domingo, 20 de noviembre de 2016

OPTIMA3 y la «ventana óptima de efectividad»

Por: José Miguel Bolívar

En un entorno en el que, por definición, siempre hay más trabajo para hacer que tiempo para hacerlo y en el que, para complicar aún más las cosas, la contribución de valor de cada cosa que haces es desigual, una de las claves de la efectividad es aprender a decidir mejor.

Cuando hablamos de decidir qué hacer y qué no hacer, o de qué hacer en cada momento, los procesos de toma de decisiones de la mayoría de las personas dejan mucho que desear.

El motivo es sencillo. «Decidir bien» es una competencia que se tiene que aprender. De lo contrario, seguiremos decidiendo según los impulsos caprichosos de la parte más irracional de nuestro cerebro, es decir, seguiremos decidiendo casi siempre mal.

El coste de decidir mal es enorme, no solo por la frustración que produce, sino porque las malas decisiones llevan un gran coste de oportunidad asociado. Esto significa que, cuando ejecutas una mala decisión, además de frustarte, contribuyes con un valor inferior al que podrías contribuir si hubieras tomado una buena decisión.

Nadie dice que esto sea fácil. Aprender a decidir bien lleva tiempo, porque decidir bien exige pensar antes de hacer y exige hacerlo siempre, de forma sistemática. Además, para que esto sea sostenible, hay que convertirlo en un hábito.

Tenemos muchas cosas por hacer pero probablemente habrá bastante diversidad entre ellas. En algunos casos, por ejemplo, será imprescindible contar con bloques de tiempo continuo amplios para poderlas hacer de manera eficiente. En otros casos, sin embargo, podremos completarlas en pocos minutos. Del mismo modo, algunas de ellas serán intelectualmente exigentes, requiriendo «frescura mental» para poder ser abordadas de forma óptima. Otras, por el contrario, podrán llevarse a cabo de manera casi automática, por su simplicidad.

Desde otra perspectiva, algunas podrán ser completadas de una sola vez, mientras que otras requerirán trabajar sobre ellas de forma sostenida durante un período de tiempo. Unas requerirán interaccionar con personas y otras las podrás hacer tú de forma autónoma e independiente. En algunos casos, necesitarás una herramienta concreta para poder llevarlas a cabo y, en otros, tendrás que estar en un lugar concreto para ello.

Contar con un sistema de organización personal fiable, y que a la vez te ayude a decidir bien, es muy importante, pero lo es mucho más desarrollar una serie de hábitos productivos. Sin los hábitos necesarios, ninguna herramienta es suficiente.

GTD® ofrece una metodología contrastada y avalada científicamente que te ayuda, si realmente la aplicas, a gestionar tu atención de manera altamente eficiente. Por eso se ha convertido en el nuevo estándar en productividad personal.

Con GTD® podrás «estar a lo que estás», con la confianza de saber que tienes todo bajo control y cuentas con un sistema para mantener a raya las interrupciones, tanto las externas como las internas. GTD® también te ayuda a tener la confianza de que estás haciendo en cada momento lo que tienes que estar haciendo, pero en este campo aún queda recorrido, probablemente porque, cuando surgió, la necesidad de dejar cosas sin hacer era menos imperiosa que ahora.

OPTIMA3® se construye a partir de los principios de GTD®, en un esfuerzo por contribuir a que esa claridad sea aún mayor, y lo hace proporcionando herramientas concretas para tomar decisiones que te hagan altamente eficaz.

Porque, más allá de «fluir», de «estar a lo que estás», se trata de fluir en una «ventana óptima de efectividad», uno de los conceptos centrales de la metodología OPTIMA3®.

Cada cosa que tienes que hacer tiene su propia ventana óptima de efectividad. Esto significa que hay un momento óptimo para empezar a hacer cada cosa y un momento óptimo para dejar de seguir trabajando en ella. Parar antes o después de este momento óptimo conllevará una chapuza o un despilfarro respectivamente. Y, por último, si eso que tienes que hacer no es directamente «tachable», necesitarás trabajar sobre ello durante un tiempo, siendo imprescindible en ese caso que lo hagas bien, sin apresuramientos absurdos ni «atracones» de última hora.

Trabajar en la ventana óptima de efectividad es muy sencillo:

  • Empezar cuando hay que empezar, ni antes, ni después.
  • Trabajar en las cosas el tiempo que hay que trabajar, ni más, ni menos.
  • Trabajar en las cosas de forma sostenida, desde el principio, «sin prisa pero sin pausa»
  • Trabajar siempre «estando a lo que estás».

Como ves, nada que no supieran nuestras abuelas, solo que a día de hoy es imprescindible aprender a trabajar así.

Parece evidente que trabajar todo el tiempo en las ventanas óptimas de efectividad es un reto difícilmente alcanzable. Lo normal es que haya ocasiones en que podamos hacerlo y otras en las que resulte realmente complicado. Aún así, tomar conciencia de que – para todo lo que hacemos – existen estas ventanas óptimas de efectividad e intentar trabajar en ellas siempre que sea posible, supone una diferencia espectacular con relación a no hacerlo. Y, sobre todo, dejar de «echar balones fuera» y centrarnos en nuestro «círculo de influencia», es decir, en lo que sí está en nuestra mano hacer.

La complejidad creciente, la información que llega a raudales y las interrupciones constantes van a seguir ahí, tanto si nos gusta como si no. GTD® y OPTIMA3® ofrecen soluciones probadas para afrontar con éxito esta nueva realidad en la que nos toca vivir. Ahora, la elección es tuya. Puedes elegir quejarte. Puedes elegir resignarte. Y también puedes elegir hacer algo útil y aprovecharlas.


Porque tienes que preocuparse por la eficacia personal

Por: David Torné

Consciente o inconscientemente equiparemos productividad a “gestión del tiempo”. La programación intensiva de la jornada de trabajo, segmentándola para dedicar cada capsula de tiempo a una tarea. Un concepto propio de la era industrial donde vivíamos en un entorno estable y las responsabilidades estaban bien definidas. Nada que ver con los entornos VUCA en los que estamos inmersos.

El tema responde a una necesidad, a un problema gestado en silencio y que cada vez es mayor. No se trata de organizarse o de obtener resultados va de tu bienestar.

Asociamos productividad a producir más y mejor. Trabajar más, asumir más responsabilidades, algo cercano a la definición economicista de obtener el mayor valor con el menor número de recursos invertidos.

Productividad suena a trabajo y no mola, no engancha, no genera un interés en el gran público. No motiva a saber más sobre el tema.

La productividad está más cerca de términos como conciliación que producción.

Hacer las cosas adecuadas para crear un estilo de vida que equilibrado y a la vez que nos aleje del estrés.

Tenemos un problema y no nos damos cuenta

Sentirse sobrepasado de forma continuada, vivir en continuamente con sentimientos de frustración o en un estado permanente de mal humor, por no hablar del estrés o de la fatiga acumulada durante la semana …

¿Quién no lo ha vivido? Puedes vivirlo de forma puntual y retornar a una rutina calmada. Se convierte en un problema cuando el estado descrito pasa a ser lo habitual.

