martes, 2 de diciembre de 2014

✓ 3 formas de simplificar el inicio y la ejecución de cualquier proyecto

Por: Juan Esteban Bravo Álvarez

Start

A veces lo único que separa a las personas de su estado actual y el estado en el que quieren estar es un simple paso, que es obvio y elemental pero al mismo tiempo difícil: Empezar. Después de empezar hay que mantenerse, y después de mantenerse hay que terminar. Pero hay una diferencia entre las tres etapas: Empezar requiere más energía. Luego de empezar, para mantenernos y para terminar por lo menos contamos con la inercia y el impulso inicial del inicio y del desarrollo del proyecto.


En el mundo abundan las buenas ideas, pero la mayoría son huérfanas. Sus creadores no se esfuerzan lo suficiente o no encuentran el camino para ejecutarlas. Ellos saben que materializarlas implica un proceso e implica esfuerzo, y muchas veces no están dispuestos o no saben cómo afrontar ese proceso.


Empezar algo nuevo requiere un alto gasto de energía. Empujar la roca cuando está en estado de quietud siempre va a ser difícil, especialmente si lo hacemos solos y lo hacemos sin ninguna herramienta.


Cuando están al frente de la roca, se evidencian dos grupos de personas: Los que se convencen a sí mismos de que es muy complicado moverla y desisten de la idea y los que se convencen a sí mismos de que es muy complicado moverla y traen una palanca o a otras personas para que les ayude a hacerlo. El primer grupo de personas es el responsable de las ideas huérfanas. El segundo grupo utiliza a su favor el poder del apalancamiento para lograr sus objetivos.


Si cada persona empezara a desarrollar al menos el 10% de lo que sueña y aspira, habría menos gente aburrida con sus trabajos y sus vidas y más gente dedicándose a lo que les gusta y viviendo su estilo de vida ideal.


Seguramente no todos terminarán lo que empiecen y no continuarán hasta el final, pero esa es otra historia. La que nos concierne en este post es cómo mejorar las probabilidades de empezar a ejecutar esa idea que siempre nos ha rondado en la cabeza, ese proyecto que sabemos que puede ser el “game changer” pero que nunca nos hemos atrevido a empezar.


Tal vez si la gente conociera herramientas y formas en las que el proceso para empezar se haga más sencillo, tal vez si a todas las personas se les diera una palanca para que puedan mover la roca, mucha más gente empezaría a ejecutar lo que tanto ha ideado y empezaría a hablar menos y a actuar más. Tal vez de esta manera la gente se atreva a experimentar y a empezar a ejecutar.


Pagar por ver


Lo anterior es una especie de “pagar por ver”. Atreverse a hacer el esfuerzo y el gasto inicial de energía y de tiempo necesarios para empezar el proyecto con la intención de ver qué puede llegar a pasar. Esta es una de las filosofías con las que trato de vivir mi día a día y de basar las decisiones que tomo, formulando constantemente la pregunta ¿Qué pasaría si? y siendo consciente de que la única que manera de conocer los resultados de un proyecto o de una idea que tengo en mente es encontrando la manera de poder empezarla.


Pero no es suficiente con querer conocer el resultado y querer empezar, porque es en este punto donde empiezan a surgir las preguntas que nos frenan ¿Por dónde empiezo?, ¿Será que sí logro hacerlo? Es en este punto donde debemos utilizar herramientas que nos permitan apalancarnos para que el proceso sea más sencillo.


3 maneras de simplificar el inicio de cualquier proyecto


Hay tres factores en los que nos podemos apalancar para que el proceso de empezar sea menos traumático y avance de manera fluida, hasta el punto de que la inercia de ese punto inicial sea el que nos siga empujando más adelante para continuar con el proyecto:


1. Apalancarse en personas


¿Quién ya lo ha hecho? ¿Cómo nos puede ayudar? ¿Qué herramientas utilizó? ¿A quién recurrió? ¿Cómo trabajó? Aunque parezca un consejo obvio, una de las formas de “desatascar” el inicio de un proyecto es pedir ayuda a otras personas. Hay gente que cree que su trabajo tendrá menos mérito o no será considerado tan importante si recibe ayuda de las demás personas. También hay gente que cree que sus trabajos o sus proyectos tienen que ser 100% originales o algo totalmente revolucionario.


La realidad es otra, muchos de los grandes proyectos y desarrollos más innovadores se basan en ideas de otras personas, toman conceptos y se inspiran de proyectos anteriores o mejoran y le dan un nuevo enfoque a objetos, ideas, productos o servicios que ya existen.


Siendo esta la realidad, ¿Qué problema hay en apoyarse en otras ideas, conceptos o personas para empezar nuestro propio proyecto? Muchas veces pedir un consejo, por obvio o estúpido que parezca, puede hacer la diferencia.


