viernes, 6 de mayo de 2022

El verdadero significado de contexto en GTD

Por: José Miguel Bolívar

Aunque ya he escrito en varias ocasiones sobre ellos, mi intención en este post es explicar el verdadero significado de contexto en GTD.

Te adelanto que lo más probable es que la lectura de este post te sorprenda y rompa muchos de tus esquemas sobre la metodología.

Esta sensación será más intensa cuanto menos tiempo lleves en el camino para dominar GTD. De hecho, si llevas poco, puede que prefieras esperar para leerlo.

Lo mismo te digo si el fundamentalismo por el que muchas personas usuarias de GTD hemos pasado alguna vez es fuerte en ti. Vas a sufrir leyéndolo.

En cualquier caso, una vez lo hayas digerido, creo que te resultará muy esclarecedor; vas a encajar muchas piezas y GTD en su conjunto empezará a tener más sentido para ti.

Los mapas de orientación, esos desconocidos

Hay un concepto de GTD que es muy poco conocido. Me refiero al de «mapa de orientación».

En su libro, Allen los define como  «custom lists or reference documents that support appropriate engagement with one’s circumstances (e.g., meeting agendas, calendars, checklists, action and project lists)».

Es decir, un mapa de orientación es cualquier lista o documento de referencia que te ayuda a estar presente en lo que sea que estés haciendo, en función de las circunstancias.

Junto a la definición, Allen menciona expresamente las agendas, los calendarios, las checklists y las listas de acciones y proyectos.

El concepto de mapa de orientación se introduce brevemente en la formación GTD® oficial de Nivel 2 y se profundiza sobre él en el Nivel 3.

Es un concepto crucial para entender GTD, porque una vez tienes claro qué es un mapa de orientación, todo cambia y, lo primero que lo hace es que entiendes en toda su amplitud que, para GTD, solo necesitas listas y carpetas.

Lista, contexto y checklist son lo mismo

No porque lo diga yo, sino porque lo dice Allen.

Si has hecho la formación GTD oficial de Nivel 2, en el Programa de Refuerzo del Aprendizaje Mindmarker hay un video sobre checklists en el que el creador de GTD dice:

«Actually, all of your lists, in a sense, are checklists. There’s things to check. You’re gonna go run errands. You need to check what’s on your list. So in a sense, every list that’s a reminder list is some sort of a checklist».

O sea que, en realidad, todas tus listas son, en cierto modo, checklists. Contienen cosas que comprobar. Por ejemplo, si vas a hacer recados, necesitas revisar lo que está en tu lista de recados. Así que en cierto sentido, cada lista de recordatorios es un tipo de checklist.

Llegados a este punto, es posible que te estés preguntado por qué tanto lío entonces con que si contexto, agenda, calendario, checklist, etc. En mi opinión es una gran pregunta y no sé respondértela.

En cualquier caso, una vez comprendes que, en esencia, en GTD todo son listas —con distintas utilidades, propósitos y formas de uso, pero listas al fin y al cabo—, es normal preguntarte (yo al menos lo hago) si de verdad hacía falta tanta complejidad para llegar aquí.

Contexto es el nombre que pones a una lista

Nuevamente, la frase no es mía, sino de Ana María González, Senior Master Trainer de la David Allen Company y responsable de la certificación de Master Trainers y Coaches a nivel mundial.

Durante una reunión de formación como GTD Coach, le planteé una necesidad de un cliente y le pregunté si tendría sentido crear un contexto o una checklist.

La respuesta fue que daba igual, porque ambas cosas son, en esencia, lo mismo. Si yo suelo viajar a Barcelona, da igual tener un contexto @Barcelona que una checklist «La próxima vez que vaya a Barcelona».

Llamarlo lista, contexto o checklist depende, fundamentalmente, de qué significado tenga para ti cada uno de esos conceptos.

De hecho, yo hace tiempo que dejé de usar contextos, agendas o checklists como tales. Ahora simplemente utilizo listas con nombres descriptivos de las circunstancias en las que quiero ver los recordatorios que contienen.

Los contextos son factores limitantes, o no

En el apartado Creative Context Sorting Allen dice que «Though sorting by the tool or physical location required is most common, there are often other uniquely useful ways to filter your reminders».

Es decir, aunque agrupar por la herramienta o el lugar necesarios sea lo más habitual, a menudo hay otras formas de filtrar los recordatorios que resultan muy útiles.

En concreto, menciona varios que él mismo emplea. Uno de estos contextos es «Antes de viajar», que igualmente se puede considerar una checklist. Como Allen explica en el libro, es una categoría organizativa temporal en la que va a incluir todo lo que tiene que gestionar antes de irse de viaje.

Esto es importante, porque también dice que va a mover a esta nueva categoría elementos que estaban en otras categorías. Por ejemplo, si antes de irse de viaje necesita hacer una llamada —que inicialmente está en @Llamadas— la va a mover a «Antes de viajar».

Otro ejemplo que menciona Allen en el libro es Creative Writing, que contiene recordatorios de cosas que tiene que hacer con el ordenador, pero para las que, además, necesita un espacio de tiempo y un estado mental específicos.

También tiene un contexto (o checklist) Brain Gone para acciones que se pueden hacer prácticamente sin pensar y otro Less Than 5-Minute cuya utilidad es obvia.

La lista a la espera es un contexto (o una checklist)

Otra frase de Ana María González. La primera vez que la escuché el cerebro me explotó y mi yo más talibán se convulsionó.

Me costaba dar crédito a lo que estaba pasando. ¿Cómo podía la máxima referente mundial en GTD —después de Allen, se entiende— decir tal barbaridad?

Evidentemente, podía decirlo porque es así.

La lista a la espera es un inventario de los asuntos que tienes delegados y la vas a revisar cuando quieras conocer en qué estado está cada uno de ellos.

Cuando entiendas que el nombre —lista, contexto o checklist— da igual, habrás dado un salto de gigante en tu camino para dominar GTD.

Cómo llevar tus listas al Nivel Pro

Como dice Allen, el objetivo de usar contextos (o checklists) es «to prevent unnecessary reassessments about what to do», es decir, evitar replanteamientos innecesarios sobre lo que hay que hacer.