Quizás es uno de los síntomas, tal vez sean varios, cada uno de nosotros es un mundo aparte pero con un diagnóstico común. Hay algo en mi vida que no funciona. Pero no somos capaces de llegar a esta conclusión. ¿Por qué?

Porque miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta de que todo el mundo está igual. La anomalía se ha convertido en una nueva normalidad, hemos convertido el estrés y la insatisfacción en el estilo de vida más común de nuestra época.

Para solucionar un problema primero tienes que ser consciente de que lo es.

¿Cómo hemos llegado aquí?

Vivimos en un mundo de cambio permanente, liquido e hiperconectado. No nos hemos adaptado a la nueva realidad. Ni los nómadas digitales ni los llegados a él por inmersión.

La tecnología no es el problema, es el medio que marca la nueva realidad. El cambio constante, la volatilidad … No tienes un plan para toda tu vida porque no lo puedes tener. En un mundo líquido ya no hay nada seguro y eso genera desasosiego.  No nos gusta perder el control.

No poder crear un plan detallado a largo plazo porque no sabemos cómo será este largo plazo

A nivel micro la conexión continua a la red favorece un debilitamiento de la capacidad de atención abriendo la puerta a interrupciones constantes y el arraigo de malos hábitos que ralentizan o detienen el flujo de actividad.

Menos foco en lo que haces y mayor intermitencia equivale a una menor calidad en los resultados y un mayor estrés.

Por no hablar de la incidencia en la salud del individuo. La exposición continua a la luz azul de las pantallas disminuye los niveles de melatonina en el cuerpo, afectando al ciclo de sueño y descanso. ¿Cuántas horas duermes al día? ¿Te levantas descansado?

¿Y qué hacemos?

  • Ser conscientes del problema. El entorno de angustia y agotamiento en el que vivimos no es normal, entenderlo nos moviliza para encontrar una solución. Pasamos a un estado proactivo, de acción.
  • Entender la efectividad personal como una mejora de la calidad de vida. Una vía para retomar el control de nuestra vida ordenándola y equilibrándola.
  • Interesarnos por las fuentes de conocimiento que surgen a nuestro alrededor. Blogs, libros, seminarios, cursos … que hablen sobre eficacia para seguir aprendiendo.
  • Llevarlo a la práctica empezando por cambios a pequeña escala. Empieza por detalles, pequeños puntos de fricción de tu rutina que la dificultan o la perjudican. Con pequeñas victorias ganas seguridad.

¿Y yo que hago?

Continuar escribiendo y divulgando para transformar la creencia de que productividad personal tiene más que ver con el rendimiento de la persona que con su calidad de vida. Crear una oferta de contenido para intentar captar el interés del lector y generar demanda.

Un cambio a nivel de sociedad implica un cambio de cultura. La suma de cambios individuales, la visualización del problema, ser consciente de la existencia de otra forma de hacer las cosas puede crear oportunidades para un cambio de mentalidad más amplio.

Cada vez hay más gente que escribe, habla y trabaja para mejorar la eficacia personal de las personas. Semestralmente algunas de estas personas nos reunimos en el evento #cafeyproductividad para intercambiar ideas. Este artículo quiere transmitir algunas de las ideas aallí debatidas


jueves, 17 de noviembre de 2016

Por favor, ¿podemos dejar de hablar de VUCA?

Por:

En los últimos años he leído cada vez más artículos que hablan del concepto VUCA.

El artículo que comparto hoy, escrito por Alberto Almoguera me ha hecho reflexionar sobre este tema. ¿De verdad el problema es tan grande?

Y cuando me refiero a entorno, me refiero a todo tipo de entornos. En mi sector, el entorno es muy VUCA […] y es este hecho lo que hace que mi día a día laboral también sea VUCA. Y este es un hecho que sin duda es válido para muchos sectores. Es una de las consecuencias que tiene vivir este proceso de transformación digital.

La verdad es que nunca me ha gustado el término VUCA. Creo que tomar un concepto que describe una situación extrema de batalla en una guerra y aplicarlos al entorno laboral es una exageración bestial.

Personalmente prefiero hablar de entornos liquidos cuando se trata de situaciones que están en un constante cambio.

La parte que más me interesa del artículo son las preguntas al final del post:

¿Vivís en un entorno VUCA? ¿Es posible vivir en entornos estables hoy por hoy? ¿Existen? ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

¿Si vivo en un entorno VUCA? Yo diría que en mi caso la respuesta es claramente «No».

Me ha hecho gracia leer en el mismo artículo la afirmación que:

Los entornos de trabajo predecibles y más o menos estáticos en los que trabajaban nuestros abuelos pertenecen al pasado

Porque justo nuestros abuelos sí han vivido en tiempo de guerra. Es verdad que seguramente el contenido de su trabajo no ha cambiado demasiado durante sus vidas, pero muchos han tenido que arriesgar su vida sólo para poder llegar a la fábrica. ¿Y tú te quejas de un poco de incertidumbre en tu trabajo?

Nunca en la historia de nuestra planeta había tan pocos conflictos armados. Gracias a las avances médicas vivimos más años que nunca. Y nunca antes había tan poca pobreza,1 aunque quizás justo antes de la última crisis económica ha sido el único momento menos VUCA que hoy.

Ya lo he dicho antes, no me gusta hablar de VUCA, prefiero hablar de entornos líquidos. Por eso quiero cambiar la pregunta original de Alberto y contestar la pregunta “¿Vives en un entorno líquido?”

Si miro atrás a los trabajos que he hecho, veo claramente que mi propio entorno laboral es cada vez menos liquido.

Mi primer trabajo — con contrato temporal — en un helpdesk fue muy caótica. Mi trabajo era literalmente ‘apagar fuegos’ y reaccionando a lo que los usuarios me explicaban. Liquidez total.

Luego me he dedicado a gestionar grandes sistemas informáticos para empresas multinacionales. En general un trabajo más estable, mientras todo funcionaba bien, pero siempre estaba 24 horas al día ‘stand-by’ para solucionar problemas.

Después venían mis funciones como responsable de proyectos y como comercial. Con cada cambio, mi entorno ha sido un poco más estable hasta llegar a mi situación actual como mentor y formador en la productividad personal. En la actualidad, mi trabajo es muy predecible, porque soy yo quien ha creado este entorno. Habitualmente sé con exactitud cómo será el 90% de mi semana laboral. Es el entorno menos líquido en que he estado durante toda mi vida.

Mirando a mi propio ejemplo y lo que sé sobre la historia, sólo puedo concluir que todo depende de tu situación personal. Existen trabajos que ya desde hace siglos son líquidos, como, por ejemplo, los médicos de urgencias en un hospital.

También he detectado que la causa de tanto liquidez es, en muchos casos, una falta de visión, objetivos claros y comunicación efectiva dentro de la propia organización. En casi todos los sectores es posible encontrar empresas que están haciendo las cosas bien y que avanzan con mucho tranquilidad. Nada de VUCA.

