viernes, 23 de abril de 2021

Diferencia entre material de apoyo y referencia

Por: José Miguel Bolívar

Una pregunta habitual es nuestros cursos, módulos y programas de formación GTD® oficial es cuál es la diferencia entre material de apoyo y referencia.

Esta pregunta suele venir frecuentemente acompañada de por qué el material de apoyo y el de referencia aparecen en lados opuestos en el mapa del flujo de trabajo de GTD.

Hace unos días, escuchando una conversación entre David Allen y Ana María González sobre este tema, me surgió la idea de escribir sobre todo ello.

La verdad es que la respuesta puede resultar un tanto sorprendente, especialmente si estás dando tus primeros pasos en el camino para dominar GTD.

Sin embargo, si lo piensas con un poco más de detalle, verás que tiene todo el sentido del mundo.

Y como no quiero hacerte esperar más para conocer la respuesta, aquí va: la diferencia entre material de apoyo y referencia es… En esencia, ninguna.

¿Cómo sé si es material de apoyo o de referencia?

La conversación se iniciaba con esta pregunta de Ana María a David: «¿cómo es que el material de apoyo de proyectos es también de referencia?».

La respuesta de David era clara: «el material de apoyo de proyectos es material de referencia, de hecho, todo el material es de referencia en cierto modo».

Y, a continuación , concretaba más: «la diferencia es que el material de apoyo de proyectos está directamente vinculado con tus siguientes acciones».

La conversación continuaba con una serie de ejemplos para , finalmente, llegar a la conclusión de que la clave es responder a la pregunta «¿referencia para qué?».

Una posible distinción es la ya indicada de asociar el material de apoyo con proyectos concretos y/o siguientes acciones concretas y el material de referencia con un uso más genérico.

Un descubrimiento —y un aprendizaje para mí— es que, por ejemplo,  los ejercicios de planificación de proyectos o los esquemas con todo el inventario de acciones del proyecto son siempre material de referencia.

Explica Allen que esto es así porque, aunque esos planes o esquemas estén vinculados a un proyecto específico, no se usan para llevar a cabo ninguna de las acciones del proyecto.

Los planes y esquemas son únicamente información y su finalidad es ayudarte a reflexionar sobre tus proyectos y a gestionarlos, pero no los necesitas para ejecutar ninguna de sus acciones.

Principio de eficiencia

La distinción que hagas entre material de apoyo y referencia tiene también mucho que ver con el principio de eficiencia del que ya he escrito en diversas ocasiones.

Ese material, ¿lo vas a usar muchas veces o sólo una?, ¿sólo para ese proyecto (o para esa acción) o también para otras acciones y proyectos próximos?, ¿está relacionado con alguna actividad recurrente?

Por ejemplo, puede haber material de referencia que uses con mucha frecuencia —sobre la marcha— y que no esté vinculado a ninguna acción ni proyecto específicos.

Ese material de referencia podría ser considerado correctamente material de apoyo.

Al final, se trata, como siempre, de pensar.

Imagina por ejemplo una lista de precios que utilices con frecuencia: ¿es material de referencia o es material de apoyo?

Ambas opciones son correctas. En esencia, al no estar vinculado con ningún proyecto ni acción concretos, es material de referencia.

Por el contrario, al tener que usarlo con frecuencia, podría ser poco práctico tener que acudir cada dos por tres a tu archivo a recuperarlo.

En ese caso, la buena práctica sería tenerlo siempre a mano, lo que convertiría ese material de referencia en material de apoyo.

Pero también es posible que recuperar algo de tu sistema de archivo sea un proceso muy eficiente y tardes lo mismo en recuperar ese material de allí cada vez que lo necesitas.

En este caso sería correcto considerarlo material de referencia y gestionarlo como tal.

Conclusión

Todo el material capturado —físico y/o digital— que una vez aclarado sigue teniendo valor para ti es, en esencia, material de referencia.

Cuando ese material lo vas a utilizar para llevar a cabo una o más de tus siguientes acciones, lo adecuado es tenerlo a mano.

Una buena práctica para tenerlo a mano es separarlo del resto del material de referencia y ponerlo en un sitio distinto como material de apoyo.

