Las decisiones son buenas o malas de forma objetiva. Dependen de cómo de orientadas estén a la consecución del resultado.

Las elecciones son buenas o malas de forma subjetiva. Dependen de cómo de coherentes sean con los 6 niveles de perspectiva de cada persona.

Decisiones correctas y elecciones adecuadas

Cualquier persona puede evaluar las decisiones de otra.

Solo necesita saber cuáles son los resultados deseados y las opciones disponibles. Es un proceso lógico de análisis y comparación.

Por el contrario, nadie está capacitado para evaluar las elecciones de otra persona. Solo la propia persona.

Una elección es adecuada cuando es coherente y está alineada con los niveles superiores de perspectiva de la persona (propósito y valores, visión, metas y objetivos, áreas de enfoque y responsabilidad).

Considerando lo anterior, decir que GTD® va de hacer las cosas correctas es, en mi opinión, una afirmación imprecisa.

En GTD®, todo lo que haces es, en realidad, resultado de dos pasos distintos, que además tienen lugar separados en el tiempo: Aclarar y Ejecutar.

Aclarar consiste en tomar decisiones correctas. Ejecutar consiste en realizar elecciones adecuadas.

Recuerda que, al Ejecutar, no solo consideras el contexto, el tiempo disponible y la energía disponible, sino también la prioridad, que viene definida por tus 6 niveles de perspectiva.

En un sentido estricto, GTD® va de realizar elecciones adecuadas, ya que es la elección la que determina la acción.

Ahora bien, para que esas elecciones tengan opción a ser consideradas adecuadas, necesitan realizarse sobre opciones que sean en sí mismas resultado de decisiones correctas.

Por eso, lo que mejor refleja la realidad es decir que GTD® va de realizar elecciones adecuadas a partir de decisiones correctas previas.

O, lo que es lo mismo, de ir de las decisiones correctas a las elecciones adecuadas.

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