Cuando me di cuenta que me gustaba escribir y decidí que quería tener un blog, no tenía claro cuál sería su enfoque ni sobre qué temas específicos iba a escribir. Me surgió la típica pregunta que aqueja a muchas personas cuando tienen una idea pero no saben cómo materializarla: “¿Y por dónde empiezo?” Le pedí consejo a un amigo, y lo que me dijo sonó estúpido, pero con el tiempo, me di cuenta de que a veces un consejo obvio o hasta estúpido es lo único que necesitamos para empezar a hacer algo. El consejo que me dio fue: “Escriba sobre lo primero que se le venga a la cabeza”.


A veces la preocupación, el estrés y la ansiedad de empezar un nuevo proyecto no nos permiten ver las cosas obvias. Empezamos a maquinar escenarios complejos y a veces innecesarios, dejando por fuera el sentido común y el poder de simplificar, que a veces es tan necesario para empezar a hacer algo. Este fenómeno a veces es inconsciente, y lo hacemos como una manera de poner obstáculos para nunca empezar. Imaginar que el inicio requiere procesos complejos a veces es sólo eso, imaginación. Y esa imaginación sirve como excusa para evadir infinitamente el inicio del proyecto. A veces es necesaria una mirada o un consejo de un tercero para ser conscientes de esa situación.


2. Apalancarse en experiencias pasadas y en retroalimentación de otros proyectos


Las experiencias pasadas aportan un gran valor que la mayoría de las veces no detectamos ni utilizamos: Tienen el potencial de enseñarnos cómo mejorar nuestras experiencias futuras. Un proyecto nunca será exitoso sino aprovechamos el retroalimentación que las experiencias pasadas, el entorno y las demás personas le brindan.


Parte del secreto para lograr aplicar esto es aprender a reciclar ideas y experiencias pasadas para aprovecharlas en nuevos proyectos.


Para aprovechar al máximo este recurso, las personas de la Nueva Generación han entendido la importancia de abrir la mente y empezar a reconocer patrones o generadores de valor que han logrado encontrar en algún proyecto o actividad y replicar esto en los demás aspectos de su vida. A veces no somos capaces de identificar ni de extrapolar factores que nos han dado resultado en algún aspecto de nuestra vida para aplicarlo a otro:




  • Encontraste un método efectivo para aprender a tocar un instrumento musical. Este método hace que nunca te de pereza asistir a las clases y te mantiene la motivación para practicar a diario. ¿Por qué no replicar las bases de este método para aprender esa nueva habilidad que requieres para mejorar y ser más eficiente en tu trabajo?




  • Hace un año empezaste a hacer ejercicio regularmente. Después de mucho tiempo de procrastinar y no hacer nada de deporte te diste cuenta de que la manera de mantenerte motivado era pensar en las consecuencias a largo plazo que traería el no hacerlo. Cada mañana vislumbras cómo será tu estado de salud en 5 años sino empezabas a hacer deporte. Si este método de pensar en las consecuencias a largo plazo de hacerlo o no hacerlo funcionó ¿por qué no replicarlo para empezar ese proyecto que tanto te está costando? Tal vez pensar en las consecuencias a 5 años de hacerlo o no hacerlo te impulsará a empezar.




A veces no resulta tan sencillo hacer conjeturas y encontrar relaciones entre diferentes tipos de actividades o proyectos. Pero generalmente son estas relaciones las que mayor valor generan y más efectividad tienen a la hora de ayudarnos a desatascar problemas. También sirven como combustible para el inicio del proyecto.


Los procesos y los métodos exitosos no son exclusivos para una sola situación. En muchos casos, se pueden extrapolar para otras situaciones, sin importar si se aplicó en el deporte y luego en un negocio, o si primero se aplicó en un proyecto de cocina y luego en un proyecto de construcción.


3. Apalancarse en la tecnología


Si la tecnología está para resolver problemas y para hacer más cosas en menos tiempo ¿Por qué no utilizarla para volver menos traumático el inicio de nuestro proyecto?


Cuando empecé a escribir este blog no tenía idea de cómo crear un sitio web. En lugar de que esto fuera un impedimento, me apalanqué en la tecnología y en los recursos disponibles en la web para hacerlo. Utilicé la plataforma y las plantillas de WordPress para hacerlo.


En internet existe un curso o un tutorial para casi cualquier cosa, desde cómo aprender a coser, cómo aprender a hablar mandarín o cómo crear una planta de energía casera. En la web existen millones de plantillas, marcos y métodos preestablecidos que facilitan el inicio de cualquier actividad o proyecto.


Es hora de dejar de hablar de apalancamiento sólo como un término financiero, y empezarlo a aplicar en la vida cotidiana. A lo mejor de esta manera más gente empezará, por lo menos, a pensar en cómo mover la roca.