Organizar bien significa pensar en qué circunstancias futuras tiene más sentido reencontrarte con el recordatorio de lo que acabas de decidir al Aclarar.

Si llega el calor y quieres cambiar la ropa de temporada, puedes poner tu recordatorio en el contexto @casa o en una checklist «cuando llegue el buen tiempo».

Para llevar tus listas a Nivel Pro solo necesitas asegurarte de que cumplen estos dos requisitos:

  1. El nombre de la lista te transmite con nitidez en qué circunstancias específicas tiene sentido consultar el contenido de esa lista. Unas circunstancias ↔ una lista.
  2. Cuando revisas la lista, sientes que está completa al 100 %, es decir, que tiene todos los recordatorios que tiene que tener, sin que sobre ni falte ninguno.

Para conseguir lo anterior, te recomiendo que pruebes varias opciones hasta dar con la que te funcione.

Intenta tener una lista para cada circunstancia en la que necesites recordar algo y que cada lista tenga sentido únicamente en unas circunstancias concretas.

La buena práctica es que el nombre de la lista te dé información sobre en qué circunstancias tiene sentido que la compruebes, al Ejecutar, para elegir qué hacer. Cuanto mejor y más rápido te ayude a discriminar si tiene sentido consultarla o no, mejor nombre es.

Por otra parte, si al consultar una lista sientes que hay algo que falta o algo que sobra, cámbialo.

No tengas miedo a usar «muchas» listas. Eso no existe. O tienes las listas que necesitas, o no las tienes.

Espero haberte ayudado a tener más claro el verdadero significado de contexto en GTD y me encantará continuar la conversación en los comentarios.

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jueves, 5 de mayo de 2022

Cómo crear una academia online con WordPress

Por: Ideando Azul

La creciente digitalización ha supuesto una revolución para el mundo del aprendizaje online, también conocido como elearning. La formación por Internet cuenta con numerosas ventajas como el ahorro de tiempo y de costes. Además, se ha visto incrementada por las medidas de distanciamiento social propias de los tiempos que vivimos. El sector de los infoproductos ... Leer más

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viernes, 29 de abril de 2022

El café para todos en efectividad personal

Por: José Miguel Bolívar

En este post me gustaría compartir contigo algunas reflexiones sobre lo que yo llamo el café para todos en efectividad personal.

Llevo década y media compartiendo aquí lo que voy aprendiendo sobre efectividad personal y un tiempo parecido dedicándome profesionalmente a ayudar a mejorarla.

Y, a pesar de ello, este hallazgo, descubrimiento o, si lo prefieres, insight, ha tenido lugar hace tan solo unos meses.

No sé qué me ha sorprendido más, si la conclusión a la que he llegado o lo mucho que he tardado en llegar a ella.

En cualquier caso, por fin he podido entender el motivo común por el que fallan las metodologías de efectividad personal.

Y, a su vez, me he dado cuenta de que es un motivo tan obvio y evidente que lo más fácil y natural es pasarlo completamente por alto.

Desafortunadamente, estamos ante un problema que va más allá de las metodologías de efectividad personal y que afecta a la totalidad del modelo formativo en el que actualmente operan la mayoría de las organizaciones.

Un modelo hasta cierto punto lógico, aunque no por ello menos equivocado y, sobre todo, no menos ineficiente.

El modelo de aprendizaje sigue estancado

Hace doce años escribía sobre la necesidad de superar el modelo de formación tradicional por estar caduco.

Hoy, a pesar del tiempo transcurrido, la mayoría de las organizaciones —y de las personas— siguen operando bajo ese mismo modelo obsoleto.

La confusión entre información y conocimiento —dos conceptos sustancialmente distintos— da lugar a la creencia errónea de que el conocimiento es transferible (ya que la información sí lo es).

Y es esta creencia errónea la que propicia el «mito de la caja vacía» por el que se acepta que alguien que «posee» cierto conocimiento lo puede transferir a alguien que carece de él.

Obviamente, esto es falso. Tener información sobre montar en bicicleta y tener conocimiento sobre montar en bicicleta —es decir, saber montar en bicicleta—, son cosas muy distintas.

El aprendizaje ocurre cuando la información se transforma en acción.

Y, como todo el mundo sabe, toda acción conlleva un esfuerzo. Tomar conciencia de este «detalle» lo cambia todo, porque cambia el centro de atención.

En este nuevo y actualizado paradigma, el foco deja de estar en la persona formadora que supuestamente «transfiere» su conocimiento a las «cajas vacías» que tiene delante.

Ahora, el foco está en todas y cada una de las personas que aprenden, cada una de las cuales necesitará realizar su propio y particular esfuerzo de aprendizaje para convertir la información en conocimiento.

El egocentrismo metodológico como patrón común

Todas las metodologías de efectividad personal que conozco comparten un mismo patrón común: el egocentrismo de su autor o autora.

Por egocentrismo metodológico me refiero a la existencia de dos creencias igualmente nocivas.

La primera de ellas es «si a mí me es útil y me funciona, al resto del mundo también».

La segunda, «si yo soy capaz de aplicar estas prácticas, el resto del mundo también».

En casi todos los casos, la primera creencia peca de exceso de optimismo, ya que la utilidad de las prácticas que se plantean es circunstancial.

Quiero decir con esto que, lejos de ser prácticas de validez universal, solo son útiles en circunstancias más o menos concretas y específicas.

Esto significa que seguramente resulten útiles a las personas cuyas circunstancias sean similares a las de quien desarrolló la metodología, pero no al resto.

Al margen de lo anterior, hay metodologías —por ejemplo,  GTD— que sí proponen prácticas de utilidad universal, ampliamente validadas por las neurociencias y, por tanto, aplicables a todo el mundo.

Si esto es así, y lo es, ¿por qué entonces sigue habiendo tantas personas que fracasan en el intento de aplicarlas?

Aprender es cambiar

Aquí es donde entra en juego la segunda creencia del egocentrismo metodológico: «si yo soy capaz de aplicar estas prácticas, el resto del mundo también».

Esta creencia pasa por alto un detalle crucial: que el aprendizaje es un proceso de cambio. Aprender es cambiar.

Un cambio que rara vez ocurre de manera instantánea y que la mayoría de las veces es progresivo, es decir, asociado a un recorrido.