¿Es posible vivir en entornos estables hoy por hoy? ¿Existen?

No creo que existen entornos 100% estables, ni han existido nunca. Hacer un trabajo implica — por definición — aplicar cambios a tu entorno. Trabajar es mover cosas.

Es posible que algunas personas sientan que su entorno es menos estable que antes. Quizás es verdad o quizás es porque solo nos fijamos en los recuerdos felices del pasado.

Al final, hablar del grado de liquidez — o VUCA — de tu entorno no aporta nada. Hay que saber que tu cerebro no es VUCA.

Da igual como de líquido es tu entorno, porque tu manera de actuar debe ser lo mismo en cualquier entorno: hay que parar un momento para reflexionar sobre qué debes hacer, y luego hay que enfocarte 100% en lo que estás haciendo. Una vez acabado puedes volver a evaluar cómo han cambiado las cosas y cómo debes continuar. Así lo hemos hecho siempre…

VUCA o no, tu lo decides.

∞

  1. No saber si hoy podrás comer es lo que genera incertidumbre de verdad. ↩

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cómo fijar tu primera tarifa como freelance y multiplicar tus precios convirtiéndote en el profesional más deseado de tu sector

Por: Franck Scipion
primera tarifa freelance

Una de las dudas más habituales de un freelance que se lanza al mercado laboral es saber cuánto debe cobrar.

Siempre el eterno problema. No quieres ser caro porque eso implicaría perder clientes, pero tampoco quieres pasarte de barato y regalar tu trabajo.

¿Dónde está el punto intermedio? ¿Existe una respuesta exacta a esta pregunta?

Por desgracia no hay una fórmula mágica para saber cuál es el precio exacto que debes aplicar, pero sí que existen 3 formas de calcular la tarifa de un freelance. Fórmulas muy distintas pero que te van a dar las bases necesarias para que puedas fijar tus precios con criterio.

¿Quieres saber cuál es la tarifa exacta según tu momento y aprender a revalorizar tu marca y tus precios?

Entonces, este es tu post.

¿Cómo calcular mi tarifa de freelance?

Lo primero que hay que tener claro es que no existe una fórmula infalible y que te vas a encontrar tarifas que se basan en creencias de lo más variopintas. Fíjate en algunos de los perfiles que yo he identificado:

  • El principiante: por miedo a la negativa del cliente se autocondena poniendo unos precios bajísimos. Muy habitual cuando se empieza a vender servicios.
  • Me da igual todo: “yo tengo mi tarifa y me da igual no haberla cambiado en años o lo que diga el mercado”. Se entiende, ¿no?
  • No subo ni un céntimo: ya tienes unos clientes que te pagan “x” dinero y no sabes cómo cobrar más.

Como te habrás imaginado, aunque estas 3 situaciones son muy habituales, ninguno de estos perfiles es correcto.

¿Qué hacer entonces para saber qué tarifa aplicar?

El primer paso es ver los métodos tradicionales de fijación de precio.

#1 En función del mercado

La primera forma de establecer tu tarifa de freelance es basarte en las prácticas normales y los promedios de tarifas de tu industria.

De este modo, una forma segura de establecer tu tarifa es empezar con el precio medio del mercado en función de tu experiencia. En cuanto te empiecen a contratar podrás validar si el mercado está conforme con la tarifa que has puesto.

No obstante, al establecer tu tarifa de esta forma siempre te quedará la duda de saber si podrías haber facturado algo más. Así que sigue leyendo.

#2 En función de tus necesidades o estilo de vida

La segunda forma de hacer el cálculo es al revés. En vez de pensar en lo que el mercado te puede llegar a pagar, fijas tu tarifa según lo que tú necesitas ganar para poder tener el lifestyle que quieres.

Con este planteamiento, lo primero que tienes que ver es cuáles son todos los gastos que conllevaría desarrollar ese estilo de vida.

Imagínate que haces el cálculo y sabes que necesitas unos 3.000 euros al mes. Esa cifra deberás dividirla entre el número de horas que deseas hacer a la semana.

Aquí ya entran en juego cuáles son las prioridades de tu vida.

Tal vez estás dispuesto a trabajar muchas horas a la semana, por ejemplo 50 horas. Sin embargo, otros preferirán disfrutar un poco más de la familia y puede que le dediquen 30 horas.

Dividimos entonces para ver cuál sería la tarifa que deberías cobrar:

  • 3000/200= 15€/hora
  • 3000/120=25€/hora

Ten en cuenta que en este planteamiento no he incluido los impuestos que tendrías que pagar, pero no los olvides ya que supondrán un buen mordisco a estos cálculos iniciales.

Si no eres de los que les gusta hacer números, te recomiendo que visites la calculadora freelance de Laura López.

calculadora_freelance

Con esta aplicación podrás ver de forma real los ingresos que necesitas generar para poder tener el estilo de vida que sueñas. Solo tienes que introducir  los datos (te va dando referencias) y la calculadora te dirá cuánto debes cobrar por hora.

#3 Que compitan por ti

La tercera forma de calcular tu tarifa de freelance no se basa en lo que el mercado está acostumbrado a pagar, ni en lo que son tus gastos mensuales.

Esta se puede aplicar cuando ya te has ganado un hueco en el mercado y has conseguido posicionar tu marca como un referente en tu sector. Aunque esto suele suceder con el paso del tiempo, tampoco está de más que seas consciente.

Después de unos años de trabajar como freelance y teniendo una reputación intachable, lo más probable es que haya muchos clientes que compitan por contratarte. Pero como digo siempre, la gran maldición de la venta de servicios es que no es un negocio escalable.

El día tiene solo 24 horas y tú necesitas dormir, comer, tener vida, etc.

Este caso es el ejemplo típico de cómo los precios ascienden cuando hay más demanda que oferta. Pero como en todo, siempre hay un techo.

No obstante, no es raro toparse con gente que factura 150, 200 y hasta 500 euros la hora. Pero no te frotes las manos antes de tiempo, esto siempre va en función de cómo hayas posicionado tu marca, el sector en el que te mueves y la cartera de clientes que tengas.

Y entonces, ¿qué tarifa debo establecer?

Si estás arrancando en tu actividad, lo mejor es que comiences con una tarifa un poco más baja que la del mercado. Así conseguirás atraer clientes aunque todavía no tengas un nombre.

Cuidado, un poco más baja, es un POCO más baja. No tires tus precios por los suelos ya que eso no es ventajoso en ningún sentido:

  • Estás dañando al mercado ya que estás devaluando los precios.
  • Un precio muy reducido se percibirá como un síntoma de mala calidad.
  • Puedes posicionar tu marca como “barata” lo que supondrá que luego te costará mucho subir los precios.
  • Si pretendes comer todos los días tienes un problema.

Cuando ya empieces a trabajar, con cada nuevo proyecto aumenta tu tarifa entre un 5% y un 10%. Con esta dinámica llegarás a un punto al que se le puede denominar “zona de resistencia”.


