martes, 10 de marzo de 2015

Mejora tu productividad utilizando solo fechas objetivas

Por: Jerónimo Sánchez

Etiqueta Práctica


Como ya sabéis los que me leéis con frecuencia, llevo unos cuántos meses trabajando codo con codo con mis colegas artesanos de OPTIMA LAB. Nuestra labor principal como Comunidad de Práctica (CoP) es compartir experiencias como practicantes de GTD, e innovar en la forma en que enseñamos productividad personal, y en particular la metodología ideada por David Allen. Como fruto de la colaboración, uno de los conceptos que han surgido con más fuerza en la comunidad, y que para mi han sido de los más útiles, es el de fecha objetiva.


Estamos acostumbrados a poner fechas a todo: compromisos, tareas, alarmas, recordatorios… Yo mismo he hecho uso y abuso de las fechas durante mucho tiempo, incluso en tiempos recientes. Sin embargo, y paradójicamente, he descubierto que el uso indiscriminado de fechas no sólo no es necesario, sino que puede impactar negativamente en tu eficiencia. Todo tiene que ver con la objetividad de los “hechos productivos”, como explico a continuación.



En varias ocasiones seguro me has oído decir —o en este caso, me has leído— que las cosas son como son, y no como nos gustaría que fueran. Por eso, hace tiempo tengo como lema productivo personal “di no a la planificación“, y casi una guerra a muerte con la —pésima— práctica de elegir las Tareas Más Importantes (TMI) antes de empezar cada día. Algunas personas creen que lo hago por fundamentalista, y otras por pura terquedad. Pero la realidad es que hay una muy buena razón de base para ello: tanto la planificación, como el uso de TMIs, como otras malas prácticas productivas, se basan en hechos subjetivos.


Trabajar con hechos objetivos es fundamental en productividad personal, pues es la única manera que tenemos de tomar mejores decisiones y ser más eficientes. Esto se puede observar de manera muy clara, por ejemplo, cuando organizamos los recordatorios de las acciones que tenemos que llevar a cabo en listas contextuales. Para decidir en qué lista vamos a colocar la acción “llamar a Juan para quedar a cenar el sábado”, tenemos en cuenta la herramienta —en este caso, teléfono— que necesitamos para completarla, y no criterios subjetivos como “Amigos”, “Personal” u “Ocio”. Poner juntas todas las acciones que tienen que ver con amigos, con ocio, o que son de carácter personal, no nos ayuda a completar las acciones de manera más eficiente. Agruparlas según la persona, lugar o herramienta que necesitamos tener a mano para completarla, sí. Por eso, “teléfono” es un criterio objetivo de organización para las acciones.


Lo mismo sucede con las fechas. Asignar fechas de inicio o vencimiento que puedes cambiar libremente, sin tener que negociar con nadie más que contigo mismo, es una pérdida de tiempo y te hace ineficiente. Las únicas fechas que realmente pueden considerarse fechas objetivas y que tiene sentido “gestionar”, son aquellas que ya están comprometidas con terceros, o que vienen impuestas por condiciones externas que no podemos cambiar.


Algunos ejemplos de fechas objetivas, y que por tanto debes registrar adecuadamente, son:



  • La fecha a partir de la cual puedes comprar las entradas de un concierto. Aunque quieras, no puedes comprarlas antes porque no están a la venta;

  • La fecha límite para presentar la declaración de la renta. Si no presentas la declaración antes de esa fecha, ya no podrás presentarla, es una restricción impuesta por un tercero.

  • La fecha de inicio para presentar la declaración, si es que no puedes presentarla antes de esa fecha;

  • La fecha límite para entregar un informe a tu jefe, siempre que te hayas comprometido con él a entregarlo en esa fecha;

  • La fecha —y hora— de una reunión con un cliente, previamente acordada;

  • La fecha para comprar una TV en un gran almacén si, por ejemplo, ya has tomado la decisión de comprarla y tienes una oferta que quieres aprovechar, pero sólo es válida ese día (hecho objetivo).


Algunos ejemplos de fechas subjetivas, y que no tiene sentido considerar a la hora de tomar decisiones:



  • La fecha para ir a ver a tu madre, si no has acordado ningún día con ella ni hay otra razón objetiva para hacerlo ese día;

  • La fecha para ir a inscribirte a la academia de inglés, que puedes posponer o decidir no hacer en cualquier momento;

  • La fecha para enviar un recordatorio a alguien del que estás esperando algo, aunque dependas de “ese algo” para una entrega que tienes comprometida —si revisas tu lista “A la espera” con la suficiente frecuencia, tendrás oportunidad de enviar muchos recordatorios antes de meterte en problemas, sin necesidad de “alarmas”;

  • La fecha para empezar a preparar la mudanza de tu casa, si puedes empezar en cualquier momento que quieras;


Antes de ponerle fecha a algo, asegúrate de que hay una buena razón objetiva para hacerlo. Utilizar fechas subjetivas, además de hacerte “reprogramar” frecuentemente —con la consiguiente pérdida de eficiencia—, añadirá estrés a tu día a día. Bastante tienes con tener que cumplir las fechas que tienes que cumplir obligatoriamente —porque ya te has comprometido a ello—, como para además imponerte fechas que son solo fruto de tu voluntarismo.