La clave está en entender que cada persona se enfrenta a su propio recorrido de aprendizaje.

Primero, porque cada persona está inicialmente en un punto distinto y, por tanto, a una distancia distinta del objetivo último del aprendizaje.

Y segundo, porque cada persona tiene unas características particulares que, combinadas, dan lugar a una determinada capacidad de aprendizaje.

Me refiero, por ejemplo, el estilo de aprendizaje, el nivel de compromiso, la necesidad, la motivación y la mayor o menor perseverancia.

Por tanto, la posibilidad real de aprender está fuertemente condicionada por dos factores: la distancia al punto de destino y la capacidad de aprendizaje.

El reto lo tiene quién aprende

Si aceptamos que cada persona se acerca al reto de aprender desde una situación distinta, el café para todos —en efectividad personal o en cualquier otra materia— queda automáticamente en evidencia.

Como es obvio, habrá personas que se encuentren más distantes del objetivo de aprendizaje —algo inevitable cuando este es el mismo para todo el mundo— y que, por consiguiente, lo tendrán mucho más difícil.

Lo mismo ocurrirá con las personas cuya capacidad de aprendizaje sea comparativamente menor.

Únicamente las personas que partan de una situación suficientemente próxima al objetivo final, o que tengan la capacidad de aprendizaje suficiente para completar el recorrido, lograrán tener éxito en su empeño.

En definitiva, el reto de aprender lo tiene quien aprende, ya que cada persona aborda el aprendizaje desde su propia realidad, que es única.

Cualquier metodología que pase por alto este hecho fundamental está abonando el camino hacia la frustración y el rechazo, a la par que reduciendo considerablemente sus probabilidades de éxito.

Personalmente, esta conclusión me ha llevado a replantearme profundamente el enfoque original desde el que abordé OPTIMA3® en su día, lo cual implica descartar todo lo existente hasta ahora y empezar nuevamente desde cero.

La magnitud del reto es considerable y hasta es posible que sea una misión imposible. En cualquier caso, tengo claro que OPTIMA3 será cualquier cosa menos café para todos, o no será.

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viernes, 22 de abril de 2022

Productividad Personal Edición 2022: Reflexiones Día 10

Por: José Miguel Bolívar

En este décimo post de la serie Productividad Personal Edición 2022 voy a compartir contigo mis reflexiones sobre la parte dedicada a cómo se procesa o aclara una bandeja de entrada.

Esta parte del libro me ha generado emociones incómodas.

Por un lado, si de explicar el diagrama de flujo de GTD se trata, creo que gran parte de lo que digo en el libro sigue siendo cierto o, en el peor de los casos, irrelevante. Luego lo comentaré en más detalle.

Por otro, como ya comenté en el post anterior, pienso que es un diagrama de flujo que, además de engañoso, ha fracasado en el intento de reducir el pensamiento intuitivo a un algoritmo.

Y, por si fuera poco, creo sé por experiencia que explicar este paso sin haber explicado previamente el paso de Organizar es un error pedagógico considerable.

Esto es así porque la gente se agobia cuando la obligas a decidir sobre sus cosas sin saber aún «dónde las va a poner» según vaya decidiendo sobre ellas.

Una buena pedagogía no debería pasar por alto la realidad en la que se encuentran las personas cuando se incorporan al proceso de aprendizaje.

Y la realidad es que la gente —cuando llega a GTD— está más preocupada por encontrar un sitio en el que guardar/clasificar/ordenar lo que va aclarando que en tomar decisiones con sentido sobre sus cosas.

Dejando todo esto al margen, veamos los cuatro puntos que abordo en este apartado del libro.

El objetivo de procesar/aclarar es transformar/vaciar

Aquí lo dejaría tal y como está, al menos en su esencia. El valor de este paso es someter tus cosas a un proceso de análisis y toma de decisiones con un mínimo de calidad.

Mucha gente se resiste como gato panza arriba a tomar decisiones y prefiere guardar los temas bajo la alfombra hasta que no queda más remedio.

Para estas personas, procesar/aclarar es un trago (3.ª acepción) y por eso prefieren seguir haciendo sin pensar ni decidir que empezar a pensar y decidir sin hacer.

Hasta que no sean conscientes de que su actitud no suele arrojar buenos resultados, tampoco se puede hacer gran cosa para que se tomen este paso de GTD en serio.

Procesa la bandeja en orden

Este es otro ejemplo de ese «tufillo fundamentalista» del que ya he hablado en varias ocasiones en esta serie.

A ver, la intención positiva de este consejo es evitar que la gente se haga trampas al solitario.

Ahora bien, en mi experiencia, consejos como este no solo no impiden que quien tiene la costumbre de hacerse trampas al solitario se las siga haciendo, sino que contribuyen a generar esa fama de rigidez que tiene GTD.

Una fama más que merecida, por cierto, no porque sea realmente rígido, que no lo es en absoluto, sino porque su pedagogía está repleta de ejemplos como el que acabo de comentar que inducen a percibirlo como rígido.

En definitiva, mientras procesar/aclarar signifique vaciar, el orden es irrelevante.

Hazlo como te dé la gana, pero piensa y decide sobre tus cosas hasta vaciar tus bandejas.

Lo que sale de la bandeja no vuelve

O sí. O suponías que te iba a dar tiempo a aclararla porque tenías 5 correos nada más y luego te has dado cuenta de que cada correo tenía más «sustancia» de la que creías.

Y como se te ha echado encima la hora de meterte en la reunión y no quieres precipitarte y aclarar mal el correo con el que estás, lo devuelves a la bandeja y ya lo aclararás en la próxima ronda. Y no pasa nada, oye.

Estamos nuevamente ante un ejemplo de fundamentalismo absurdo, por muy bien intencionado que sea.

La intención en este caso es idéntica a la del punto anterior: que pienses y decidas sobre tus cosas hasta vaciar tus bandejas.

Mi experiencia es que la gente deja en la bandeja los «residuos complicados», es decir, esos temas sobre los que realmente les cuesta pensar y decidir. De ahí que se recomiende como buena práctica que nada pueda volver a la bandeja.