Sin embargo, si tu sistema de archivo te permite recuperar con facilidad y rapidez ese material cuando lo vas a necesitar para completar la acción, otra buena práctica es dejarlo junto con el material de referencia.

Por último, puede que haya parte de tu material de referencia que uses con frecuencia sin estar vinculado con ningún proyecto ni acción concretos.

En este caso, si te resulta más fácil y cómodo tenerlo siempre a mano que tener que recuperarlo de tu archivo cada vez que lo necesitas, la buena práctica es considerarlo material de apoyo.

Resumiendo, si lo tienes a mano porque sabes que lo vas a necesitar más pronto que tarde para hacer algún tipo de acción con ello —esté o no esa acción en tu sistema—, es material de apoyo. En el resto de casos es material de referencia.

Finalmente, como puedes comprobar, se trata simplemente de que puedas acceder de la manera más fácil y rápida posible al material que necesites siempre que lo necesites.

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miércoles, 21 de abril de 2021

Cómo crear una campaña en Google Ads en 7 pasos

Por: Franck Scipion

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domingo, 18 de abril de 2021

Qué es Google My Business y cómo funciona

Por: Franck Scipion

Te voy a hablar de Google My Business, un recurso gratuito que ofrece este monstruo tecnológico y que está enfocado a que los negocios y profesionales tengan presencia en el buscador. Independientemente de que trabajes tus contenidos y cuentes con un sitio web propio, contar con una ficha de negocio en Google My Business no ... Leer más

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viernes, 16 de abril de 2021

Qué necesitas para poder priorizar con efectividad

Por: José Miguel Bolívar

Tanto si crees saber qué necesitas para poder priorizar con efectividad como si no, es muy probable que este post te sorprenda.

Muchas de las personas que participan en nuestros cursos de formación GTD® oficial nos dicen que les gustaría aprender a priorizar mejor.

Este deseo implica la existencia de una creencia: «no priorizo bien porque no sé priorizar».

Como vas a comprobar en este post, esta creencia carece de fundamento. Todas las personas sabemos priorizar a la perfección.

Es posible que en este momento te estés preguntado: «¿cómo es posible saber priorizar a la perfección y, a pesar de ello, priorizar mal?».

La respuesta es sencilla. Para poder priorizar con efectividad, además de saber priorizar, necesitas saber —antes de nada— cuáles son tus prioridades.

De hecho, el motivo por el que tantas personas creen que tienen que aprender a priorizar es precisamente este: ignoran cuáles son sus prioridades.

¿Conoces tus prioridades o sólo las supones?

Aunque la mayoría de las personas creen saber cuáles son sus prioridades, en realidad sólo las suponen.

Estas supuestas prioridades —atribuidas «en caliente», de manera emocional e irreflexiva, a las situaciones que nos vamos encontrando— son falsas prioridades, meros espejismos.

Las auténticas prioridades, las que realmente nos guían, hay que buscarlas en un nivel más profundo y mucho menos evidente. Hay que trabajar para llegar a ellas.

Me refiero a que, para conocer realmente cuáles son tus prioridades, necesitas llevar a cabo un ejercicio sistemático, consciente e intencional orientado específicamente a ello.

Una prueba de que muchas personas ignoran sus prioridades es esa sensación tan habitual de no saber por dónde empezar.

Pues bien, esta falta de claridad es uno de los indicadores más evidentes de que se desconocen las prioridades.

Y lo es porque, cuando de verdad tienes claro cuáles son tus prioridades, priorizar con efectividad es algo obvio, fácil e instantáneo.

Tú, tus prioridades y tus circunstancias

Mucha gente cree que saber priorizar implica poder cumplir siempre sus planes. Nada más lejos de la realidad.

Es imprescindible madurar y entender que los imprevistos existen y las circunstancias cambian, algo que siempre hay que tener presente al priorizar.

Cuando priorizas, además de tus prioridades, necesitas tener en cuenta las circunstancias del momento para, considerándolo todo, elegir entre las opciones disponibles.

Porque en eso precisamente consiste priorizar con efectividad, en elegir lo que tiene más sentido considerando las circunstancias.