En lugar de utilizar fechas subjetivas, desarrolla el hábito de hacer revisiones frecuentes de tu sistema.




viernes, 6 de marzo de 2015

✓ Cómo resetear tu sistema GTD cuando pierdes el control

Por: Jordi Sánchez

Resetear nuestro sistema GTD

Hace pocos días tuve un día tremendo. Tremendo en el sentido bueno de la palabra, un día de subidón. Decisiones importantes en mi vida, muchas ideas de nuevos proyectos y de cómo enfocar los proyectos actuales, muchas horas trabajando pero con muchas, muchas ganas.


Evidentemente, mi enfoque con todo esto era totalmente positivo. Sin embargo, estar trabajando hasta tarde delante del ordenador y con muchas cosas en la cabeza no es bueno para dormir tranquilo...


Qué hacer si tienes demasiadas cosas en la cabeza y no puedes dormir


Me fui a la cama un poco más tarde de lo que es habitual en mi, pero aun así no podía dormir. Tenía muchas cosas merodeando por la cabeza, estaba dando vueltas a las ideas que había tenido y se me ocurrían nuevas ideas que me parecían muy interesantes.


No es algo que me acostumbre a pasar, pero ese día me costaba mucho dormir. ¿Y qué es lo mejor que puedes hacer cuando estás en la cama y no puedes dormir por tener demasiadas cosas en la cabeza? Tras un buen rato dando vueltas en la cama, decidí levantarme e irme al salón. Cogí mi tablet, que utilizo especialmente para organizar mi vida, y abrí mi sistema GTD.


Aprende a resetear tu sistema GTD


Yo no lo planifiqué, ya que estaba en la cama y me tuve que levantar por no dormir. Por supuesto, si puedes planificarlo, mucho mejor: si ves que estás perdiendo el control de tu vida, lo mejor que puedes hacer es planificar de 2 a 4 horas de tu tiempo, de forma que dediques ese bloque exclusivamente a hacer un reset de tu sistema.


En este artículo voy a contarte 3 pasos básicos que tienes que hacer siempre para resetear tu sistema GTD. Si los sigues, cuando acabes de hacer tu reset podrás volver a tener confianza total en tu sistema, algo fundamental si quieres ser productivo y no estresarte.


Coge todos los elementos de todas tus listas y ponlas en tu bandeja de entrada


Este es el primer paso, y quizá nos parecerá excesivo, pero no lo es: es muy importante que cojas todo lo que hay en tu sistema y lo muevas a tu bandeja de entrada. Esto tiene una sencilla razón: si quieres confiar realmente en tu sistema de productividad, es fundamental que en esta revisión especial tengas muy claro todo lo que quedará introducido en tu sistema.


Si no lo haces y te saltas este paso, es muy probable que en el siguiente paso no tengas claro qué es lo que hay en tu sistema, qué es lo que te falta añadir o no harás un buen repaso de todo lo que afecta a tu vida, así que será mucho más fácil que dejes de confiar en tu sistema en muy poco tiempo.


Vacía tu mente


Aparte de todo lo que ya tenías apuntado en tu sistema, que seguramente eran muchas cosas, si tu sistema ha fallado es muy probable que sea porque tenías cosas que no estaban apuntadas. Es exactamente lo que me pasó a mi el otro día: muchas ideas, muchos proyectos, mucho trabajo... así que hice una revisión rápida y no lo acabé de apuntar todo. ¡Meeeec! Uno de los errores más típicos cuando usas GTD.


Por lo tanto, el segundo paso es vaciar la mente. Cuando digo la mente me refiero cualquier cosa, vaciar nuestra vida entera a nuestro sistema. Habrá muchas cosas que ya tendrás apuntadas, pero estoy seguro que habrá muchas otras que se te habrán quedado por el camino.


Para vaciar tu mente, una de las cosas que mejor funciona son las listas de disparadores (o triggers, en inglés). Las listas de disparadores o activadores nos permiten, de una forma estructurada y predefinida, analizar nuestra vida para generar ideas o recordar cosas que quizá no recordaríamos sin esta ayuda. Se pueden resumir, de forma rápida, en:



  • Activadores temporales: son aquellos que se refieren a un momento concreto. Para mi, lo ideal es empezar desglosando el día de hoy en todo lo que has hecho. A continuación, analiza los últimos 5-7 días, día a día. Finalmente, es momento de analizar los próximos 5-7 días, pensando y mirando en el calendario sobre lo que tienes que hacer.

  • Activadores contextuales: son aquellos relacionados con tus contextos. En este caso es sencillo, porque si usas GTD ya tendrás tus contextos definidos. Coge contexto por contexto y analiza qué más cosas se te ocurren relacionadas con cada uno de ellos. ¿Hay algo que tenga que hacer en casa? ¿Hay algo que debería hacer en la oficina? ¿Tengo que llamar a alguien y no lo tengo apuntado?

  • Activadores conceptuales: relacionados con el concepto, con las cosas que tienes que hacer. En ese sentido, Jeroen tiene una lista de disparadores contextuales que puedes utilizar para crear tu propia lista adaptada a tus necesidades.


En cualquier caso, si te inscribes en el curso online de Jeroen sobre Productividad 2.0 aprenderás mucho más sobre cómo vaciar tu mente, entre muchas otras cosas más.