Imagen «Start» cortesía de Shutterstock


Juan Esteban Bravo Álvarez


Obsesionado con ayudarle a entender a la gente que simple es mejor y que la simplicidad está subvalorada.


Convencido de que el recurso más importante no es el dinero, es el tiempo. Con más tiempo se puede hacer más dinero, con más dinero no se puede hacer más tiempo.


http://ift.tt/1sKhYSy


@nuevageneraxion



viernes, 28 de noviembre de 2014

✓ Como NO comunicar en equipo, parte 2: usar el email

Por: Jeroen Sangers

Email

En el artículo anterior he explicado que la comunicación verbal no siempre es el mejor canal si trabajas en una oficina abierta. En cualquier caso es recomendable crear un plan de comunicación interna en que especificáis exactamente los canales de comunicación disponibles en el equipo y el uso de cada canal.


Cuando asesoro equipos en el proceso de crear un plan de comunicación interna, observo que los equipos cambian su forma de comunicar para disminuir la frecuencia de las interrupciones verbales. Lo más habitual es que cambian el método de comunicación por defecto al email.


Comunicar mediante el correo electrónico tiene muchos beneficios. Es un medio habitual que todos los miembros del equipo ya conocen y utilizan. Es un canal que está disponible en todos los dispositivos electrónicos y que además tiene un coste muy bajo. Pero lo más importante es que es medio de comunicación asíncrono. Cuando envías un email a un compañero no le estás causando ninguna interrupción — mientras tiene las notificaciones desactivadas, pero esto es elección suya.


Visto todo esto, el email parece el canal idóneo para la comunicación interna, ¿verdad?


Inconvenientes para colaborar con email


Como he comentado antes, la mayoría de los equipos se comunican mediante email. Aunque es un medio fácil de utilizar, desde mi punto de vista tiene varios problemas estructurales.


La mayoría de los mensajes entre miembros de equipos forman parte de conversaciones y el email no sirve muy bien para mostrar una conversación. La solución más frecuente es adjuntar una copia de todo el hilo de conversación al final de cada mensaje. No solo es difícil de leer al revés, además resulta en una gran cantidad de contenido duplicado, lo que dificulta buscar información.


Otro problema grave con el email es que es un medio decentralizado; cada miembro del equipo mantiene su propia copia de cada mensaje. Cuando se incorpora un nuevo miembro al equipo es imposible darle acceso a los mensajes anteriores. Tampoco es posible hacer modificaciones o correcciones de forma fácil. El único que puedes hacer es enviar otro correo, creando así dos versiones (¿cuál es la buena?).


Definitivamente, el email no es la mejor forma de comunicación en un equipo de trabajo. Si tu equipo aún está utilizando el correo electrónico, ¿cuales son las alternativas?


Alternativas al email


Lo mejor es no buscar un solo servicio de comunicación interna, sino buscar un conjunto de herramientas específicas. Por ejemplo, el startup Buffer no tiene oficina y comunica mediante una serie de servicios. En este caso, utilizan HipChat para conversaciones, Sqwiggle para compartir visualmente el estado de los miembros y para videollamadas y Hackpad para colaborar con documentos.


Este sólo es un ejemplo, hay muchas soluciones disponibles. Algunas son más genéricas, como Slack, otras están centradas en proyectos (Basecamp), tareas (Trello, Asana, Wunderlist), documentos (Google Drive, Box) o aplicaciones (Podio).


Una navaja suiza es útil en caso de una emergencia cuando no llevas tu caja de herramientas, pero los profesionales prefieren trabajar con un martillo, una sierra y un destornillador. El email tiene sus usos, pero para la comunicación en equipo hay mejores soluciones.


¿Qué herramientas utilizas para colaborar en equipo? Compártelo en los comentarios.


Imagen «Email» cortesía de Shutterstock



jueves, 27 de noviembre de 2014

5 claves para evitar el “lo olvidé”

Por: Berto Pena

Es increíble ver la cantidad de gente que todavía sigue fiándose de su cabeza para recordar las cosas. Y claro, algunas se les “escapan”. A veces ese olvido queda en un susto momentáneo. A veces genera una urgencia que afecta a muchas personas.



Hoy en día tanto en casa como en el trabjo pasan muchas cosas, muy rápido, en muchos frentes, y con muchas personas involucradas. Intentar llevar un “registro mental” (?) de todas las cosas pendientes, es poco menos que dispararse en el pie. Así y todo, cada día mucha gente sigue apuntándose a este deporte de riesgo. Y con gente me refiero a personas de todos los perfiles: desde un estudiante hasta un súper directivo, un freelance o un jubilado.