Pero pensar deprisa y mal para cumplir con el trámite y que no quede nada en la bandeja es casi peor que dejarlo en la bandeja para retomarlo con ganas y aclararlo adecuadamente en un momento posterior.

Sigue el diagrama de flujo

O no. Lo importante es que pienses y decidas con sentido, que superes la obsesión archivista del dónde lo pongo (ponlo donde te dé la gana) y entiendas el valor añadido de este proceso clave de pensamiento.

Es cierto que mucha gente decide regular tirando a mal cuando da sus primeros pasos con GTD. Por ejemplo, incubando cosas «porque no tiene que entregarlas hasta la semana próxima».

Creo que pedirle a la gente que piense y decida sobre sus cosas «en abstracto» es pedir demasiado.

Sería mucho más fácil pedirles que lo hicieran una vez tuvieran claro cómo va a continuar el proceso, es decir, que primero supieran «dónde se ponen las cosas en GTD» y qué tipo de decisiones se toman al procesar/aclarar.

Solo entonces tendría sentido, al menos para mí, que aprendieran a pensar y decidir con intención. Aunque claro, entonces eso ya no sería GTD, sino otra cosa.

Con esto llegamos al final de este post. En una próxima entrega continuaremos en el apartado «Aprendiendo a transformar las cosas». Te espero.

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viernes, 8 de abril de 2022

Diferencias entre áreas de enfoque y proyectos

Por: José Miguel Bolívar

En este post vamos a abordar las diferencias entre áreas de enfoque y proyectos en GTD.

Estos dos conceptos dan lugar a buen número de confusiones, malentendidos y errores.

Y es curioso, porque, aunque complementarios, son distintos hasta el extremo de poder considerarse casi opuestos.

Una muestra de esta diferencia la tenemos en que incluso ocupan posiciones físicas (o digitales) separadas en un ecosistema GTD bien organizado.

En mi experiencia, el principal motivo por el que llevan a error es su peligroso parecido con las categorías organizativas de archivo, que tan bien conocemos y tanto nos gustan.

Por ejemplo, un error común al empezar con GTD es creer que los proyectos son contenedores de acciones (qué manía con archivarlo todo, oye).

En la misma línea, otro error habitual es pensar que las áreas de enfoque y responsabilidad engloban y contienen a los proyectos (y acciones).

La realidad es bien distinta.

Lo excepcional y lo habitual

Una de las diferencias entre áreas de enfoque y proyectos es su grado de familiaridad.

La mayoría de los recordatorios en tus listas de acciones y proyectos tienen que ver con temas puntuales, «desconocidos».

Son cosas que, en un momento dado, aparecieron en tu radar, decidiste que tenías que hacer algo con ellas y las incorporaste a tu sistema. Una vez hayas hecho lo que sea que tengas que hacer con ellas, desaparecerán para no volver.

Por el contrario, los recordatorios procedentes de tus áreas de enfoque tienen que ver, también en su mayoría, con temas recurrentes, «familiares» (al margen de su mayor o menor frecuencia).

No son cosas que puedas terminar y retirar del sistema.

Esto es así porque la utilidad principal de las áreas de enfoque es el mantenimiento de estándares en las diversas áreas de tu vida y tu trabajo.

Tus contextos y tus checklists

El contenido de tus listas «estándar» de acciones, es decir, los contextos, suele proceder mayoritariamente de temas puntuales y desconocidos.

Pero los recordatorios procedentes de las áreas de enfoque y responsabilidad suelen estar en otro sitio, física o digitalmente separados de los anteriores.

Su lugar típico son los checklists, aunque también habrá parte de ellos en el calendario.

Recalco que estamos hablando de «la mayoría» y «en general». Esto es fundamental entenderlo porque son conceptos muy distintos de «todos» y de «siempre».

Por otra parte, las áreas de enfoque son simplemente una lista más, concretamente, una lista de desencadenantes, igual que las que utilizas para el barrido mental.

La buena práctica es mantener esta lista en tu archivo de referencia, es decir, fuera de tus listas. Así es como la tiene David Allen y así es como recomendamos tenerla en la formación GTD® oficial.

Mezclar las áreas de enfoque con tus listas —en cualquiera de sus posibles formas— es simplemente sobre complicar y meter ruido al sistema.

Ten en cuenta que puede que, puntualmente, tengas proyectos relacionados con áreas de enfoque, pero nunca estarán «dentro» de ningún área de enfoque.

Lo importante y lo urgente

Otra diferencia relevante es que tus proyectos y acciones suelen estar en gran parte relacionados con temas que podríamos calificar de «urgentes».

Sin embargo, los recordatorios procedentes de tus áreas de enfoque suelen estar en su mayoría relacionados con aspectos de tu vida y tu trabajo que, más que urgentes, son «importantes».

Precisamente por su importancia, exenta de urgencia por lo general, es por lo que quieres asegurar el mantenimiento de unos estándares.

En línea con esto tenemos también la frecuencia con la que necesitas actualizar y poner al día unos u otros.

Tus proyectos y acciones necesitas comprobarlos a fondo semanalmente, en tus revisiones semanales.

Por el contrario, reflexionarás sobre tu lista de áreas de enfoque con una frecuencia mucho menor.

Lo reactivo y lo proactivo

Mantener estándares es comprometerte con el futuro. También es una expresión de tu proactividad, ya que es ese mantenimiento el que permite anticiparte y minimizar las sorpresas desagradables necesitadas de reacción inmediata.

Al igual que la relación ideal entre reactividad y proactividad es dinámica, así lo es también la relación entre los diversos elementos que integran tu sistema.

En ocasiones, la conclusión de un proyecto será el punto de partida de una nueva área de enfoque. En otras, un área de enfoque será el origen de un proyecto.

Del mismo modo, a veces un logro (resultado) despierta las ganas de mantener su impacto y termina siendo un área; otras, la necesidad de mantener un estándar puede requerir la consecución de un resultado, por lo que puntualmente tendremos un proyecto relacionado.

En cualquier caso, y a modo de resumen del post, la clave es evitar caer en las dicotomías sin sentido, entender bien los conceptos y, sobre todo, la utilidad de  las buenas prácticas que llevan asociadas.