Procesa cada elemento de tu bandeja de entrada


Ya hemos recopilado toda nuestra vida en nuestra bandeja de entrada. También hemos dejado a nuestra mente deambular para apuntar cualquier cosa que nos pasara por la cabeza. Por lo tanto, llega el momento de procesar todo lo que hemos acumulado.


Si usas GTD, estarás muy acostumbrado a procesar cualquier cosa: ve elemento por elemento, sin volverlo a dejar en la bandeja de entrada. Si no tienes mucha práctica con GTD y tienes alguna duda, echa un vistazo a este artículo de Francisco Sáez de Facilethings, aún siendo breve resume muy bien cómo procesar tu bandeja de entrada.


Es muy, muy importante que te tomes con calma todo el proceso de revisar uno a uno cada elemento de la bandeja de entrada. Si realmente quieres que este reset de tu sistema sirva para algo, tienes que comprometerte con todas las decisiones que tomes en este momento. Comprometerse es la única forma de conseguir que tu sistema GTD funcione a la perfección.


Mapa de perspectiva


Analiza tus revisiones periódicas


Ya has reseteado tu sistema GTD, pero antes de acabar es fundamental que hagas un último paso: analizar tus revisiones periódicas para que tu sistema no vuelva a fallar. En ese sentido, te recomiendo leer este artículo de Jeroen sobre dónde y cuando hacer la revisión semanal: hacer la revisión semanal es un ritual y debemos entenderlo como tal, no nos lo podemos saltar nunca y tiene que ser una revisión suficientemente profunda como para poder confiar en nuestro sistema.


Espero que el artículo sobre cómo resetear tu sistema GTD te sirva si algún día ves que tu productividad no está funcionando como debería. A mi me ha servido muchísimo, lo que te acabo de contar es de hace casi dos semanas y las últimas dos semanas han sido las más productivas en mucho, mucho tiempo.


Como has visto, este es un artículo enfocado a los que usamos GTD. Si todavía no lo estás usando y quieres aprender más sobre productividad, te invito a leer mi artículo dónde respondo la pregunta ¿Es necesario usar GTD para ser más productivo?


Jordi Sánchez


Apasionado productivo, me encanta el mundo de los negocios e Internet. Si quieres mejorar tu productividad y no sabes por dónde empezar, déjame ayudarte: OrganizacionPersonal.com



jueves, 5 de marzo de 2015

Todo es fácil, es cuestión de enfoque

Por: Jerónimo Sánchez

Etiqueta Citas



“Cualquiera puede convertirse en el mejor guitarrista del mundo, si está dispuesto a ensayar 14 horas al día durante toda su vida” ~ Paco de Lucía (1947-2014), compositor y guitarrista español de flamenco.



La constancia y el enfoque puede llevarte a cualquier parte. No valen las excusas, el “es que no tengo tiempo”. Siempre hay tiempo cuando el objetivo está claro y el compromiso es firme.


Ah, ¿que tienes problemas para identificar y definir tus objetivos, trabajar de manera enfocada y dejar de hacer las cosas que “te roban el tiempo”? Pues ya te estás tardando en empezar a practicar GTD. Luego no digas que no te lo habían dicho.




martes, 3 de marzo de 2015

✓ Todo lo que no suma, resta

Por: Jeroen Sangers

Escritorio en azul y naranja

Cuando publiqué mis criterios para evaluar gestores de tareas, sabía que estaba abriendo la caja de Pandora. Aunque había una sección con el nombre aviso importante, parece que no todos habéis leído este texto, porque he recibido algunos comentarios de lectores que pensaban que todas estas funciones son imprescindibles.


La verdad es casi ninguna función es imprescindible. La prueba está en el hecho que se puede implementar Getting Things Done perfectamente utilizando sólo una hoja de papel y un bolígrafo.


Utilizo la lista de características porque parte de mi trabajo es buscar una solución que contiene todas las funciones que mi cliente necesita para implementar su propio flujo de trabajo, pero ninguna función más.


Sé que eso es imposible1 , pero el objetivo es minimizar el número de funciones que sobran, porque todo lo que no suma, resta.


Por ejemplo, Microsoft Word no es—desde mi punto de vista—la mejor aplicación para escribir textos, porque tiene muchos botones que distraen y que no están dirigidos a la elaboración de mi texto. Veo Word más como una aplicación para maquetar páginas y prefiero una aplicación sin distracciones como Byword para redactar mis textos.


Otro ejemplo es OmniFocus, la aplicación que utilizo para gestionar mis tareas. Las tareas en OmniFocus tienen un campo para especificar la duración de la tarea, algo que yo no utilizo. Me gustaría poder esconder este campo por completo, pero desafortunadamente no es posible. Aunque no es una aplicación perfecta, es la aplicación que mejor se adapta a mi forma de trabajar.


Gracias a la lista de características de gestores de tareas soy capaz de encontrar rápidamente aplicación que contienen todas las funciones requeridas por un cliente sin que sobran demasiadas funciones.




  1. Cada persona trabaja de forma diferente, utiliza diferentes dispositivos y herramientas y tiene sus propias preferencias. ↩



Imagen «Escritorio en azul y naranja» cortesía de Shutterstock



Prevenir los atascos en tu lista de tareas

Por: Berto Pena

¿Alguna vez te has lanzado a por tu lista de tareas y al ver la tarea que toca ahora te has quedado bloqueado o dudando? No lo tienes claro, no sabes si empezarla, falta algo… Al final, casi siempre, terminas distraído o entrando donde ya sabemos.