Y, por supuesto, ante el «se me escapó» o el «se me pasó», siempre tenemos preparada una disculpa (recuerda que los humanos tenemos un máster en disculpas):



  • A veces lo achacamos a que «tengo un montón de trabajo y se me pasó».

  • A veces al «chico, tengo un montón de cosas en la cabeza».

  • A veces a que «mi memoria ya no es lo que era».

  • A veces a que es «soy olvidadizo, pero ya era así de pequeño».

  • A veces a que «aunque lo apunté, no sé cómo pero se me pasó».


Cuando se te escapan cosas (cuando se te olvidan) y tienen que ver con algo tuyo, quien paga las consecuencias únicamente eres tú. Pero ¿qué pasa cuando tu olvido perjudica a otra persona o a varias a la vez? Por ejemplo a tu equipo. O a una empresa (un cliente). O a alguien de tu familia, si es un tema de casa.


Cortar ya el síndrome del “lo olvidé” no es sólo un tema de productividad y eficacia, sino de dejar de parecer un idiota, dejar de hacer faenas a otros, y cumplir con tu parte. Lo tenías que hacer, hazlo. Te comprometiste, cumple. Dijiste que sí, ahora te toca. Y por supuesto haciéndolo a tiempo, no a última hora. Deprisa y de cualquier manera.


¿Cómo corregir el «se me escapó» o el «se me pasó»? Pues, como ocurre con muchas de estas cosas relacionadas con hábitos, no es tan difícil como parece. Bastan unos sencillos detalles. Unos gestos en realidad, que a base de repetir te saldrán solos en menos tiempo de lo que parece. Estos son mis cinco favoritos:



  • No memorices, anota. Si tuviéramos que recordar una, tres o cinco cosas, nuestra mente podría con ello. Pero tu actividad genera decenas y centenas de tareas, recordatorios, compromisos y citas que no puedes gestionar de memoria. Utiliza: 1) Listas de Tareas; 2) Calendario; 3) Aplicación de notas e ideas. Apóyate en el papel o el software para memorizar, y libera tu cabeza para hacer lo que mejor hace: pensar, crear, analizar, inventar, solucionar.

  • Anota en ese mismo momento. Las cosas se anotan en mismo el momento en el que surgen. Si no lo anotas justo aquí y ahora, se te olvidará. Ya sea por teléfono, en un Email, en una reunión, en un taxi, en una comida… Cuando lo escuches o pase por tu cabeza, anótalo. Es un gesto de oro. Eso implica tener muy cerca y muy accesible las herramientas de “captura”.

  • Revisa y planifica por adelantado. Cuando planificas tus tareas y revisas tu calendario por adelantado (el día antes, la semana antes), eres tú quien va por delante de tus tareas y citas. Puedes saber cuándo toca qué, y no se te olvida. Pero si no lo haces, eres tú el que va detrás de ellas. Persiguiéndolas con la lengua afuera.

  • Utiliza alarmas, puntualmente. A veces esa planificación/revisión no siempre es suficiente. Bien porque hay mucha actividad, o estás enfrascado en tareas y puedes llegar a despistarte… Para eso existen las alarmas. Y sí, son buenas. No recomiendo abusar de ellas (por temas de distracciones) pero puntualmente pueden ayudarte a hacer algo justo a tiempo.

  • Programa las repeticiones. Hay tareas y citas que se repiten diaria y semanalmente, y no se nos escapan. Pero las que se repiten cada dos semanas, mensual, semestral o anualmente, tendemos a olvidarlas. Prográmalas. Todas las aplicaciones de tareas y eventos tienen esa opción. Prográmalo y olvídate de ello hasta el día que toque.

  • Bonus: Fechas, fechas, fechas. Las fechas son “sagradas”. Nunca, nunca, nunca trabajes sin fechas. Son como las coordenadas del GPS: sin ellas no hay destino. Pide, pregunta, indaga o pon tú mismo una fecha. Las fechas y las horas son la primera vacuna que se le debe administrar a las personas olvidadizas.


Como comentaba en curso de Productividad online cuando toqué este tema, todo esto me parece de “primero” de Productividad. Pero por evidente, y por darse por sentado, tendemos a olvidarlo y descuidarlo. Y así nos va. SIEMPRE pon el foco en lo obvio, porque a menudo las cosas más pequeñas son la solución a las grandes.




martes, 25 de noviembre de 2014

✓ Cómo aumentar la productividad en el trabajo

Por: Jeroen Sangers

MOOC Cómo aumentar la productividad en el trabajo

MOOC es el acrónimo en inglés de Massive Online Open Courses (cursos online masivos en abierto), cuyas características principales son el ilimitado número de matriculaciones, que se imparten íntegramente a través de Internet, y como su propio nombre indica, son abiertos y gratuitos.