Porque, más allá del purismo absurdo y de intentar reducir todo a blanco o negro, la práctica de GTD transcurre en los infinitos matices de una gama de grises. Por más que duela al fundamentalismo.

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viernes, 1 de abril de 2022

La perversa relación entre autoestima y efectividad

Por: José Miguel Bolívar

En esta ocasión me gustaría compartir contigo algunas reflexiones sobre la perversa relación entre autoestima y efectividad.

También compartiré algunas estrategias para superar los obstáculos.

Como iremos viendo en el post, se trata de una relación que, ya de entrada, es paradójica.

Esto es así porque mejorar la efectividad suele tener un impacto positivo en la mejora de la autoestima.

El problema es que existe una relación inversamente proporcional entre el nivel de autoestima y la capacidad de mejora de la efectividad.

Y es aquí precisamente donde aparece la perversidad, porque las personas que más podrían beneficiarse de mejorar su efectividad son también las que más difícil tienen conseguirlo.

La relación positiva entre autoestima y efectividad

Mejorar la efectividad significa, entre otras cosas, disponer de más y mejores recursos para conseguir resultados.

Ten en cuenta que, en este contexto, cuando hablamos de resultados lo estamos haciendo en su sentido más amplio.

Me refiero a que estamos reuniendo en una misma categoría una amplia variedad de resultados: relevantes e irrelevantes, elegidos e impuestos, personales y profesionales, etc.

Si una persona mejora su efectividad y, gracias a ello, empieza a alcanzar más resultados significativos para ella, parece lógico pensar que este cambio va a tener un impacto positivo en su autoestima.

Esto es así por muchas razones. Una de ellas es que mejorar la efectividad implica capacidad para aprender y cambiar, para adaptarte y mejorar como persona.

Por tanto, si has mejorado tu efectividad, significa que dispones de todas estas habilidades, y eso es bueno.

Asimismo, alcanzar los resultados que deseas conlleva una sensación de logro, de satisfacción, de ser capaz. Esto también tiene un efecto positivo muy importante a nivel psicológico.

Por último, este cambio positivo conlleva un mensaje muy potente: lo que antes te impedía conseguir resultados no era ninguna carencia ni defecto intrínseco tuyo sino, simplemente, que necesitabas desarrollar una competencia.

La relación negativa entre autoestima y efectividad

La gran perversidad de todo esto es que las personas con baja autoestima son las que más difícil tienen mejorar su efectividad, principalmente por dos motivos.

El primero es que la mejora de la efectividad es una competencia, es decir, un conjunto de comportamientos observables concretos.

La competencia se construye identificando patrones comunes —comportamientos— en las personas que logran resultados con menor esfuerzo, mayor calidad y en menos tiempo.

Las personas con baja autoestima entienden que imitar los comportamientos extraídos de estos modelos de referencia conlleva «dejar de ser ellas mismas».

Esto se debe a un problema de percepción de la realidad, ya que estas personas son incapaces de entender que simplemente están aprendiendo.

En lugar de darse cuenta de que están adoptando una actitud inteligente —es decir, adoptando un modelo ya validado que les evita riesgos y esfuerzos—, perciben que su personalidad está siendo anulada por las de otras personas.

El segundo motivo es que la resistencia al cambio de estas personas es enorme.

El problema en este caso es que, en lugar de entender el error como fuente de aprendizaje, lo interpretan como evidencia de su poca valía.

Este error de concepto se traduce en una fuerte resistencia a dejar de hacer las cosas «como siempre las han hecho», ya que creen que minimizando el cambio minimizan el riesgo de «fallar».

Algunas estrategias

La baja autoestima, si realmente alcanza un nivel preocupante, conviene trabajarla con la ayuda de profesionales especialistas en la materia.

Las estrategias que voy a compartir aquí están pensadas, por tanto, para personas que simplemente tienen algo menos de autoestima de la que les gustaría.

Una de estas estrategias es analizar cosas que se les den particularmente bien y reflexionar sobre cómo llegaron ahí.

Al hacerlo observarán un patrón bastante común en todo ello: antes de que se les diera bien, se les dio mal. Lo que posibilitó el cambio fue empezar, practicar y perseverar.

También observarán que, en prácticamente todos los casos, aprendieron de alguien, bien de forma autodidacta o con ayuda, pero en ningún caso aprendieron por ciencia infusa.

Incorporar un comportamiento que funciona, por tanto, lejos de significar una renuncia a tu personalidad significa que eres una persona inteligente, observadora y adaptable.

Espero que te haya resultado útil el post y, si se te ocurre alguna otra estrategia que te parezca interesante, me encantará que la compartas en los comentarios.

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viernes, 25 de marzo de 2022

Productividad Personal Edición 2022: Reflexiones Día 9

Por: José Miguel Bolívar

En este noveno post de la serie Productividad Personal Edición 2022 voy a compartir contigo mis reflexiones sobre la parte inicial dedicada al concepto Procesar/Aclarar.

El primer apartado, «Por qué hay que transformar las cosas» sigue plenamente vigente a pesar del tiempo transcurrido.

En concreto, me ha gustado releer la parte referente a «clasificar», una pésima práctica que, en el fondo, no deja de ser procrastinación encubierta.

Probablemente, hoy añadiría algo más a esta parte del libro.

Pensar y decidir sobre tus cosas, más allá de ser una buena práctica, es un requisito indispensable para ser una persona efectiva.

Cuando evitas hacerlo, la alternativa que te queda es reaccionar, un comportamiento primitivo cuya utilidad ha quedado muy reducida en el complejo mundo actual.

Reaccionar es muy útil cuando se trata de sobrevivir o de gestionar contingencias operativas. Gracias a este comportamiento hemos sobrevivido como especie y lo seguimos haciendo.

El problema con reaccionar se produce cuando se convierte en un modo de vida.

Si tu modo por defecto de interactuar con el mundo es reaccionar, estarás renunciando no solo a gran parte de lo que te define como ser humano, sino también a tu independencia y a tu autonomía.

Porque, cuando en lugar de pensar y decidir sobre tus cosas te limitas a reaccionar ante ellas, te conviertes en alguien fácilmente manejable, en un dócil juguete en manos de otras personas.

El hábito de Procesar/Aclarar

En este apartado sí que introduciría cambios significativos a día de hoy.