Mucha gente cree erróneamente que esto de la Productividad Personal va de técnicas y métodos, cuando en realidad va de hábitos para corregir o mejorar comportamientos muy humanos. Si no, fíjateen este…


Empiezas tu día de trabajo con un plan bien claro, te lanzas a por la primera tarea y la completas con éxito. Después miras tu lista de tareas para ver qué es lo siguiente. Pero en ese momento no sabes qué hacer. Tal vez… Ves la tarea pero dudas si empezarla o no; o te entran dudas si deberías elegir otra; o no tienes claro por dónde empezar; o el siguiente paso no está claro del todo…


Y justo en ese momento de duda y bloqueo, de atasco en tu lista, es cuando solemos dirigir nuestra atención hacia otro sitio. ¿Y sabes cuál suele ser ese sitio? Sí, el Email.


Cuando no sabemos qué hacer, qué toca ahora, o por dónde tirar, SIEMPRE abrimos el Email. ¡Ahí siempre hay algo que hacer!


¿Por qué? Porque en el Email siempre hay actividad, y haga lo que haga, siempre voy a recibir la rápida y fácil recompensa de “estoy haciendo algo”. Habitualmente abrimos el correo electrónico, sí, pero también abrimos el navegador, entramos en Twitter o Facebook, miramos el móvil… o cualquier otra distracción que tengamos a la vista o que se nos ocurra.


Yo creo que la solución no es en absoluto mirar para otro lado de la mano de una distracción. Si no sortear el atasco. Romper ese bloqueo en la lista o, mucho mejor, anticiparse para evitar que pase en el futuro.


¿Cómo evitar esos atascos que casi siempre terminan con nosotros en el Email o en una distracción peor? Con preparación y anticipación. De la mano de estas claves que a mí personalmente siempre me han dado un gran resultado:



  • ¿Tienes claro el objetivo de la tarea?

    Qué es lo que hay que hacer y qué es lo que no hay que hacer. Qué es lo que te han pedido o esperan otros. Y también en qué punto la tarea estará completada o lista para enviar a otros.

  • ¿Están claras las próximas acciones?

    ¿Por dónde y cómo empezar la tarea? A lo mejor detrás de ella hay varias acciones que tienes que tener bien claras. Si fallan (poco concretas) especialmente la primera o segunda, el atasco casi está asegurado.

  • ¿Está dividida en partes más sencillas?

    Las tareas complejas o extensas siempre deben dividirse en partes más pequeñas, asequibles y flexibles. De lo contrario, será más difícil saber cómo vas a “meterle mano” a la tarea que toca ahora. Y esas dudas te llevarán a dar vueltas y a bloquearte. Al menos durante un buen rato.

  • ¿Está claro lo que te han pedido?

    Un día alguien te lo pidió y tú lo anotaste ahí. Pero ahora, en el momento de empezar, no sabes qué había que hacer, hasta dónde, quién lo espera, e incluso (el colmo) cuándo tienes que entregarlo. Tener claras las “instrucciones” de la tarea es clave para evitar atascos en tu lista.

  • ¿Tienes eso que necesitas de alguien?

    Muy a menudo empezar una tarea depende de que otra persona me diga o me entregue algo y no lo tengo. Y claro… el atasco es inevitable. Por eso siempre hay que planificar por adelantado (diariamente, semanalmente…).

  • ¿Tienes a mano todo el material e información?

    Hay tareas que requieren una fase previa donde hay que recopilar, investigar y analizar. Cuando no lo haces, te atascarás. Seguro. Porque te faltará justo lo que necesitas para arrancar la tarea.


Esto de prevenir y evitar “atascos” en tus listas tiene en el fondo un doble objetivo muy importante. Por un lado, hacer que tu trabajo sea más ágil, eficiente, rápido. Es decir: terminar antes para irte antes. Por otro, evitar caer en la fácil tentación de una distracción o el “trabajo de mentira”. En ambos casos, tú ganas. Sobre todo cuando esto lo sumas todos los días de trabajo durante el año. Es mucho.




lunes, 2 de marzo de 2015

La Pirámide de la Productividad Personal

Por: Jerónimo Sánchez

Existen muchas maneras de mejorar la productividad personal, todas ellas válidas y útiles, pero no todas igual de eficaces. Por ejemplo, y esto es algo de lo que ya he hablado en varias ocasiones, no tiene el mismo impacto productivo adoptar un nuevo hábito productivo que utilizar una nueva herramienta, no importa lo avanzada o ergonómica que sea. Un hábito siempre es, productivamente hablando, más potente que una herramienta. De igual manera, tu productividad se verá más beneficiada si aprendes a dominar una herramienta que utilizas diariamente para tu trabajo, que si incorporas un simple truco nuevo.


En mi experiencia, la productividad personal puede mejorarse trabajando en cinco niveles o planos distintos, que se organizan en forma de pirámide, y que son, de abajo a arriba: principios, hábitos, rutinas, herramientas y trucos.