He desarrollado un MOOC sobre la productividad personal 2.0 en colaboración con la red social mundial de mujeres profesionales Womenalia. En este mini curso comparto 5 fórmulas para crear nuevos hábitos productivos que te permitan focalizarte en las tareas realmente importantes. En otras palabras: cómo tener más resultados con menos esfuerzo.


Ir al MOOC “Cómo aumentar la productividad en el trabajo”



lunes, 24 de noviembre de 2014

✓ Un freelancer trabajando desde casa no está solo

Por: Jeroen Sangers

Coworking Virtual

En septiembre del año 2011 mi vida cambió por completo. Era el momento en que dejaba de trabajar para una empresa de tecnología para dedicarme a tiempo completo a mi pasión: ayudar a personas, equipos y organizaciones para mejorar su productividad. Era el momento en que dejaba de tener un jefe para tratar a todos mis clientes como jefes. Era el momento en que cambiaba mi espacio de trabajo de una oficina a un despacho en casa. Y también era el momento en que dejaba de estar todo el día rodeado por mis compañeros a estar solo en casa.


Especialmente este último aspecto del trabajo freelance es lo que cuesta más a muchos profesionales trabajando desde casa. Es verdad que no estás solo, porque te comunicas con tus clientes, tus proveedores y tus socios, pero no es lo mismo. Yo al menos echaba de menos las conversaciones de la cafetera, alguien que te pregunta cómo te va el proyecto y alguien que me podría dar feedback sobre mi trabajo pendiente.


Dos tendencias contradictorias en el mundo laboral


Encontré una solución a mi problemita cuando estaba investigando dos tendencias.


Primero observaba que cada vez más profesionales freelance optan por trabajar desde cafeterías o centros de coworking. Es decir, personas que trabajan sólo se encuentran en un mismo espacio físico para crear así alianzas.


La segunda observación es que en las empresas hay cada vez más profesionales que optan por trabajar desde casa y así ahorrarse el tiempo de desplazamiento y las interrupciones y distracciones de la oficina. Es una tendencia facilitada más que nada por los avances tecnológicos. Cada vez más empresas optan por el uso de plataformas de colaboración como Trello, Asana, Igloo o Zyncro en lugar de reuniones presenciales y el email.


Coworking Virtual


Algunos trabajadores freelance no pueden acudir a espacios de coworking, porque son demasiados caros o porque el tipo de trabajo que hacen no lo permite. Yo, por ejemplo, no lo puedo hacer porque necesito un entorno tranquilo para poder atender a mis clientes de consultoría a distancia o para grabar los vídeos del curso online.


Después de haber estudiado las dos tendencias, decidí combinarlas y utilizar las herramientas que facilitas el teletrabajo para crear un pequeño grupo de Coworking Virtual. Invité a algunos seguidores en Twitter, programé un Hangout para explicar mi idea y el resultado es muy positivo.


El grupo de Coworking Virtual lleva funcionando desde febrero y ya me ha aportado muchos beneficios. No solo el café virtual que tomamos cada mañana, sino también feedback rápido a ideas y servicios nuevos. Estamos conectados mediante la herramienta Slack —muy recomendable también para equipos de trabajo— dónde podemos hablar y compartir ficheros. De vez en cuando quedamos en un Hangout para comunicar menos virtual.


Para mi ha sido una experiencia muy positiva. Quiero dar las gracias a Andres, Cristina, Javier, Fran, Hana, Jordi, Mercedes, Ninex y Sr. Bot por estar siempre allí.


¿Qué te parece esta idea de Coworking Virtual? No hay nada que te impida formar tu propio grupo.


Imagen «Coworking Virtual» cortesía de Shutterstock



martes, 18 de noviembre de 2014

7 Ladrones de Energía que te quitan mucho

Por: Berto Pena

A menudo se habla y se escribe sobre actividades que “roban tiempo”, pero no tanto de aquéllas que te roban energía. Son menos reconocidas, pero igualmente dañinas. Porque te quitan lo que más necesitas cuando quieres hacer, conseguir y avanzar: la energía, las ganas.



Antes de nada, hay que dejar claro que detrás de todos estos ladrones sólo estás tú. Es decir, son hábitos, gestos o actividades que permite uno mismo. Que permite, propicia o fomenta, y que terminan por cansarte. O sea: no hay que mirar alrededor para buscar culpables… Y tampoco para encontrar soluciones. ¡Y eso es una buena noticia!


¡El depósito está medio vacío!


Cuando tú te levantas por la mañana contigo tienes una cantidad limitada y valiosísima de energía, de capacidad, de atención, de intensidad, de impulso, de ganas de hacer. Teóricamente todo eso lo vamos a invertir en las cosas que nos importan, en lo que buscamos… pero no siempre es así.