Al tirar por los suelos tus precios solo consigues devaluar el mercado
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Esto significa que habrás llegado a una tarifa en la cual tus clientes empiecen a rechazar tus propuestas.

Este punto es una zona estable en la que quizás convendría dejar de subir tarifas. Incluso es conveniente que las bajes un 5% para ganar estabilidad y quedarte en este nivel durante una temporada.

Pero desde luego, este todavía no es tu techo.

Cómo convertirte en el experto más sexy de tu nicho y duplicar tu tarifa

Como vimos antes, solo podrás alcanzar la máxima rentabilidad en tus servicios cuando consigas ser un profesional codiciado. Con el tiempo y tu trabajo conseguirás posicionarte como un experto en tu sector, lo que hará que cada vez sean más los clientes que llaman a tu puerta.

Y eso, como no, implica subir tu tarifa.

Veamos cómo puedes revalorizar tu marca para convertirte en el especialista más solicitado. Además, esto es aplicable a cualquier experto del sector del conocimiento. Da igual que seas diseñador, programador, coach, redactor o fotógrafo… El proceso siempre es el mismo.

1. Especialización

Grábate esta frase a fuego en tu memoria: “sin especialización no hay paraíso”.

Un mal endémico en el colectivo de los freelance es terminar haciendo un poco de todo. ¿Te suenan estas situaciones?

  • Soy diseñador, pero me han pedido hacer una pequeña programación en una web y he aceptado.
  • Soy copywriter, pero me han pedido que configure una campaña en Mailchimp y he aceptado.
  • Soy programador, pero me han pedido crear una estrategia SEO y he aceptado.

Todo los días me encuentro con situaciones similares y esto no puede ser.

Si quieres subir tus tarifas necesitas especializarte sí o sí. Ten en cuenta que tus clientes, cuando valoran contratar un servicio, se fijan en 2 cosas:

  • Quién les hará vender más.
  • Quién les da las mayores garantías posibles de que su trabajo les hará vender más.

Me explico. Imagínate que un deportista está buscando un diseñador para su web y se encuentra con estas 2 opciones:

  • Un diseñador con una tarifa normal.
  • Un diseñador especializado en deportes y que le cobra más.

Si la tarifa del segundo entra dentro de su presupuesto, le normal es que le contrate a él ya que entenderá que rentabilizará antes y mejor su inversión.

También, al estar especializado, el cliente entenderá que conoce mejor los obstáculos que existen en su sector por lo que su servicio será más efectivo.


Al especializarte ofrecerás al cliente más garantías de que tus servicios le harán vender más
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La especialización también te hará ser más productivo, lo que de forma indirecta también implica una mayor rentabilidad. Ganarás en eficiencia por 4 motivos:

  • Al ofrecer unos servicios muy concretos cada ver mejorarás más en su ejecución y en el tiempo que tardas en desarrollarlos.
  • Un mejor resultado implica clientes más contentos.
  • La práctica te hará desarrollar un método más eficaz.
  • Conocerás tanto las demandas de tu sector que podrás automatizar algunas gestiones y tener preparadas plantillas que te harán ganar tiempo.

Deja de pensar que especializarte es cerrarte puertas. No hay mayor error que ese a la hora de vender servicios.

2. Crea un blog

Un blog es una de las armas más poderosas que tienes a tu alcance como freelance, ya que es el lugar ideal para mostrar al mundo tu trabajo y tus valores como profesional.

Ya no hay sectores sin competencia y, por lo tanto, cobra gran importancia el hecho de que desarrolles tu marca y ganes visibilidad. Y qué mejor manera de hacerlo que mostrar al mundo tu trabajo desde tu blog.

Además, ahora no solo importa el “qué”, sino también el “cómo”. Este “cómo” es tu manera de aportar valor añadido a tus servicios. Te doy ideas:

  • Ofreciendo sesiones de Skype para explicar al cliente cómo sacar el máximo provecho a tu servicio.
  • Actualizaciones del servicio con descuento.
  • Informar en todo momento de cómo va el proceso.
  • Ofrecer ideas de cómo puede mejorar tu negocio en otros ámbitos.

Muchas personas no solo contratan al profesional, sino también a la persona que hay detrás. Por eso el “sobre mí” es siempre una de las páginas más importantes de un blog.

3. Que las apariencias no engañen

Para vender tus servicios por Internet y convertirte en un profesional codiciado tienes que posicionarte como un experto en tu sector. Tienes que ganarte el reconocimiento y respeto del mercado.

Sin duda, todo empieza por ofrecer un trabajo impecable y que tus propios cliente vayan creando “tu leyenda” gracias al boca a boca. Fíjate en esta frase:

como calcular mi tarifa como freelance

Da igual que crees una web espectacular y que contrates a un redactor para que escriba los contenidos en tu nombre. En cuanto llegue la hora de la verdad y tu trabajo no sea el esperado, caerás con más fuerza de la que has subido.

4. Júntate con los grandes

Usar testimonios de tus clientes siempre es una forma de mostrar pruebas reales de cómo es trabajar contigo y hará que una persona se sienta más confiada de cara a pagar una tarifa más alta de lo normal.

Pero otra estrategia que te hará ganar ganar credibilidad es que tu nombre se asocie a influencers de tu sector. Para conseguirlo puedes aplicar distintas estrategias:

La autoridad en Internet es contagiosa. Si consigues que algún influencer te abra las puertas de su blog te transmitirá parte de tu autoridad y posicionamiento.

5. Servicio de atención al cliente delicattesen

Muchos bloggers cometen el error de pensar que su trabajo solo consiste en entregar un gran trabajo en fecha y hora. Y eso es una visión muy parcial de todo lo que implica ofrecer un servicio como freelance.

En todo momento es clave que mantengas un trato excelente con los clientes. Hay muchos autónomos muy buenos técnicamente, pero que descuidan a los clientes en el proceso. Ejemplos de esto es no responder a las llamadas o tardar varios días en contestar a un email (o incluso no responder).

Aunque tu negocio sea unipersonal, eso no implica que no debas respetar las reglas más básicas. Y si hay una norma fundamental en el mundo de los negocios es que los clientes son lo más importante en todo momento.

5. Vende lo que aportas y no tus horas

He dejado para el final la que creo que es una o la cuestión más importante a la hora asignar tu tarifa como profesional. Me refiero a tener claro que cuando justifiques el precio de tu tarifa no lo hagas en relación a las horas que vas a tardar en desarrollar la tarea.

Aunque puede tener su lógica en un principio, terminarás cayendo en un círculo vicioso.

Con el tiempo y la práctica cada vez ganarás más rapidez a la hora de realizar un servicio. ¿Eso implica que debes cobrar menos por ello cuando el resultado es igual o mejor que cuando tardabas más?

No tendría sentido.

Tu precio debe basarse en los beneficios que vas a aportar a tu cliente. En cómo gracias a tu trabajo va a mejorar sus resultados. Tus clientes tienen que entender que el dinero que te pagan es una inversión para mejorar sus resultados.