La relación que hay entre ellos parece tener las siguientes características:


1) Los niveles inferiores soportan a los superiores, de manera que una carencia en un nivel inferior hace que los niveles superiores pierdan efectividad;

2) Un nivel superior bien desarrollado puede compensar parcialmente las carencias en los niveles inferiores, pero nunca podrá sustituirlos;

3) Como corolario, el beneficio productivo que tiene un nivel es mucho mayor cuanto más abajo se encuentre en la pirámide;


La Pirámide de la Productividad Personal


Tu sistema de productividad, el mío y el de cualquier otra persona, está compuesto de QUÉs y CÓMOs. Es decir, practicas una serie de hábitos que se basan en ciertos principios productivos –lo que haces–, y los pones en práctica mediante una serie de rutinas, herramientas y trucos –cómo lo haces.


Teniendo en cuenta esto, resulta sencillo entender que las piezas más importantes de cualquier sistema productivo siempre serán los principios y los hábitos, mientras que los trucos, herramientas y rutinas que utilices para poner en práctica esos hábitos tienen una menor importancia relativa. Otro aspecto importante es que, mientras que cambiar los QUÉs es peligroso si no se sabe lo que se está haciendo, puedes y debes cambiar los CÓMOs en función de tus necesidades particulares, siempre que respetes los principios de base.


La parte de un sistema que explica los QUÉs es lo que yo llamo la metodología –hábitos y principios–, mientras que los CÓMOs que elige un usuario determinado constituyen la implementación de la metodología de dicho usuario. O dicho de otro modo, cada sistema de productividad personal siempre será único, porque aunque es posible que muchas personas utilicen la misma metodología, es muy difícil que dos personas distintas utilicen exactamente la misma implementación.


El concepto de rutina generalmente está muy ligado al de hábito, y muchas personas no hacen distinción entre ellos. Pero a efectos de esta discusión, voy a considerar que el hábito es la actividad propiamente dicha, mientras que la rutina es la frecuencia con que se realiza dicha actividad. Por ejemplo, la “revisión semanal” de GTD sería el hábito, y la frecuencia con que la hagas –todos los viernes, cada 10 días o cada 5 días–, sería la rutina. Esta distinción es importante, porque mientras el hábito forma parte de la metodología –y por tanto, no se debe modificar–, la rutina forma parte de la implementación, y sí se puede modificar.


Así, por ejemplo, si comprendes que el principio productivo detrás del hábito de la revisión semanal es asegurarte, entre otras cosas, de que tu sistema no pierde fiabilidad, resulta evidente que no puedes prescindir de dicho hábito, y debes tener mucho cuidado a la hora de cambiar la secuencia de pasos que llevas a cabo si no sabes muy bien lo que estás haciendo. Por el contrario, entender que la clave de la revisión semanal no está en la periodicidad, aunque se llame “semanal”, te permitirá cambiar la rutina cuando lo creas necesario, siempre y cuando puedas garantizar el control de tus actividades diarias.


Este modelo piramidal explica, por ejemplo, algunas de las dificultades que tiene la gente para poner en práctica GTD. El primer libro de David Allen mezcla constantemente QUÉs y CÓMOs, llevando en muchos casos al no iniciado a “confundir el tocino con la velocidad”, como dice mi buen amigo José Miguel Bolívar. Afortunadamente, Allen hace mucho mejor trabajo en su libro “Haz que funcione”, aunque a mi juicio sigue teniendo lagunas didácticas importantes. La consecuencia de ello es que los principios productivos de GTD no resultan evidentes para el principiante, y muchas personas asumen que los CÓMOs que se describen en el libro –algunos de ellos obsoletos hoy en día–, son parte indivisible de la metodología, y por tanto, de adopción obligatoria, cuando en realidad no lo son.


Practicar GTD significa implementar todos los hábitos que propone respetando los principios productivos que subyacen de ellos. Es decir, si quieres tener éxito a la hora de practicar GTD, asegúrate de que no haces cambios en la metodología –los QUÉs–, y que tu implementación particular –los CÓMOs–, respeta los principios de la productividad personal sobre los que se asienta.




jueves, 26 de febrero de 2015

Unamuno ya sabía GTD

Por: Jerónimo Sánchez


“Muy bien, voy a apuntarlo, no sea que se me olvide. No hay más arte mnemotécnica que llevar un libro de memorias en el bolsillo. Ya lo decía mi inolvidable don Leoncio: ¡no metáis en la cabeza lo que os quepa en el bolsillo!” ~ de la novela Niebla (1907)



Y es que el bueno de Miguel de Unamuno ya apreciaba, en boca de sus personajes, lo fútil de intentar memorizar, y las ventajas de contar con una “memoria extendida” que nos ayude a mantener un repositorio, fuera de nuestra cabeza, de las cosas que necesitarán nuestra atención más adelante.


Para que a nadie se le ocurra decir que eso de GTD es un invento moderno.




miércoles, 25 de febrero de 2015

✓ 10 formas de piratear tu cerebro para aumentar tu productividad

Por: Jenny del Castillo

cerebro

Todos hemos experimentado en algún punto ese momento del día en el que estás sentado frente a tu escritorio o mesa y de repente te das cuenta de que has perdido toda tu concentración.


Esa concentración (y, con ella, tu productividad mental) empieza a descender a pesar de que sabes que tienes una lista kilométrica de tareas por hacer.


Sin embargo, hay una serie de “pirateos” mentales que te recomiendo realizar cuando te encuentres en una situación así, y que te ayudarán a aumentar tu productividad y energía para conseguir ejecutar todas las actividades que te propongas.


1. Haz ejercicio por la mañana


Cada día, los trabajos están más digitalizados y consisten en sentarnos largas horas frente a una mesa y un ordenador como si estuviésemos pegados con pegamento a ese espacio.