Nunca se puede perder de vista que los imprevistos pueden surgir en cualquier momento, haciendo que las circunstancias cambien.

Cuando eso ocurre, intentar mantener la elección inicial en las nuevas circunstancias es un impulso tan natural como infantil e inefectivo.

La buena práctica es repetir de nuevo el proceso, es decir, volver a considerar tus prioridades teniendo en cuenta las nuevas circunstancias.

Porque sólo a partir de ahí podrás saber si lo que tiene más sentido en las nuevas circunstancias es mantener tu elección inicial o cambiarla.

Las prioridades son relativas

También es importante tener en cuenta que, además de saber cuáles son tus prioridades necesitas saber cómo se relacionan entre ellas.

A lo que me refiero es a que las prioridades se definen, además de por sí mismas, por contraste con las demás prioridades.

Dicho de otro modo, si analizas el conjunto de todas tus prioridades podrás comprobar cómo unas son más que otras.

Por eso, además de disponer del «mapa» o la «foto» completa con todas tus prioridades, es también fundamental saber cuáles van primero y cuáles van después.

Afortunadamente, en la práctica, muy rara vez vas a necesitar tener en cuenta la totalidad de tus prioridades. Normalmente trabajarás con un conjunto limitado de ellas.

Pero conviene tener claro que priorizar implica habitualmente favorecer una prioridad concreta en detrimento de las demás prioridades.

Cómo averiguar cuáles son tus prioridades

Son muchos los caminos que puedes seguir para averiguar cuáles son tus verdaderas prioridades. Elijas el que elijas, todos ellos conllevan un proceso de análisis e introspección.

Por ejemplo, puedes hacerlo de manera individual utilizando la metodología GTD® de efectividad personal, que te facilita para ello un modelo de 6 niveles.

Cada uno de estos niveles aborda una perspectiva distinta y todas ellas son complementarias entre sí.

Estos 6 niveles lo abarcan todo: propósito y valores, visión, metas y objetivos, áreas de enfoque y responsabilidad, resultados en los que estás trabajando y acciones que tienes que completar para conseguirlos.

Identificar el contenido de cada uno de esos niveles —primero— y reflexionar sobre ello con la frecuencia necesaria —después— es lo que proporciona claridad sobre cuáles son tus prioridades y permite mantenerla a lo largo del tiempo.

Además de hacerlo de manera individual, tienes también la opción de facilitar el proceso con la ayuda de alguna persona que tenga una formación sólida en coaching.

También puedes aprovechar los cursos de formación GTD® oficial de Nivel 2 y, especialmente, de Nivel 3, en los que trabajamos a fondo el tema de las prioridades y de cómo priorizar.

En cualquier caso, con ayuda externa o sin ella, la parte clave del trabajo la tienes que hacer tú.

Así que igual ha llegado el momento de que te respondas a esta pregunta ¿cómo de prioritario es para mí saber cuáles son en realidad mis prioridades?

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miércoles, 14 de abril de 2021

Cómo hacer marketing en Facebook en 5 pasos

Por: Franck Scipion

Una de las claves para conseguir clientes para tu negocio online es tener un sistema consistente y recurrente de acciones de prospección. Tienes que ser como el pescador que sale al mar todos los días, sin descanso, con sus aparejos en busca de un caladero donde lanzar la caña y pescar. Las redes sociales son ... Leer más

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lunes, 12 de abril de 2021

Cómo anunciarse en Internet en 4 pasos

Por: Franck Scipion

Internet es un medio que ha conseguido penetrar rápidamente en todo el mundo. Los avances tecnológicos y la irrupción en el mercado de smartphones y tablets permiten poder usarlo de forma ininterrumpida y prácticamente desde cualquier lugar. Esto ha derivado en que la publicidad en internet sea un recurso ideal para empresas y profesionales. La ... Leer más

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viernes, 9 de abril de 2021

A qué te obligan tus listas GTD

Por: José Miguel Bolívar

Al igual que ocurre con sus conceptos, es fácil malinterpretar qué contienen y a qué te obligan tus listas GTD.

Conviene estar al tanto de este error habitual porque puede ser causa de diversos problemas.