Como comentaba en la reflexión anterior, algunas partes del libro destilan ese «tufillo fundamentalista» típico de la ignorancia recubierta de falsa seguridad.

Lo que quiero decir es que mucho de lo que afirmo en este párrafo, además de incorrecto, es también contrario a la esencia de GTD. Me explico.

Las decisiones que se toman al Procesar/Aclarar son decisiones. Las tuyas. Las que tú quieras tomar, por muy subjetivas que sean.

Me doy cuenta de que escribiendo este párrafo me pasé tres pueblos, ja, ja, ja. Lo siento. En mi descargo diré que la intención tras este fundamentalismo era buena, aunque equivocada.

Mi experiencia como formador es que la gente, cuando cree saber lo que le vas a decir, no escucha, sino que lo supone o se lo imagina.

Yo quería que entendieran que Procesar/Aclarar es otra cosa, un proceso clave de pensamiento, de altísimo valor añadido, que puede cambiar tu forma de relacionarte con el mundo.

Pero me equivocaba en la solución, porque complicar las cosas rara vez va a simplificarlas.

Así que puedes olvidarte de todo lo que cuento en el libro sobre tomar decisiones objetivas o subjetivas.

Procesar/Aclarar es decidir —lo que te dé la gana— sobre tus cosas.

Lo importante es decidir, porque el camino hacia sentirte bien con lo que haces y lo que no haces requiere haber decidido previamente qué hacer y qué no hacer.

O sea, que mientras decidas, bien está, decidas lo que decidas.

Obviamente, si tomas buenas decisiones es mejor que si las tomas malas.

Pero una mala decisión es mejor que ninguna decisión (de hecho, decidir no decidir ya es una decisión y puede ser la peor de todas).

El diagrama de flujo de GTD

Actualmente, pienso que mi versión «mejorada» del diagrama de flujo de GTD es en realidad una sobre-complicación innecesaria.

Es verdad que el diagrama de flujo original es muy mejorable, pero cualquier añadido es ruido que solo sirve para complicarlo y, cuanto más añadas, más complicación.

El problema con el diagrama de flujo de GTD es que ha intentado «algoritmizar» la intuición y, claro, la intuición es más que un algoritmo (escribiré sobre ello).

Curiosamente, el diagrama de GTD ha triunfado porque es engañoso y hace creer que tomar decisiones es algo sencillo que puedes hacer sin pensar.

De hecho, en la formación GTD® oficial de Nivel 1 se refuerza la idea falaz de que puedes Procesar/Aclarar como un robot.

Bueno, y en sentido estricto es cierto que puedes hacerlo, aunque lo más probable es que el resultado sea una porquería.

Procesar/Aclarar requiere en primer lugar una reflexión, por muy breve que sea, sobre qué significa para ti cada una de esas cosas que estás procesando/aclarando.

Sin esta mínima reflexión inicial, lo que vas a hacer va a seguir siendo mayoritariamente reaccionar, con lo que se pierde la mayor parte del valor añadido del proceso.

De hecho, el problema que tienen muchas personas que dicen usar GTD es que tienen un sistema con muchas listas y mucho contenido sobre el que han pensado poco o nada.

Y claro, si el contenido de tu GTD no es resultado de haber pensado y decidido, su utilidad es marginal, así que lo normal es que no lo utilices y termines abandonándolo.

En resumen, lo importante de Procesar/Aclarar es pensar para luego, una vez has pensado, decidir. Si haces esto y lo haces bien, tu efectividad pasará a otro nivel.

No tengo claro qué haría a día de hoy con el diagrama de flujo, aunque intuitivamente me genera rechazo porque creo que confunde más que ayuda (aunque parezca lo contrario).

Y con esto llegamos al final de este post. En una próxima entrega nos adentraremos en cómo se procesa o aclara una bandeja de entrada. El tema promete…

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viernes, 18 de marzo de 2022

Las luces y las sombras de GTD

Por: José Miguel Bolívar

Hoy me gustaría compartir contigo algunas reflexiones sobre las luces y las sombras de GTD.

Si quieres evitar frustraciones cuando intentas entender y aplicar esta metodología, considero imprescindible saber que GTD está lejos de la perfección.

Obviamente, GTD® ha marcado un antes y un después en la historia de la efectividad personal y sigue siendo el estándar. Esto es indiscutible.

Este merecido liderazgo ha sido posible porque, a diferencia de otras «soluciones» en el campo de la efectividad, GTD se basa en principios productivos universales.

Las prácticas que propone proceden, en su inmensa mayoría, de estrategias que han sido ampliamente validadas por la ciencia.

Gracias a la solidez de sus fundamentos, GTD ha triunfado donde el resto de enfoques, planteamientos y metodologías han fracasado.

Y, aun así, GTD es imperfecto hasta tal punto que, probablemente, su imperfección sea el peor enemigo de su aprendizaje.

Las luces de GTD

La mayoría de planteamientos alternativos a GTD —tanto previos como contemporáneos— tienen una cosa en común: están obsoletos.

Y lo están porque operan en un paradigma caduco: el de la productividad del trabajo manual.

Este antiguo paradigma, válido y aplicable a las cadenas de producción del siglo XIX, es inservible en la realidad actual.

Una de las grandes «luces» de GTD es que se trata de una metodología del siglo XXI que nace para dar respuesta a los problemas de efectividad del siglo XXI.

Otra de estas grandes «luces» indiscutibles es obvia: GTD funciona.

Sí, es cierto que el camino para dominar la metodología es largo y tortuoso y que requiere dosis enormes de humildad, perseverancia y paciencia.

Pero también es cierto que, si se dispone de esas cualidades, el camino se recorre sin mayor problema y la recompensa es inmensa.

Y por citar algunas más, otras de sus grandes «luces» son la simplicidad, flexibilidad y potencia de los principios universales en los que se basa.

Algo tan sencillo como, en lugar de utilizar la memoria como gestor de recordatorios, construir y mantener una mente externa que contenga los recordatorios adecuados —en las categorías adecuadas— para verlos cuando tiene sentido.

Las sombras de GTD

Si una de las principales «luces» de GTD es la simplicidad de los principios productivos universales en los que se basa, sus principales «sombras» son la manera de darles forma (su estructura) y de enseñarlos (su didáctica).