Si el único valor que ofreces en tu trabajo es tu tiempo, antes o después aparecerá alguien que le ofrezca esas mismas horas por un precio más reducido. Y eso implica decir bye, bye cliente.


Tu precio como freelance debe basarse en los beneficios que vas a aportar a tu cliente
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¿Y tú cómo calculas tus tarifas?

En este post te he volcado las 3 formas más habituales que se suelen utilizar para fijar precios, pero eso no significa que sean las únicas. Hay freelances que usan otras estrategias como estas:

  • Un precio base al que se le pueden ir sumando extras.
  • Distintos precios dependiendo de si el cliente le va a ofrecer un trabajo regular o puntual.

Maneras de asignar precios hay muchas, por lo que me gustaría que compartieses en los comentarios cómo lo haces tú.

Cuéntame los errores que has cometido, si has tenido clientes que te hayan rechazado por pensar que tus tarifas eran caras o si has tenido la sensación de que pedías bastante menos de lo que deberías.

Fotografía: Businessman holding diagram with Scales in equal balance holding a clock left on the and money on the right (Shutterstock)

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martes, 15 de noviembre de 2016

5 categorías básicas para organizar tu trabajo

Por: Jerónimo Sánchez

Cinco coloresDe manera más o menos intuitiva, parece que todo el mundo entiende que es necesario apuntar las cosas si queremos organizarnos mejor. Mantener las cosas en la cabeza no es una buena idea, entre otros motivos porque nuestra memoria a corto plazo, la que utilizamos para trabajar, tiene una capacidad muy limitada. A poco que tengas necesidad de recordar uno cuantos asuntos, trabajar de cabeza implicará necesariamente olvidos y, por ende, estrés y frustración. De ahí la necesidad de construir una «mente extendida» fuera de la cabeza, que te ayude a llevarle la pista a todas esas cosas sin que explote tu cerebro.

Sin embargo, una cosa es apuntar las cosas, y otra muy distinta es apuntarlas de manera eficiente. La mayoría de las personas consigue crear una lista de tareas más o menos fácilmente, aunque casi siempre suele estar incompleta y fragmentada entre libretas, post-its, etc. El resultado es que, a pesar de tener una lista, nunca terminan de sentirse seguros de estar haciendo lo correcto, ya que raramente pueden tener una visión de conjunto de todo el panorama, que les permita elegir la mejor opción de qué hacer en cada momento.

Por si esto fuera poco, las listas de la mayoría de las personas no son listas de tareas —aunque a ellos les parece que sí—, sino listas de cosas mezcladas de distinta naturaleza, que incluyen tareas, pero también información, ideas, notas, etc. El problema con esta «mezcla» es que obligas a tu cerebro a hacer un esfuerzo extra de análisis cada vez que revisas la lista a la hora de elegir qué hacer. Y el cerebro, que está diseñado para ahorrar energía, acaba desistiendo. Esta es la razón por la que casi todo el mundo usa las listas de tareas tradicionales solo durante unos pocos días, y luego termina abandonándolas —hasta que llega la siguiente crisis y vuelve a hacer una nueva lista.

Conseguir un sistema de organización funcional requiere implementar un flujo de trabajo que te permita sacar de la cabeza las cosas antes de que se conviertan en una distracción, y después aclararlas y separarlas por significado. Separar las cosas que hay que hacer según su naturaleza es la única manera de que las listas sean realmente útiles a la hora de tomar decisiones, como por ejemplo cuando nos preguntamos «ahora que he terminado esto y dadas mis circunstancias actuales, ¿qué es lo mejor que puedo hacer a continuación?». Responder a preguntas como esta con una lista de tareas incompleta, fragmentada o heterogénea, como la que tiene la mayoría de personas, es muy ineficiente.

En este sentido, la metodología de productividad personal GTD, desarrollada por David Allen, no hace más que reconocer esta realidad y proponer una forma de trabajar mucho más efectiva basada en listas. Por mas que nos gustaría mantener un sistema de organización más simple, la verdad es que cualquier sistema de listas mínimo viable debe contemplar al menos las siguientes cinco categorías:

  1. Siguientes acciones: todas las cosas que tienes que hacer tú personalmente, lo antes posible, expresadas de la manera más visual posible —por ejemplo, «imprimir», «escribir», «llamar», etc. Puede que tengan o no fecha de vencimiento, pero todas tienen en común que debes hacerlas tú, y que tienes la posibilidad de hacerlas ya, si se dan las circunstancias adecuadas.
  2. Acciones con fecha: todas las cosas que debes hacer tú porque te has comprometido con otros a hacerlas en un día u hora determinada —como citas, reuniones, etc. Generalmente, estos compromisos van en el calendario. Separar lo que tienes que hacer en un día concreto de las cosas que puedes hacer en cualquier momento mejorará tu capacidad de enfoque. Por ejemplo, si aún no puedes presentar la declaración de la renta, ¿para qué quieres estar viéndolo todo el tiempo en tu lista?

  3. Acciones a la espera: todas las cosas que has delegado y tienen que hacer otros lo antes posible. Separar las cosas que tienes que hacer tú de las que tienen que hacer otros es necesario para poder dar seguimiento a los asuntos pendientes con más eficiencia, y eliminar ruido de tu lista de siguientes acciones.

  4. Resultados deseados: todas las cosas que aún están pendientes de cerrar o constituyen temas abiertos. Dado que muchas cosas no se pueden dar por zanjadas con una sola acción o en una sola sentada, es necesario mantenerles la pista en algún lado —esta lista— para que no se atasquen. Revisar esta lista regularmente nos permitirá añadir acciones en alguna de las tres listas anteriores para seguir avanzando.

  5. Asuntos incubados: todas las cosas que hemos decidido que pueden esperar. En entornos VUCA como los que tiene la mayoría de los profesionales hoy en día, tan importante como decidir qué hacer es decidir qué puede quedarse sin hacer, al menos de momento. Mantener una lista de asuntos «incubados» es la mejor manera de mantener el enfoque en aquellas cosas que requieren atención inmediata, sin distraernos por miedo a olvidarnos de otras que quizá debamos o queramos hacer más adelante.

Cualquier sistema de organización del trabajo del conocimiento que no contemple estas cinco categorías será un sistema subóptimo y, por ende, demasiado simple para los retos que plantea el trabajo del conocimiento. Puedes implementar más de una lista por cada categoría si tu realidad así lo requiere —y GTD te explica cómo hacerlo de manera eficiente—, pero nunca debes eliminar categorías si realmente quieres alcanzar los mejores resultados. Si lo haces, en lugar de simplificar tu sistema lo que conseguirás será un sistema simplista, insuficiente para cubrir de manera óptima tus necesidades.


Estoy moreno porque me pongo al sol

Por:

Una buena dosis de realismo por parte de Raúl Hernández González:

Soy afortunado por tener piernas para caminar, ropa para abrigarme si hace falta y calles y caminos por los que transitar; un privilegiado. “No, me refiero a disponer de tiempo para eso”. Ah, es verdad, el tiempo. Perdonad, a veces se me olvida que la vida me ha sonreído, dotándome de más horas al día que a los demás… No, bromeo, obviamente mis días tienen las mismas 24 horas, los mismos 1440 minutos que los tuyos. La diferencia es que yo he elegido dedicar 40-50 de ellos a estar en la calle, en vez de a otra cosa, porque considero que así mi vida es mejor.