Y lo que nos pasa a menudo es que esa energía no nos llega. A veces el depósito mental se vacía a mitad de día. Te encuentras desganado, desenfocado, con ganas de irte a casa ya. «¿Dónde se ha ido toda la energía que tenía hacía sólo unas pocas horas? ¿Quién me la ha quitado cuando en realidad no he hecho tanta tareas?»


Esa falta de energía y de intensidad, suele ser más mental que física. Y muy habitualmente (más de lo que creemos) se debe a ciertos hábitos, actividades y actitudes nuestras, que sileciosamente nos van robando esa energía. Que nos van cansando y cansando. Tú crees que es sólo culpa de las tareas de tu lista (que también), cuando en realidad hay otras cosas que han contribuído a cansarte.


Fíjate en la lista que viene a continuación. Porque son cosas en los que muchos de nosotros caemos (tal vez sin darnos cuenta), y que nos pueden llegar a quitar lo mismo o más que otros conocidos “ladrones del tiempo” como las interrupciones, las pérdidas de tiempo online, etc.



  • 1. Quejarnos demasiado.

    ¡Madre mía cómo nos gusta quejarnos! Y no una vez, sino veinte. Y además lo retransmitimos a todo el que se aproxime. Sentir molestia o cabreo ante una contrariedad o una mala noticia, es natural y humano; y es bueno expresarlo en alto… pero una sola vez y ya está. Instalarse permanentemente en la queja es un acto inútil (no soluciona el problema) y sobre todo consume una cantidad enorme de energía. De tu energía.

  • 2. Falta de planificación.

    Cuando no planificas un día o una semana de trabajo; cuando no preparas una tarea complicada o un proyecto; cuando no te anticipas a un previsible momento complejo, te bloqueas, te atascas, y pierdes tiempo buscando, recopilando o arreglando sobre la marcha. Y, claro, eso te cansa. De forma innecesaria, pues lo podías haber evitado con facilidad. Planifica y prepárate ahora, y ahorrarás energía mental después, que podrás invertir en tus tareas.

  • 3. Intentar recordar cosas.

    Muchas personas obligan a su mente a retener y acumular tareas, microtareas y recordatorios en una pelea constante por que no se le escapen cosas que tienes que hacer o que le debes a otros. Esto genera un descomunal derroche de energía que se podría solucionar fácilmente utilizando una aplicación o una agenda de papel. La mente nació principalmente para inventar, solucionar, crear, hacer. No para “apuntar cosas”.

  • 4. Cotilleo y chismorreo.

    Aunque es algo que todo el mundo dice odiar, luego es algo en lo que todo el mundo cae de una forma u otra. Cruzar la linea del simple comentario para enzarzarnos en una espiral de chismorreo y habladurías, es fácil, es humano, y es algo diario. Pero es algo que también nos desgasta silenciosamente. Y ese chismorreo se puede encontrar en la máquina de café de la oficina, pero también en Twitter, Facebook, etc. ¿Y si invirtieras tooooooda esa energía en otras cosas que de verdad te importan?

  • 5. Desorganización y desorden.

    Mirándolo a fondo, la desorganización en sí no es el problema. El problema está en las consecuencias que se derivan de ella: perder tiempo intentando encontrar algo, poner patas arriba todo buscando, interrumpir a alguien porque no lo encuentras, o distraerte de la tarea porque te falta algo que creías tener. Y ojo, esto tanto en el trabajo como en casa con tus cosas o las de tu familia. Todo eso, aunque no lo vemos/admitimos, nos roba una energía de la que luego nos lamentamos por no tener.

  • 6. Estar con personas negativas.

    Hay personas positivas y personas negativas. Éstas últimas son personas nocivas y dañinas, que restan en vez de sumar, que desaniman en vez de motivar, que destruyen en vez de construir, que se quejan en vez de solucionar, que se quedan parados en vez de avanzar. Y sobre todo que “contagian”. Estar con estas personas, rodearte de ellas, o incluso pasar tiempo con ellas, tiene un precio alto: por un lado te vas contagiado de su negatividad, y, por el otro, vas perdiendo la energía y el entusiasmo que necesitas para tus proyectos y metas.

  • 7. Indecisión permanente.

    A la hora de decidir, dar una respuesta definitiva, o lanzarte a algo, internamente te debates entre el sí o el no, con argumentos que van y vienen, considerando todas las posibles opciones (hasta las más absurdas), imaginando escenarios que nunca llegarán a darse, intentando trazar el plan perfecto, o esperando por el momento ideal que nunca llega. Esa “batalla interna” de días y hasta semanas termina por agotarte. Pensar y analizar antes de decidir es bueno y necesario. Pensar demasiado y caer una espiral de indecisión termina por agotarte. Y además hace que no te muevas.