Esto es importante porque los principios en los que se basa GTD son una cosa y GTD es otra (aunque Allen intente hacer creer cada vez que tiene ocasión que ambas son lo mismo).

Los principios productivos universales en los que se basa GTD ya estaban ahí mucho antes de que Allen los reconociera, como él mismo admitió hace unos años en una entrevista de la BBC, «I didn’t make this stuff up, I recognized it».

El mérito de Allen ha sido sacar esos principios de la abstracción y darles una estructura reconocible y utilizable por el gran público.

El problema es que Allen ni es metodólogo ni es formador. Como él mismo dice, es solo un buen ponente (muy bueno, en mi opinión).

La consecuencia de estas carencias es que GTD es una manera extremadamente complicada de explicar unos principios productivos y unas buenas prácticas extremadamente sencillas.

Aunque escribiré con más detalle sobre esto en otro momento, me estoy refiriendo a lo desacertado de varios de sus conceptos (por ejemplo, «proyecto»), de sus modelos (como los 5 pasos que no son pasos) y de su didáctica (libros y formaciones).

Conclusiones

Casi dos décadas de uso y más de una década enseñando GTD a unos cuantos miles de personas, me han permitido identificar algunos patrones nítidos en el camino para dominar GTD.

Que la inmensa mayoría de las personas hayamos interpretado mal las mismas cosas, y cometido prácticamente los mismos errores, se puede explicar de diversas maneras.

Una es creer que todas estas personas tenemos una capacidad de comprensión limitada.

Otra es pensar que la forma en que está planteada la metodología —tanto en su estructura como en su didáctica— da lugar a malas interpretaciones y conduce a errores.

No sé qué opinarás tú, pero yo me inclino por la segunda opción.

En cualquier caso, lo que está claro es que, a pesar de sus muchas imperfecciones, GTD funciona y ha triunfado donde el resto de metodologías han fracasado.

Por otra parte, Allen siempre dice que su visión es hacer llegar GTD a todo el mundo, imagino que para que puedan beneficiarse de todo lo que ofrece.

Quién sabe, igual ha llegado el momento de plantearse si esto es realmente posible, y de cuestionarse si el motivo por el que GTD no ha llegado más lejos es precisamente su innecesaria complejidad.

¿Y si la manera de hacer llegar GTD a todo el mundo fuera trascenderlo? Aunque pueda sonar paradójico, tal vez el camino hacia la universalidad pase por su deconstrucción.

A lo mejor la solución es eliminar las capas exteriores de ruido, extraer sus principios y construir con ellos algo nuevo y mejor, con una nueva estructura y una nueva didáctica.

Y entonces, tal vez, la esencia de GTD, el valor que encierra, sea entendible y aplicable para todo el mundo.

¿Tú qué opinas?

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viernes, 11 de marzo de 2022

La relación entre inconformismo inteligente y efectividad

Por: José Miguel Bolívar

En este post voy a hablar de la relación entre inconformismo inteligente y efectividad.

Dice Francisco Alcaide que las personas ganadoras buscan soluciones y que las perdedoras buscan excusas.

En el campo de la efectividad, tanto personal como organizativa, ocurre algo parecido.

Las personas inefectivas son maestras de la «queja pasiva», es decir, quejarse mucho y no hacer nada para cambiar la situación.

Por el contrario, las personas efectivas se rebelan intuitivamente contra las experiencias que viven como inefectivas.

Este «inconformismo inteligente» es lo que les lleva a buscar maneras alternativas —más efectivas— de hacer las cosas.

Como puedes imaginar, es más cómodo quejarse y no hacer nada que invertir recursos en encontrar alternativas mejores.

Pensamiento crítico, antesala del inconformismo inteligente

Si hay una competencia clave para la mejora de la efectividad, esa es el pensamiento crítico.

Esta competencia lleva a cuestionarte las cosas en lugar de aceptarlas sin más.

Lejos de llevar la contraria por llevar la contraria, se trata de evitar dar algo por bueno, válido o cierto sin haber pensado antes siquiera un segundo en ello.

Con el «inconformismo inteligente» ocurre algo parecido. Se trata de cuestionarte las maneras —tradicionales, habituales, iniciales— de hacer las cosas en lugar de aceptarlas y aplicarlas sin más.

Para nada se trata de ser una persona eternamente insatisfecha, sino de transformar la queja inútil en búsqueda activa de alternativas.

Precisamente por eso hablamos de «inteligente». En caso contrario hablaríamos de «inconformismo enfermizo» o de algo similar.

Inconformismo inteligente: ¿hábito o intuición?

El «inconformismo inteligente», ¿es un hábito o una intuición? Imagino que aquí podemos encontrarnos todo tipo de situaciones.

En algunos casos, se tratará de algo intuitivo. Recuerdo de pequeño que mi padre —educado en la cultura del esfuerzo por el esfuerzo— me decía a menudo «hijo, hay que ver lo que trabajas con tal de no trabajar».

Se refería a que, en lugar de lanzarme sin más a hacer las cosas, me paraba antes a pensar y a probar diversas alternativas hasta encontrar una opción mucho mejor.

En la inmensa mayoría de los casos, esa aparente «pérdida de tiempo» inicial se traducía en que la tarea se realizaba en menos tiempo, o de manera más amena o con menos errores (y, a menudo, con todo lo anterior).

En este caso estaríamos hablando de algo intuitivo expresado como hábito, pero también se da el caso contrario.

Si, en lugar de quejarte amargamente cuando algo no te convence —y no hacer nada para cambiarlo—, desarrollas el hábito de practicar el «inconformismo inteligente», te sorprenderás.

Verás como, en el 99 % de los casos, eres capaz de dar con una manera más rápida, sencilla o entretenida de hacerlo (y, con un poco de suerte, todo lo anterior a la vez).

Con el tiempo, este refuerzo positivo dará lugar a que desarrolles un «sexto sentido», una intuición que hará que salten todas tus «alarmas interiores» cada vez que estés haciendo algo de manera inefectiva.

Aplicando el inconformismo inteligente en la práctica

Estoy seguro de que ahora mismo hay actividades —tanto personales como profesionales— que te dan una pereza mortal.