Volvemos a la eterna pregunta: ¿qué haces tu con este tiempo?

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Cómo motivarte para hacer una tarea que no te apetece

Por: Iago Fraga
¿Qué? ¿Te suena o no te suena la situación? Estás en el trabajo o en tu casa, en un momento de esos que dan pereza y aún por encima te toca hacer una tarea que no hay por dónde empezarla. Lo que te apetece realmente es desaparecer y sacarte la tarea de la cabeza pero […]

lunes, 14 de noviembre de 2016

Los hábitos: ¿Qué son y cómo se forman según la ciencia?

Por:

Algún día me gustaría tener la misma capacidad de explicar conceptos difíciles de forma sencilla que Tania Sanz:

tú ya estás haciendo muchos hábitos en tu vida como quitarte los zapatos al entrar a casa, apagar las luces antes de salir, entre muchos otros. Y estos hábitos son realizados de forma automática, y por tanto no requieren mucha atención, esfuerzo o motivación de tu parte.

Por el contrario, tú si necesitas mucha motivación, y esfuerzo para realizar aquellas actividades que no haces de forma automática, es decir que no son hábitos.

¡A cambiar hábitos!

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domingo, 13 de noviembre de 2016

Cómo perder el miedo frente a la cámara y grabar vídeos que mejoren tu conversión hasta en un 80%

Por: Franck Scipion
miedo a la camara

Muchos bloggers sienten auténtico miedo al ponerse frente a una cámara.

No son pocas las veces que he planteado  a un cliente o a un blogger hacer vídeos y la primera reacción ha sido siempre la misma: ¡ni loco!

Tener miedo es normal, somos humanos.

Pero quedarse paralizado y dejarse vencer por el miedo es sencillamente inaceptable. Tampoco es que te estés jugando la vida. Además, si no lo haces tú, lo harán tus competidores y te terminarán robando las visitas, suscriptores y clientes.

¿Crees que no es para tanto?

Entonces, estás muy equivocado amigo mío.

Incluir vídeos en tus contenidos y en tus landing pages puede marcar un antes y un después en tus resultados. Y es que la conversión de una página de venta puede aumentar hasta en un 80% según varios estudios.

Como no quiero volver a oír que alguien no crea vídeos por vergüenza, hoy te traigo un tutorial para ayudarte a afrontar ese miedo irracional a la cámara y aumentar tus ventas.

¿Ready?

3, 2, 1… ¡Acción!

#1 Ver el beneficio te hará perder el miedo

Una de las formas de superar un miedo es visualizar el premio que vas a obtener si eres valiente y das el paso. Cuando te imaginas con tu recompensa sacas fuerzas de donde sea y eres más proclive al sacrificio.

Piensa en las dietas, ¿crees que a alguien le gustan?

Claro que no. Una dieta implica poner a prueba tu fuerza de voluntad y eso cuesta un esfuerzo tremendo. Por lo menos al principio.

Pero esa persona, para motivarse y reafirmar su determinación, se imaginará cómo se verá con esos kilos de menos. Visualizará cómo le quedará la ropa, cómo mejorará su salud y cómo podrá jugar más de 5 minutos con sus hijos sin asfixiarse.

¿Te da vergüenza salir en vídeo?

Cuando tengas claro todo lo que pueden aportarte seguro que te lo replanteas.

Beneficios de incorporar vídeos en tu estrategia de contenidos

Mucha gente piensa que el vídeo marketing es solo una moda y que, antes o después, todo este boom pasará.

No solo no estoy de acuerdo con esta afirmación, sino que además pienso que a los vídeos todavía les falta mucho por crecer. En unos años, el formato audiovisual será algo tan común como el propio texto.

¿Por qué?

Por estos 6 motivos:

  1. Conectas más con tu audiencia: como blogger este debería ser tu principal objetivo. Aparecer en un vídeo hace que tu lectores te conozcan y puedan establecer un vínculo más fuerte contigo.
  2. Te diferencias de la competencia: hay muchas personas que nunca realizarán el esfuerzo de grabar un vídeo. Tienes ante ti toda una ventaja competitiva.
  3. Te posicionas como experto: ver a alguien en vídeo es una sensación parecida a cuando ves a un médico con su bata blanca. Esa bata es como si le diesen superpoderes a esa persona y nos hiciese confiar en ella. A una persona que aparece en vídeo le otorgamos credibilidad de forma inmediata.
  4. Te posicionas en Google: no hay duda de esto, si introduces vídeos en tu blog el buscador te premiará con mejores rankings.
  5. Dispara el CTR de tu email marketing: la conversión de incluir un vídeo en un email puede subir entre un 200 y 300% (aunque las opciones para hacerlo todavía son limitadas).

Pero como te dije antes, por encima de todo hay un beneficio que no puedes obviar:

Con un vídeo la tasa de conversión mejora de forma poderosa: una landing page puede aumentar su rendimiento hasta en un 80%.

Fíjate en este ejemplo de Squeeze Page de Isa & Juanmi de Más y Mejor.

perder miedo a la camara

Más sencillo imposible: Lead Magnet, vídeo y llamada a la acción. No necesitas más para convertir.

Si estás bloqueado y no terminas de tomar una decisión sobre si crear vídeos o no, visualiza estos 5 beneficios e imagina a dónde pueden llevarte en un futuro. No hay excusas para que te pierdas todo lo que te puede aportar el vídeo marketing.

#2 Ten claro a quién te diriges

Siempre estamos hablando de la importancia de definir a tu cliente ideal cuando creas la estrategia para tu blog. Si no sabes a quién te diriges es imposible que comprendas sus necesidades y puedas ayudarle a resolverlas.

Cuando creas el perfil de tu cliente ideal le otorgas muchísimas características:

  • Un nombre.
  • Una cara.
  • Una familia.
  • Un trabajo.
  • Unas preocupaciones.
  • Etc.

Esto lo haces para que, a la hora de escribir, puedas empatizar mejor con tus lectores. Tu cliente ideal es como ese cliente-amigo al que tomando una cerveza le explicas cómo puede mejorar su negocio.

De la misma manera que antes de escribir piensas en tu cliente ideal, antes de grabar un vídeo también lo debes hacer. Saber a quién te diriges te dará mucha tranquilidad.

Ya no estarás grabando un vídeo, estarás ayudando a tu cliente-amigo a mejorar sus resultados. Y ese desparpajo de estar hablando con alguien “que conoces” se verá reflejado en tu posición corporal y en tu lenguaje. Todo se verá mucho más natural.


Antes de grabar un vídeo recuerda que te diriges a tu cliente ideal
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#3 Si preparas tus posts, también tus vídeos

Uno de los errores más habituales que comete un blogger al ponerse frente a la cámara es la falta de planificación. Lo que suele ocurrir es que un minuto antes piensa un poco lo que va a decir y le da al botón de “rec”.