Por una parte, puede hacer que la metodología se perciba como rígida cuando es precisamente lo contrario. Esto perjudica a tu motivación.

Por otra, puede sobrecomplicar considerablemente su uso, lo cual favorece que te caigas de la tabla.

Así que mi consejo es que permanezcas alerta y practiques un sano escepticismo cada vez que leas o escuches que GTD te obliga a algo.

Probablemente estés ante un caso bienintencionado de alguien que ha cruzado sin darse cuenta la delgada línea entre rigor y fundamentalismo.

En general, cualquier afirmación relacionada con GTD® que incluya la expresión «tienes que» es falsa, así que puedes ignorarla con total tranquilidad.

Qué contienen tus listas GTD

Cuando aclararas tomas decisiones sobre tus capturas.

Aclarar conlleva decidir sobre resultados que quieres, tienes o necesitas conseguir y también sobre las acciones que quieres, tienes o necesitas realizar para ello.

Igualmente conlleva tomar decisiones sobre elementos o información que quieres conservar para evaluar si hacer o no algo con ello más adelante.

Todas esas decisiones las tomas tú, sólo tú, y lo haces libremente, nadie te obliga a nada.

Como quieres recordar todas esas decisiones utilizas recordatorios.

Esos recordatorios los colocas en las distintas categorías organizativas que te propone GTD para así verlos únicamente cuando tiene sentido verlos.

Todo esto nos lleva a que tus listas GTD sólo contienen recordatorios. Nada más. Ni deberes, ni obligaciones, ni compromisos. Sólo recordatorios.

La falsa rigidez de GTD

Es posible que hayas oído o leído que lo que hay en tus listas de siguientes acciones lo tienes que hacer antes de la próxima Revisión Semanal. Es falso.

También es posible que te hayan dicho que los proyectos de tu lista de proyectos los tienes que completar a corto plazo. Es igualmente falso.

O incluso puede que hayas leído u oído que lo que hay en tu checklist diario lo tienes que hacer todos los días. Por supuesto, es falso también.

Los recordatorios que has puesto en tus listas son sólo opciones para elegir con confianza qué hacer y qué no hacer en cada momento.

Gracias a contar con un inventario completo con todos los recordatorios de tus decisiones, puedes elegir qué hacer sabiendo que no se te está escapando nada.

La ventaja de utilizar este enfoque es que podrás sentirte bien en todo momento con lo que no estés haciendo gracias a que sabrás exactamente qué no estás haciendo.

Por otra parte, renegociar tus compromisos está en la esencia misma de GTD.

Lo que hay en tus listas son recordatorios de decisiones que tomaste en un momento y unas circunstancias que serán distintas del momento y las circunstancias en las que estés eligiendo qué hacer.

Por este motivo, es perfectamente normal que —llegado el momento de elegir— cambies tu decisión inicial y decidas no hacer determinadas cosas que anteriormente habías decidido hacer.

GTD es libertad

La imagen que encabeza este post es una composición de mi colega Ali Vakil, GTD® Certified Master Trainer de India.

Como escribe Ali en su blog, GTD no va de hacer todo lo que está en tus listas, sino de sentirte bien con todas las cosas que no estás haciendo.

Tus listas de siguientes acciones contienen simples recordatorios que quieres poder ver siempre que estés en determinadas circunstancias.

Del mismo modo, lo que tienes en tu lista de proyectos son tan sólo recordatorios que quieres poder revisar en tu Revisión Semanal.

Y, en línea con lo anterior, en tu checklist diario tienes simplemente recordatorios que quieres ver todos los días.

Por supuesto, puedes revisar tus siguientes acciones, decidir no hacer ninguna de ellas y echarte una siesta.

Y lo puedes hacer —con total tranquilidad— aunque estés en las circunstancias adecuadas y dispongas del tiempo y la energía necesarios para hacerlas.

Asimismo, en tu lista de proyectos puedes tener los recordatorios que te dé la gana, sean resultados que esperas conseguir en 11 días, en 11 semanas o en 11 meses.

Y, por supuesto, también puedes cambiar de opinión en cualquier momento, decidir que ya no quieres conseguir alguno de tus proyectos y quitar su recordatorio de la lista.