Puede ser por lo monótonas que son, por el mucho tiempo que consumen, por lo fácil que es cometer errores si no pones en ellas tus cinco sentidos o por una mezcla de todo lo anterior.

Pues bien, estoy seguro de que existe —con total seguridad— no una, sino varias maneras mejores de hacerlo (es decir, en menos tiempo, de manera más amena o con menos errores) aún por descubrir.

Así que te invito a que experimentes en primera persona la potencia del inconformismo inteligente.

Lo primero que necesitas es convencerte de que esas mejores alternativas existen.

Lo segundo, dedicar tiempo a buscarlas.

Finalmente, ir probando lo que se te vaya ocurriendo (¡cuidado con descartar algo sin haberlo probado antes!).

Si perseveras, darás con ello. Seguro. Es más, lo más probable es que luego te preguntes cómo has tardado tanto en «rebelarte» contra la situación.

¿El problema? Que estamos tan acostumbrados a la comodidad de la queja inútil, que ni se nos ocurre que el simple hecho de pensar que se podría hacer de otra manera ya es encontrar la mitad de la solución.

¿Te animas? Me encantará conocer tu experiencia en los comentarios 😉

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viernes, 4 de marzo de 2022

Productividad Personal Edición 2022: Reflexiones Día 8

Por: José Miguel Bolívar

En este octavo post de la serie Productividad Personal Edición 2022 voy a compartir contigo mis reflexiones sobre la parte dedicada a los conceptos Recopilar/Capturar y Bandeja de entrada.

Al leer de nuevo estas páginas me doy cuenta de lo lejos que queda aquello de donde estoy ahora en mi camino para dominar GTD.

Leyéndolas con ojo crítico, me parece que pecan de un enfoque excesivamente operativo, más preocupado por los detalles técnicos que por la esencia de los conceptos.

También he percibido al releerlas ese «tufillo fundamentalista» tan característico de quienes creen saber más GTD del que realmente saben.

Pero bueno, este «fundamentalismo» es parte del proceso de aprendizaje de GTD, así que como tal lo acepto.

En resumen, el contenido del libro de esta parte es esencialmente válido, pero hoy lo escribiría de manera muy distinta.

El verdadero valor de Recopilar/Capturar

Aunque nunca se lo he oído decir a Allen, ni tampoco lo he leído en ningún texto suyo, tengo claro que —al menos inicialmente— el principal valor del hábito de Capturar es reeducar la atención.

El cerebro humano tiende a primar lo más reciente, lo más llamativo y lo más ruidoso sobre todo lo demás.

Este comportamiento innato es tan útil cuando de sobrevivir se trata como disfuncional en el resto de casos.

Capturar permite «enfriar el pensamiento», algo clave para evitar la procrastinación y las decisiones precipitadas. Porque tú ya sabes —por experiencia— que decidir en caliente casi siempre significa decidir mal.

La esencia de la efectividad es gestionar la atención, «estar a lo que estás», sea lo que sea. Esto es incompatible con estar a todo lo que llega, a lo más llamativo y ruidoso.

Capturar te libera de la esclavitud que supone vivir permanentemente pendiente de lo último que aparece en tu radar.

Sí, evidentemente también te ayuda a no olvidar las cosas y a tener una cabeza vacía, una «mente como el agua» que te permite centrarte en lo que sea que estés haciendo.

Y, claro, por supuesto que es una práctica indispensable para disponer de una mente externa de confianza desde la que elegir con sentido qué hacer en cada momento.

Pero nada de eso sirve de gran cosa si eres incapaz de gestionar tu atención de manera efectiva, para lo cual antes necesitas reeducarte.

Fuentes de entrada vs. bandejas de entrada

La diferencia entre fuente de entrada y bandeja de entrada es sutil pero relevante. Además, es una distinción muy personal (ya sabes, el significado lo define todo).

Desde un punto de vista semántico, parece lógico asociar «bandeja» a un lugar en el que quedan depositadas cosas y «fuentes» a lugares desde los que llegan cosas a esas bandejas.

Pero, como digo, en la práctica se trata de una decisión personal. Yo puedo considerar bandeja de entrada algo que tú consideras fuente de entrada, o al revés. Y ambos tendríamos razón en ambos casos.

En el libro expongo una relación extensa de ejemplos de lo que yo consideraba, por aquel entonces, bandejas de entrada. A día de hoy, la mayoría de esos ejemplos serían para mí fuentes de entrada.

Por ejemplo, WhatsApp (Telegram en mi caso) es ahora para mí una fuente de entrada. Si leyendo algún canal me encuentro algo que me llama la atención, lo capturo con Braintoss.

Eso que capturo con Braintoss sí va a parar a una bandeja de entrada (en mi caso, el Inbox de Dynalist para casi todo y mi email cuando se trata de una imagen).

De hecho, entender la sutil diferencia entre «fuente» y «bandeja» significó un gran paso en términos de simplicidad de mi sistema. Como resultado, en la actualidad tengo únicamente 4 bandejas de entrada.

Las bandejas de entrada son un facilitador

Las bandejas de entrada sirven para Capturar, sí, pero su verdadera utilidad es facilitar el proceso de «reeducación de la atención» que antes comentaba.

Cada vez que llega algo a tu radar que tú no has llamado activamente —sea externo o interno— en lugar de dejarte llevar por ello en el momento, captúralo y continúa con lo que sea que estuvieras haciendo.

Para poder desarrollar este hábito, necesitas tener siempre a mano una bandeja de entrada, así que, sobre todo al principio, ten tantas como necesites.

Ya tendrás ocasión de ir eliminando las que dejes de utilizar una vez hayas consolidado el hábito de Capturar.

Ten en cuenta que probablemente el indicador más fiable de hasta qué punto estás usando realmente GTD es cuánto de lo que haces lo haces cuando surge. Si de verdad aplicas GTD, será un porcentaje ridículamente pequeño.

Y con esto llegamos al final de este post. En una próxima entrega hablaremos sobre la parte del libro dedicada a Procesar/Aclarar.

La entrada Productividad Personal Edición 2022: Reflexiones Día 8 se publicó primero en Óptima Infinito.