¿Dónde están las claves para vencer todo esto? Pues la primera y más importante es saber si tú caes en esto. Esto es, analizarte y autoevaluarte de forma regular para ver cómo haces las cosas. Cuando sabes dónde te duele, luego es mucho más fácil ponerle remedio. Si no, es como seguir caminando con los ojos vendados.




lunes, 17 de noviembre de 2014

✓ Como NO comunicar en equipo, parte 1: interrupciones en la oficina

Por: Jeroen Sangers

Oficina abierta

Aunque estoy especializado en la Productividad Personal tengo que admitir que ser productivo no siempre es algo personal. No estás solo en este mundo: trabajas con otras personas —compañeros, proveedores, usuarios, clientes— y también en tu tiempo libre haces actividades con tu pareja, tu familia o tus amigos. Aunque todos tenemos nuestros momento de altas y bajas niveles de eficacia, si dependes de otras personas verás que a veces tu productividad personal disminuye justo porque estás interactuando con ellos. Si estuvieras todo el día encerrado en una habitación, tu eficacia sólo dependería de ti. Si colaboras con otros, el número de factores que afectan tu eficacia incrementa significativamente.


Obviamente, trabajar con otros no necesariamente es un elemento negativo: colaborando en un equipo de compañeros puedes hacer cosas que son imposibles de hacer solo. Disfrutarás más de la película si la puedes comentar con tus amigos que mirándola solo en casa. En un equipo de trabajo podrás dividir las tareas y enfocarte sólo en lo que tu sabes hacer mejor.


La mayoría de las oficinas han sido diseñados para maximizar el número de interrupciones


No obstante, muchos de mis clientes me han comentado que las interrupciones de sus compañeros forman la mayor fuente de distracciones. En la última década, muchas empresas han optado por oficinas abiertas para reducir los costes y promover la creatividad e interacción entre los trabajadores. Si todo el equipo está en la misma sala es posible solucionar cualquiera duda en poco tiempo, simplemente preguntándola a tus compañeros. Cuando quieres preguntar algo a un compañero, no es necesario levantarse de la mesa ni redactar un texto para enviarlo electrónicamente.


Pero esta facilidad de comunicarse también tiene un lado negativo. En una oficina abierta recibes más interrupciones de tus compañeros y además hay más distracciones porque puedes oír a tus compañeros hablando de sus temas.


La mayoría de los trabajadores de conocimiento no disponen de buenos hábitos productivos. Cuando su trabajo está bloqueado porque necesitan información de un compañero, no saben gestionarlo bien. Lo mejor que pueden hacer es pasar la pilota al compañero para no olvidarlo.


¿Es posible ser productivo en una oficina abierta?


Por un lado, las oficinas abiertas incrementan la creatividad y la comunicación en el equipo, pero al mismo momento también facilitan interrupciones y distracciones. No existe ninguna solución única y fácil para este problema, pero se puede hacer algo.


Como he indicado antes, una de las causas de interrupciones de compañeros es la falta de buenos hábitos productivos. En mi curso de gestión del tiempo explico cuál es la función de los contextos de @personas en GTD — desde mi experiencia la mejor manera de disminuir las interrupciones innecesarias.


Además, creo que cada equipo de trabajo debería hacer un inventario de los canales de comunicación disponibles y el uso que dan a cada canal. Luego podréis crear un protocolo de comunicación interna enlazando tipos de mensajes y contenidos con canales de distribución.


Finalmente, las oficinas abiertas no son aptas para todo tipo de trabajo. Un trabajador que todo el día está hablando por el teléfono debería tener un despacho cerrado para no distraer a sus compañeros. Yo soy partidario de oficinas con una mezcla de espacios abiertos y despachos cerrados donde cada persona pueda elegir el lugar que mejor encaje con su preferencia personal y el trabajo que debe hacer en este momento.


¿Qué prefieres tu: una oficina abierta o un despacho cerrado? ¿Y qué haces para disminuir las interrupciones y las distracciones causadas por tus compañeros de trabajo? Explícalo en los comentarios.


Imagen «Oficina abierta» cortesía de Shutterstock



jueves, 13 de noviembre de 2014

Cómo gestionar las tareas periódicas en GTD ↦

Por: Jeroen Sangers

Getting Things Done no es un método difícil de entender, pero a veces hay situaciones prácticas que no son obvias. Por ejemplo, ¿qué hacer con las tareas repetitivas? No constan en el libro de David Allen, pero Jerónimo Sánchez explica cómo se puede gestionar estas tareas aplicando los principios de GTD:



el libro de Allen no menciona expresamente cómo hacerlo, así que no podemos culpar a nadie por ello. Pero las consecuencias son claras: cada uno hace la implementación que mejor le parece, lo que a veces da como resultado flujos de trabajo poco efectivos, cuando no completamente en contra del espíritu de GTD.