Como ya puedes imaginar, este es un estilo de vida muy poco saludable, así que asegúrate de que introduces alguna rutina de ejercicio en tu día a día, por pequeña que sea.


Las personas que hacen ejercicio por la mañana no sólo son más propensas a seguir esa rutina diariamente, sino que también esto promueve una mejor calidad del sueño.


Y ¿adivina qué? Una mejor calidad del sueño también aumenta nuestra efectividad y productividad de las actividades realizadas por el día.


2. Aborda tu peor tarea en primera posición


De vez en cuando vas a tener que hacer tareas por las que darías todo el oro del mundo a cambio de que otros las hiciesen. Sin embargo, debes hacerlas, y lo mejor es que sean lo primero del día que te quitas de encima.


Si las pospones, seguirán en tu mente atormentándote todo el día pensando en que debes hacerlas, y tumbarán toda tu energía y productividad de otras tareas.


3. Deja las redes sociales


Sé que quizás te eches las manos a la cabeza con esto, pero pasar (o más bien malgastar) tu tiempo diario en comprobar Twitter y Facebook para saber qué pasa en la vida de otros sólo es una pérdida de tiempo y de productividad.


¿Qué es más importante para ti: ver lo que está tomando todo el mundo para comer en Instagram o construir estrategias para hacer crecer tu negocio si por ejemplo tienes uno?


4. Termina las tareas simples en cuanto las recibas


Si hay alguna tarea (como contestar un email que acabas de recibir) que puedas despachar en menos de 5 minutos, hazlo en cuanto la recibas. Si la dejas para más tarde, cuando tengas mayor tiempo libre, terminarás tomándote más de esos 5 minutos iniciales que habrías tardado.


5. Sal de tu oficina


Si trabajas en una oficina, o pasas muchas horas en un espacio cerrado, asegúrate de tomar un día a la semana para disfrutar del aire libre, incrementar tu creatividad, y evitar “quemarte” o agobiarte por pasar tanto tiempo encerrado.


6. Alimenta tu máquina


Es necesario que comas y bebas suficiente agua a lo largo del día. Eso de saltarte una comida “porque tengo mucho que hacer” es inexcusable.


Si no comes y te deshidratas, verás como tu ritmo se hace mucho más lento. Y causará que tu productividad se vaya directa al cubo de la basura. Guarda barritas de proteínas en cajones que tengas a mano para esos momentos en los que no puedas hacer una comida en condiciones.


7. Desconecta de la tecnología


Cuando realmente necesites estar más productivo que nunca - porque debas hacer una actividad que requiera toda tu atención -, elimina todas las posibles distracciones.


Cierra tu correo electrónico, desvía las llamadas al buzón de voz, cambia tu teléfono al modo vuelo, y desenchufa cualquier otra tecnología que pueda distraerte.


8. Organízate el domingo por la mañana


Tomar una hora cada domingo por la mañana para organizar toda la semana siguiente no sólo ayuda a tener una semana más productiva, sino también a preparar tu mente de forma adecuada para empezar el lunes con más fuerza.


9. Automatiza y sistematiza todo


Identifica cada proceso, acción o tarea que necesites hacer y crea métodos para que cada paso sea más sencillo. ¿Hay alguna parte de una actividad en particular que te ralentice o te frustre?


Encuentra una manera de hacer que los aspectos más desafiantes sean como procesos automáticos para abordar otras responsabilidades mejor y hacer crecer tu productividad.


10. Fija unos objetivos concretos


A veces, queremos abarcar tanto que terminamos por no hacer ni el 10% de aquello que nos proponemos. Por eso es vital fijarse objetivos concretos, y no pretender hacer 30 cosas distintas cuando el día sólo tiene 24 horas.


Dependiendo del tiempo en el que quieras realizar algo (en un día, una semana, un mes), haz una lista y apunta esos objetivos y la fecha en la que deseas que se cumplan.


Jenny del Castillo


Principal redactora de la web Gananci.com , donde nuestra misión es dar poder e inspirar a la gente difundiendo el conocimiento necesario para el propio desarrollo y éxito personal en el ámbito económico.


Nos centramos en dar consejo, ideas y asesoramiento a través de nuestros artículos a los emprendedores que desean iniciar sus propios proyectos o negocios tanto en el mundo online como offline.



lunes, 23 de febrero de 2015

Debate en red: ¿Tiene sentido un GTD light?

Por: Jerónimo Sánchez

Ayer leí con muchísimo interés las objeciones a GTD de un usuario autorizado, un post de de Rubén Alzola. Al margen de disfrutar su excelente texto, gracias a él “descubrí” un debate que tuvo lugar hace ya tiempo en casa de Amalio Rey, y que me perdí en su momento, sobre si es tan fácil el GTD como dicen. El debate es una delicia, y si te interesa el asunto de si debes practicar o no GTD, recomiendo encarecidamente la lectura de todos sus comentarios. Además de los argumentos escépticos de Amalio y otros lectores, se pueden leer auténticas joyas de grandes crack del GTD, como Antonio José Masiá, Jeroen Sangers, Alberto Barbero o José Miguel Bolívar, por citar sólo algunos.