¿Qué ocurre?

En la primera línea va muy bien porque se la sabe de memoria, en la segunda improvisa y en la tercera ya ha perdido el hilo.

Así es imposible que no te dé miedo grabar. Con este método (si se le puede llamar así) cada sesión se convierte en un suplicio porque tienes que repetir la toma una y otra vez.

Piensa en el proceso que sigues con tus contenidos:

Si haces todo esto para escribir un post, ¿por qué lo ignoras a la hora de grabar un vídeo?

Veamos cómo se haría.


Si te preparas para un post, ¿por qué no lo haces para grabar un vídeo?
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Cómo escribir un guion básico

Si no quieres ponerte frente a la cámara y empezar a balbucear, te tienes que preparar igual que para un post. No se pueden hablar 5 minutos de un tirón improvisando. Necesitas un guion.

No hablo de un guion profesional, sino de un documento que te ayude a estructurar lo que vas a decir.

1. Vídeos en 3 tiempos

Antes de ponerte a escribir, tienes que tener claro que todos los vídeos deben seguir esta estructura:

  1. Introducción.
  2. Cuerpo.
  3. Despedida.

Al principio siempre tienes que saludar, explicar quién eres y decir cuál es tu blog. Nunca olvides que cualquiera de los vídeos que hagas podría ser la primera toma de contacto que tenga una persona contigo. Qué menos que saludar y explicar quién eres, ¿no?

Pasa lo mismo con el cierre. Di lo que quieres que haga esa persona cuando llegue el final:

  • Compartir el vídeo.
  • Dejar un comentario.
  • Suscribirse al canal.
  • Entrar a tu blog.
  • Descargarse el Lead Magnet.

El objetivo lo defines tú, pero introduce siempre una llamada a la acción al final del vídeo. Y por supuesto vuelve a mencionar tu blog e introduce una tarjeta de YouTube con un enlace.

Esto también es interesante que lo hagas alguna vez más a lo largo del vídeo. YouTube puede convertirse en una gran fuente de tráfico si conseguimos redirigir todas esas visitas hacia nuestro blog.

2. Guion abierto o cerrado

A la hora de planificar lo que vas a contar puedes emplear 2 estrategias distintas:

  • Guion cerrado: escribes de forma exacta todo lo que vas a decir.
  • Guion abierto: creas un esquema y solo esbozas las idea de lo que vas a contar.

La primera te va a dar seguridad pero también implica aprenderte todo de memoria. Al estar recitando puedes dar el efecto de estar “dando la lección”. Tienes que hacerlo de una forma en la que no te reste naturalidad.

Con la segunda opción ganas en desparpajo porque vas explicando sobre la marcha cada idea, pero también implica más dificultad. Tienes que tener más experiencia y capacidad de improvisación.

Yo te recomendaría que probases ambas y las combinaras.

Al principio puedes usar un guion cerrado para el cuerpo y un guion abierto para la entradas y los cierres. Así irás cogiendo soltura y más adelante te podrás plantear el crear todo el vídeo con un guion abierto.

3. Simplifica al máximo

En un vídeo es mucho más sencillo que la persona se pueda perder, ya que no tiene una referencia visual. Por eso es importante que simplifiques al máximo tu forma de hablar. Utiliza estos 3 trucos para facilitar la comprensión:

  • Utiliza frases cortas y sencillas: evita incluir una frase dentro de otra.
  • Enumera y haz resúmenes: las enumeraciones ayudan a la persona a situarse. Si vas a explicar varios puntos cuando acabes vuelve a mencionarlos todos.  Así ayudarás a la persona a que vea todo con un sentido más global y favorecerás que recuerde mejor la información.
  • Especifica más veces de lo que estás hablando: “el punto número 6 para conseguir visibilidad con tu blog es…”. En un post sería repetitivo, pero en un vídeo ayuda a no perderse, sobre todo cuando estás dando abundante información.

Recuerda que la base de un guion es ayudarte a explicar mejor lo que quieres contar. No intentes explicar demasiado, siempre merecerá más la pena que crees 2 vídeos pequeños que uno inmenso.

#4 Cómo plantarte delante de la cámara

Y ahora sí, ya ha llegado el momento de colocarte delante de los focos y empezar a grabar.

Desde ya tienes que aceptar que los primeros vídeos serán regulares, pero que irás mejorando a medida que adquieras experiencia. Así es la vida amigo mío, todo mejora con la practica.

No obstante, aunque seas un dummie en el mundo audiovisual, tampoco tienes por qué grabar unos vídeos desastrosos al principio. Sigue este Fast Track de vídeo marketing y ya verás como el resultado es mejor de lo que esperabas.

1. Fuera tensión

Cuando te toque darle al botón de grabar lo más probable es que estés nervioso y tenso. Antes de ponerte frente a la cámara, tienes que intentar sacar fuera toda esa tensión ya que se notará en tu posición corporal.

¿Nunca habéis visto a una persona que parecía que se había tragado un palo de escoba?

Eso es lo que hay que evitar. Prueba con estos consejos:

  • Graba los vídeos solo. Al principio hasta te dará vergüenza que te vea tu familia.
  • Bebe agua de forma constante, con los nervios se te secará la boca.
  • Realiza una tanda de estiramientos para relajar la musculatura.

Y si ves que atascas… déjalo. Repetir una toma tras otra solo te generará ansiedad y una ronquera que te durará varias horas.

2. Realiza pruebas para ver el encuadre

El encuadre es la porción o “rectángulo” que va a captar la cámara. Es importante porque un buen encuadre hace que la imagen sea más armoniosa y agradable de ver.

Cuestiones a tener en cuenta:

  1. Plano en el que quieres aparecer: si vas a estar de pie lo mejor es un plano medio (por la cintura) o un plano americano (sobre las rodillas). Si estás sentado con una mesa delante, encuadra de tal manera que se vea la mesa (así se verán tus manos si las apoyas).
  2. Deja aire: se denomina aire al espacio que hay entre tu cabeza y la parte superior del encuadre. Hay que dejar un poquito de espacio para evitar que tu cabeza se vea cortada o pegada al lado superior.
  3. El fondo: los fondos blancos (una pared) favorecen que la persona solo se centre en ti, aunque también tienes la opción de grabarte en tu despacho. Esto se ve más personal y suele gustar a la gente porque le ayuda a humanizarte.

Cuando hayas encontrado ese encuadre, memorízalo o incluso marca la posición del trípode en el suelo. Así las próximas veces que vayas a grabar tardarás menos tiempo en encuadrar.

3. ¿Qué hago con las manos?

Lo de las manos es un problema gordo para muchas personas. Si eres nervioso o hablas moviendo mucho las manos es habitual no saber que hacer con ellas o dónde dejarlas. Además, tu propio movimiento te puede poner más nervioso todavía.