Una de las soluciones más comunes es utilizar el calendario -confieso haber pecado-. En este post os comparto porqué creo que no es una buena idea, cuál es la única excepción en que podría hacerse, y cómo debemos gestionar las tareas periódicas sin romper las reglas de GTD.



∞ Lea el artículo en El Canasto



miércoles, 12 de noviembre de 2014

Categorías Organizativas en GTD: Acciones Delegadas

Por: Jose Miguel Bolivar

cosas a la espera Categorías Organizativas en GTD: Acciones DelegadasSi hay una categoría extremadamente simple y potente a la vez, es la de las acciones delegadas. Son muchas las personas que, al dar sus primeros pasos con GTD, me han comentado, entre sorprendidas y encantadas, los espectaculares resultados que el uso correcto de esta categoría organizativa puede llegar a producir.


Antes de nada, conviene recordar qué significa “delegar” en GTD, ya que se trata de un significado distinto al habitual. En GTD, delegar significa que la siguiente acción necesaria para que algo avance la puede, debe o tiene que hacer alguien que no eres tú.


Cuando compras algo online, estás “a la espera” de que ese comercio te envíe la mercancía. Cuando le pides una información a una persona, estás “a la espera” de que esa persona te envíe dicha información. Cuando le envías una factura a un cliente, estás “a la espera” de que el cliente te pague la factura. Cuando llevas el coche al taller a que le cambien el aceite, estás “a la espera” de que te llamen diciéndote que ya está cambiado. Los ejemplos serían inagotables.


Pues bien, en GTD, el envío de la mercancía por parte del comercio, el envío de la información pedida por parte de esa persona, el pago de la factura por parte del cliente y la llamada del teléfono avisándote de que el coche está listo para recoger son acciones delegadas.


La categoría organizativa que recoge todas las acciones delegadas recibe el nombre de “lista a la espera” y, como digo en los talleres, se trata de un “invento” equiparable a la rueda y el fuego. Bromas aparte, la “lista a la espera” es, con diferencia, la forma más sencilla, rápida y eficaz de tener controlados todos esos temas que esperas de otros, sin que se te pase ni uno solo por alto.


Una “lista a la espera” bien utilizada debe contener los recordatorios de todas y cada una de las cosas que estás esperando de otras personas o entidades. Esto debe incluir, necesariamente, todas las acciones y todos los proyectos que has delegado en los demás, todo lo que has pedido y no ha llegado aún, cualquier objeto prestado y cualquier respuesta, confirmación o información pendiente de cualquier tipo.


Con mucha más frecuencia de la que puede parecer, la siguiente acción necesaria para que un tema avance o pueda cerrarse no depende sólo de ti, sino de otros.


Tu responsabilidad es:



  1. Descubrir quién o quiénes son esas personas

  2. Confirmar que saben que tienen que completar dicha acción

  3. Comprobar regularmente que la situación de cada una de estas acciones delegadas es la adecuada y, si no es así, actuar de la forma que sea necesario


Si ya usas una “lista a la espera”, me encantaría que dejaras un comentario para conocer tu opinión y experiencia y, si aún no la usas, ¿a qué esperas?



optimainfinito rss Categorías Organizativas en GTD: Acciones Delegadas Este artículo, Categorías Organizativas en GTD: Acciones Delegadas , escrito por José Miguel Bolívar y publicado originalmente en Optima Infinito, está licenciado para su uso bajo una Licencia Creative Commons 3.0 España.

Muchas gracias por suscribirte a Optima Infinito.




lunes, 10 de noviembre de 2014

Cómo dejar de llegar tarde hasta a tu propio entierro ↦

Por: Jeroen Sangers

Ruben nos comparte una experiencia negativa con una reunión:



Mi error fue fiarme de mi memoria y no consultar el calendario, pensando que el inicio de la reunión estaba fijado para media hora más tarde (la hora habitual, ya que era una reunión periódica) del inicio real.


Está bien confiar en el sistema pero no tanto como para ni siquiera consultarlo.


La consecuencia fue clara: veinte minutos de retraso por mi culpa (en mis mundos de fantasía llegaba diez minutos antes) y pérdida de tiempo total para los cinco asistentes. Eso, en la parte evidente. En lo intangible, podemos sumar que si quieres mantener la hora de fin de la reunión (otra “ley” permanentemente mancillada) tienes o que correr más, resintiéndose la calidad de la presente, o convocar una nueva reunión. En todos los casos nadie gana y todos perdemos.



Creo que alguna vez ha pasado a todos, pero ¿cómo podemos evitarlo? Ruben explica la solución es su artículo.


∞ Lea el artículo en El Canasto