Dado que en su momento se me pasó su lectura, me propuse aportar mi granito de arena a la discusión, aunque fuera con retraso. Pero ya iba por las 500 palabras y aún no terminaba de escribir mi comentario, así que finalmente decidí compartirlo aquí en forma de artículo para, si lo estimáis oportuno, continuar el debate.


La idea central del artículo de Amalio es que, a su juicio, existe la necesidad de desarrollar un modelo que permita implementar GTD “por capas”, o paso a paso, sin necesidad de adoptar todo de una vez. Y va más allá sugiriendo que debemos ser lo suficientemente flexibles como para que cada uno tome de GTD lo que le interese, dejando fuera lo que le resulte más complicado o “innecesario”, según su forma de trabajar, entorno o personalidad.


Sin duda, el aprendizaje de GTD debe hacerse de manera progresiva, pero nunca de manera parcial. Un modelo para implementar GTD por capas no funcionaría, porque ¿cómo puedes elegir según contexto y confiar en tu decisión si no estás seguro de que en tus listas está todo lo que debe estar (porque no capturas todo)? ¿Para qué quieres capturar todo si luego pasan 2 semanas hasta que lo procesas, si es que lo llegas a procesar alguna vez? ¿Cuál es el sentido de organizar las acciones en listas si resulta que cada una tiene 50 elementos, haciendo ineficiente su uso? ¿Quién va a sacarle todo el jugo a la lista “Algún día/Tal vez” si esa lista se comporta como un agujero negro del que nunca sale nada? Creo que captáis la idea.


Los principios de GTD son principios universales y son los que son, y aunque a algunos les gustaría que no fuera así, GTD ya es un sistema mínimo para el problema que pretende resolver. Quedarse sólo con una parte de GTD es una pérdida de tiempo. GTD es tan fuerte como el más débil de sus eslabones, y si un eslabón está roto, simplemente no funciona. El asunto no es banal, porque muchas personas dicen practicar GTD cuando en realidad sólo practican GTD parcialmente, responsabilizando al método de sus pobres resultados. Culpar a GTD en este caso es como intentar utilizar un mando a distancia sin pilas: si no consigues cambiar de canal no es porque el mando no funcione, sino porque le faltan piezas.


El problema de fondo es que Amalio, y muchas otras personas, dan por sentado que GTD es algo complejo. Ya he escrito anteriormente sobre porqué creo en la simplicidad de GTD, así que no voy a profundizar mucho aquí. Sólo decir que GTD no tiene nada especialmente complejo, al menos conceptualmente hablando. De hecho, muchos de los que leen los libros de David Allen por primera vez terminan diciendo “¡pero si esto no es más que sentido común!”. Claro, la cosa cambia cuando empiezan a practicarlo. Se les hace cuesta arriba, pero no porque GTD sea complicado, sino porque desarrollar hábitos nuevos, sean del tipo que sean, cuesta trabajo. Vamos, que podemos cambiar “practicar GTD” por “llevar una vida saludable”, y la discusión sería calcada.


El adjetivo “complejo” es subjetivo, y no hay nada más dañino en productividad personal que quedarse en el terreno de la subjetividad. Veamos la siguiente analogía que utilizo a veces en mis talleres para entenderlo: puede que construir un coche parezca algo muy complicado a priori, y por pereza o desconocimiento, al final terminemos quitándole dos ruedas, dejando un solo asiento y simplificando la mecánica para convertirlo en algo más “manejable”. Está bien, pero si haces eso lo que obtendrás básicamente será una moto, no un coche simplificado. ¡Pobre de ti como quieras transportar 4 maletas y 5 pasajeros en la moto! —el equivalente de ser altamente productivo para un trabajador del conocimiento.


¿Puedes utilizar una moto para llevar a 5 personas con su respectivo equipaje? Quizá sí, aunque seguro te va a costar hacer malabares y dar varias vueltas. Es decir, estrés e ineficacia. ¿Es la manera mas eficiente de hacerlo? Rotundamente, no. A pesar de todo, ¿puedes quedarte con la moto? Faltaría más, tú eres el que tomas la decisión en última instancia. Yo no te puedo forzar a usar un coche si no quieres, ni tampoco voy a criticarte por ello. Lo que nunca, jamás voy a aceptar es que me digas que un coche es demasiado complejo para ti, especialmente si necesitas transportar a 5 personas frecuentemente. Objetivamente hablando, para transportar a 5 personas con su correspondiente equipaje, un coche no es que sea más o menos complejo, es simplemente la solución más adecuada. Y punto.


Claro, me podrás decir que hay toda una gama intermedia de posibles necesidades. Que no todo el mundo necesita transportar “de entrada” a 5 personas. Y tienes razón… ¡de momento! Pero si tienes un vehículo que te permite transportar a 5 personas, más pronto que tarde empezarás a querer transportar a 3 personas, y luego a 4, y luego a 5… O lo que suele pasar en la práctica: aunque no quieras, en algún momento te verás en la necesidad de hacerlo. Tener un coche te permite ser más eficiente a la hora de querer/necesitar ser más eficaz, es decir, conseguir más resultados.


El rechazo de muchos profesionales modernos a practicar GTD como debe ser, bajo la excusa de que es complicado, me recuerda muchísimo a la problemática que se suscitó hace años con la entrada masiva de los ordenadores en las empresas: los que se negaron a aprender informática o lo hicieron pobremente, se quedaron fuera del mercado, o se vieron en la necesidad de aprender tarde, traumáticamente y mal, lo que impactó muy negativamente en sus carreras. Así que tú decides: ¿quieres estar bien preparado para afrontar los retos que ya nos está trayendo la sociedad del conocimiento, o prefieres esperar a ver qué pasa?