Tienes distintas opciones:

  • Mesa: si te grabas junto a una mesa, tienes la opción de poder apoyar los codos o incluso los brazos. Si eres de los que te mueves mucho, esta es tu mejor opción porque podrás dejarlas quietas de forma sencilla.
  • Sentado en un taburete: dejar las manos apoyadas sobre las piernas es una posición natural al estar sentado, por lo que no se verá raro. Si no quieres resultar muy monótono ensaya en qué momentos moverte.
  • De pie: esta es la situación más difícil de controlar. Una solución es que pongas los brazos en angulo recto y pegados al cuerpo. Así solo moverás los antebrazos y las manos. Pero si estás muy inseguro es preferible que empieces con alguna de las otras 2 opciones.

Sea cual sea la opción que escojas, a la hora de grabar el vídeo ten previstas estas 2 cuestiones:

  • Postura SOS: el vídeo te está saliendo bien pero estás moviendo los brazos como un ventilador y no sabes cómo parar. Es normal que en un momento dado te descontroles pero también hay que saber tranquilizarse y retomar. Te será muy útil tener una postura ensayada a la que puedas recurrir para dejar de moverte y recobrar la calma.
  • Decide cuando debes mover las manos: ver que la persona se mueve hace que el vídeo sea más entretenido y dinámico. También te puede ayudar a marcar distintos tiempos. Por ejemplo, si estás realizando una enumeración puedes ir marcando los números con las manos.

Otra cuestión importante con la debes tener cuidado es que tus manos no choquen contra tu cuerpo, ya que el micrófono recogerá el sonido y molestará en la grabación.

4. La mirada

Una de las cuestiones que más cuesta al principio es acostumbrarte a mirar a la cámara todo el rato. Sin embargo, esto es importante ya que mirar a la cámara es como mirar a las ojos a la persona que te está viendo.

Si te ven mirar para otro lado pueden pensar que estás distraído y que no te estás tomando muy en serio el vídeo.

Aquí van algunos consejos para evitarlo:

  • Pon a una persona detrás de la cámara: su cabeza debe estar a la altura de la cámara para que no se te vea mirando para arriba o para abajo.
  • Pon un monigote: no serías ni el primero ni el último que pega detrás de la cámara un dibujo de una cara. ¿Qué tal si dibujas a cliente ideal? Seguro que así no te despistas ni le quitas ojo.
  • Sustituye el monigote por un telepromter casero: un telepromter es una pantalla donde va apareciendo tu guión poco a poco para que lo puedas ir leyendo. Aunque hay herramientas gratuitas son más complicadas de aplicar cuando tienes que hablar frente a la cámara. En este post encontrarás cómo crear un telepromter casero que te ayude a ir leyendo mientras miras a cámara.
  • Graba ideas cortas: la mirada se suele desviar cuando ya llevas un tiempo grabando. Planifica el vídeo en secuencias cortas que luego unas en la edición con transiciones.

Piensa que las personas que no miran a los ojos resultan poco creíbles. Aunque ahora estás hablando a una cámara, cuando la persona vea el vídeo tendrá una sensación parecida a entablar una conversación contigo.

#5 Resetea tu cerebro y acepta tu voz e imagen

Después de haber pasado el mal trago (aunque no es para tanto) de darle al botón de grabar, queda todavía otro peor: darle al botón de “play” y ver cómo ha salido.

En este punto es donde suelen darse los dramas y la gente se echa para atrás. Déjate de monsergas y de complejos más propios de un egoblogger. No estamos en un concurso de belleza, el objetivo de los vídeos es crear un canal de comunicación más efectivo con tu audiencia.

Además, es normal que te veas y te escuches raro. A todos nos ha pasado y tardamos en acostumbrarnos. Yo te recomiendo que desde ya resetees tu cerebro y aceptes tu voz y tu imagen.

Cuando hablas, tu voz la escuchas desde dentro. A tu cerebro no le llega el sonido desde el exterior, te “escucha” desde dentro de ti. Por esa misma razón, cuando veas tus primeros vídeos y te escuches, percibirás algo rarillo en tu tono.


Resetea tu cerebro y acepta YA tu voz y tu imagen
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No te preocupes porque es un efecto 100% natural y nos ocurre a todos. A medida que vayas grabando más vídeos y te escuches más veces, esa sensación irá desapareciendo.

Y aunque no te lo creas, pasa algo parecido con tu imagen porque todos tenemos la costumbre de vernos en un espejo. En cambio, cuando te grabas te vas a ver desde otro perfil. De nuevo, sentirás que no reconoces del todo a esa persona que ves.

Pero como con tu voz, esto se arregla de una forma muy fácil: reseteando tu cerebro.

#6 Graba vídeos en los que no salgas tú (o casi)

¿Todavía no te ves preparado para ponerte frente a la cámara?

Ya he explicado muchas veces que nunca se está del todo preparado para realizar determinadas acciones. En algunas ocasiones, solo hay que dar el primer paso y avanzar.

Pero como no quiero que renuncies al potencial que tienen los vídeos, te voy a ofrecer 2 soluciones alternativas:

  • Crea vídeos por medio de diapositivas: son sencillos de realizar y no sales en pantalla, solo estarás hablando por encima de una presentación.
  • Vídeotutoriales donde se te ve en pequeño: seguro que habréis visto alguno de estos. En la pantalla ves el programa o lo que te quiera explicar la persona y su cara se ve en un recuadro pequeño a la derecha. Versión reducida de ti = versión reducida de vergüenza.

Esto no sustituye que, tarde o temprano, tengas que salir en los vídeos. Pero al menos es una manera de empezar y coger confianza.

 Todos hemos sido novatos algún día, ¡yo también!

Cuando empezaste con tu blog seguro que te generó mucha vergüenza tu primer post y que por tu cabeza pasaron muchas ideas parecidas a estas:

  • ¿Le gustará a la gente?
  • ¿Estará bien escrito?
  • ¿Me dirá alguien que es muy malo?

Pero al final superaste el miedo y publicaste esa primera entrada y luego una segunda y una tercera.

Si ahora buscas y lees ese primer post seguro que te quedarás horrorizado de cómo era. Hay personas que hasta borran esas primeras entradas. Yo nunca lo he hecho porque me ayuda a ver el camino que he recorrido hasta llegar aquí.

Tienes que aceptar que siempre hay una primera vez, así que te invito a que veas mis primeros vídeos (este o este) para que te des cuenta de qué estoy diciendo. Confieso que me dan un poco de vergüenza, pero como puedes ver, todavía están ahí.

En este post te he dado todas las claves que necesitas para poder pegar una patada al miedo y empezar a grabarte.

¿Al principio serán perfectos? No.

Pero da igual. Tú ya estarás un paso por delante de todas aquellas personas que todavía viven atenazadas por la vergüenza.

Sal HOY de tu zona de confort, escribe tu primer guion y plántate frente a la cámara.

Te aseguro que dentro de un mes te estarás riendo por no haber dado el paso antes.

Fotografía: Portrait of young hipster woman peeping at the camera through her fingers. Picture of embarrassed female looking through her hands covering her face isolated against home interior background (Shutterstock)

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