Dicho todo esto, estoy de acuerdo con Amalio y reconozco que tengo un gran reto por delante, como creo muchos otros colegas consultores artesanos que nos dedicamos a esto de facilitar la productividad personal y GTD, y es encontrar formas de hacer ver a los profesionales y organizaciones del siglo XXI que lo que necesitan son coches, y en consecuencia, que dejen de utilizar motos de una vez por todas. Porque eso les hace la vida más difícil de lo que debería ser, y les resta oportunidades de crecimiento, personal y profesionalmente. A veces lo consigo, a veces no… pero mi trabajo es seguir intentándolo. Esa es la razón principal por la que decidí unirme a la red de consultores artesanos OPTIMA LAB y por la que regresaré a España a finales del mes de abril: para seguir innovando en este área.




viernes, 20 de febrero de 2015

✓ Criterios para evaluar un gestor de tareas para GTD

Por: Jeroen Sangers

Puntuación

Hay 264 artículos en la categoría Software de este blog y la mayoría de ellos hablan de gestores de tareas. Es parte de mi trabajo como consultor de productividad personal conocer las opciones disponibles en el mercado. De hecho, tengo una base de datos en DEVONthink con más que 300 gestores de tareas, todos clasificados por sus funciones.


He pensado que sería interesante para mis lectores si a partir de ahora incluyo esta clasificación en mis reseñas de aplicaciones. Las nuevas reseñas que publicaré en El Canasto tendrán la misma tabla de funciones debajo del artículo, que te ayudará a comparar diferentes soluciones.


Un aviso importante


El objetivo de esta lista de funciones es poder comparar y seleccionar aplicaciones, pero la decisión nunca debería ser tomado basado en el número de funciones.1 Ya sabes, más no siempre es mejor. Incluso hay algunas funciones en esta lista—como, por ejemplo, las sub-tareas—que no tienen nada que ver con GTD.


Funciones de un gestor de tareas



Tareas

Permite crear tareas. Obviamente, todas las aplicaciones en la categoría *gestores de tareas* cumplen esta función.

Sub-tareas

La aplicación permite crear sub-tareas para trocear la tarea en partes más pequeñas.

Listas

Es posible crear múltiples listas de tareas dentro de la aplicación.

Buzón de entrada

Un lugar dentro de la aplicación para las tareas que aún no han sido clasificados

Entrada rápida

La aplicación cuenta con una manera rápida para añadir tareas nuevas a la bandeja de entrada con un atajo de entrada o un clic.

Integración con el email

Hay una manera ágil para convertir mensajes de correo en tareas

Proyectos

Cada tarea tiene un campo para indicar el proyecto a que pertenece. Además es posible visualizar las tareas por proyectos.

Contextos

Cada tarea tiene un campo para indicar el contexto de la tarea. Además es posible visualizar las tareas por contextos.

Próximas Acciones

Hay una manera de indicar cuáles son las Próximas Acciones de cada proyecto.

Mover tareas

Permite fácilmente mover las tareas del buzón de entrada a un proyecto y/o contexto.

Ordenar tareas

Es posible ordenar las tareas dentro de un proyecto y/o dentro de un contexto

Vistas / Perspectivas / Búsquedas guardadas

La aplicación cuenta con una manera de cambiar entre ‘vistas’ basado en filtros por múltiples criterios (fechas, proyecto, contexto, tiempo, energía…)

En espera

Permita asignar un estado ‘En Espera’ a tareas o contextos

Delegar

Indicar a quien has delegado la tarea

Fecha de vencimiento

Hay un campo para especificar la fecha final de la tarea

Fecha de inicio

El campo ‘fecha de inicio’ permita esconder tareas hasta que llegue la fecha indicada

Fecha prevista

Es la fecha en que tienes planificado hacer la tarea

Acciones recurrentes

Al finalizar una tarea, la aplicación crea automáticamente una nueva tarea con otra fecha de vencimiento

Recordatorios

Hay un mecanismo para avisarte en la fecha de vencimiento

Áreas de Responsabilidad / Roles

Una forma de organización de proyectos en grupos lógicos (áreas de enfoque o trabajo/personal).

Buscador

Una función para encontrar tareas

Material de referencia

Integración con aplicaciones como Dropbox y Evernote para gestionar la documentación relacionada a una tarea o proyecto

Offline

La aplicación funciona bien si no hay una conexión a internet

Sincronizar

Es posible sincronizar la información entre diferentes dispositivos

Windows

Existe una aplicación para ordenadores con Windows

Mac

Existe una aplicación para ordenadores con OS X

Web

Existe una manera de acceder a los datos desde un navegador

Android

Existe una aplicación para dispositivos Android

iOS

Existe una aplicación para iPhone e iPad

Versión de prueba

Hay una manera de probar la aplicación sin coste

Precio

Precio único o cuota mensual/anual de la aplicación


¿Cuáles son tus criterios para elegir un gestor de tareas?




  1. Mira a cualquiera discusión sobre iOS vs. Android para entender que nunca se trata de número de funciones. ↩



Imagen «Puntuación» cortesía de Shutterstock