Del mismo modo, puedes revisar tu checklist diario y dejar sin hacer lo que quieras si eso es lo que eliges hacer. No sólo es perfectamente correcto, es también lo normal.

Si GTD se ha convertido en el nuevo estándar en efectividad personal no ha sido por complicar la vida a la gente con rigideces absurdas, sino precisamente por lo contrario.

GTD triunfa donde los demás planteamientos fracasan por ser capaz de generar sensación de control y confianza sin sacrificar flexibilidad.

Porque GTD es, ante todo, libertad.

Freedom. Focus. GTD.

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miércoles, 7 de abril de 2021

Cómo alcanzar el éxito empresarial: 8 claves para lograrlo

Por: Franck Scipion

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martes, 6 de abril de 2021

Qué son las palabras clave y cómo elegir las mejores

Por: Pablo Moreno

Las palabras clave son un elemento vital para lograr un buen posicionamiento en los buscadores. Sin ellas, posicionar en Google será una casualidad más que una consecuencia. Hay 3 situaciones en las que es capital hacer un estudio de palabras clave: Cuando vas a comenzar un proyecto online Para definir las categorías de tu blog ... Leer más

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viernes, 2 de abril de 2021

Efectividad es prever en lugar de suponer

Por: José Miguel Bolívar

Efectividad es prever en lugar de suponer. Llevar a cabo este cambio supone, como ocurre con casi todos los cambios, un reto considerable.

Suponer es un impulso natural, al igual que procrastinar. Ambos comportamientos están en nuestra naturaleza.

Desde el punto de vista evolutivo, suponer es un comportamiento que ha resultado muy útil gracias a ser un proceso mental fácil, rápido y automático que apenas consume recursos.

El problema de suponer es que resulta altamente inefectivo en situaciones cambiantes, imprevisibles y ambiguas como las actuales.

En nuestras circunstancias, prever resulta mucho más efectivo que suponer. Prever funciona donde suponer fracasa.

Sin embargo, prever ni es rápido ni es automático y, por si fuera poco, supone un mayor esfuerzo y consume muchos más recursos que suponer.

Además, nadie nace con el hábito de prever de manera sistemática, así que necesitamos aprender a hacerlo. Prever es un hábito que hay que desarrollar.

Por qué suponemos

Suponemos porque es un comportamiento que nos ha resultado muy útil desde el punto de vista evolutivo. Costaba pocos recursos y funcionaba bien.

Suponer es un mecanismo que se apoya en la heurística, una serie de «atajos mentales» que funcionan muy bien en determinadas circunstancias pero pueden llevar a errores sistemáticos en otras.

En concreto, cuando las circunstancias son conocidas y previsibles, la heurística suele funcionar. Por el contrario, cuando las circunstancias son desconocidas, ambiguas o cambiantes, suele fallar.

Por otra parte, al igual que ocurre con todos los procesos gestionados por el Sistema 1, suponer es un comportamiento automático, rápido, sencillo, inconsciente y que haces sin esfuerzo.

Todo esto nos lleva a que suponer es el comportamiento natural de las personas ante lo desconocido.

El problema de suponer

Además de ser un comportamiento profundamente inefectivo, suponer mata y cuesta tiempo y dinero.

La gente se mata en un choque frontal adelantando porque supone que le va a dar tiempo; se mata al caer de un andamio porque supone que no se va a caer y no toma precauciones; fuma porque supone que no le va a afectar el cáncer. La lista es interminable.

Y también nos cuesta una fortuna. Por ejemplo, perdemos satélites porque, en lugar de verificarlo, suponemos que hemos puesto bien los cables.

La lista de errores asociados a suposiciones es la historia de la incompetencia humana. Nadie queda a salvo del pensamiento supositorio.

¿Aún te quedan dudas de por qué es mejor prever en lugar de suponer?

Prever, la alternativa inteligente a suponer

A diferencia de lo que ocurre con suponer, prever es una actividad gestionada por el Sistema 2.

Esto significa que ni es automático, ni rápido, ni sencillo y que, además, hay que hacerlo de manera consciente y supone un esfuerzo. Vamos, que puede dar una pereza mortal, para qué negarlo.

Las personas efectivas prevén porque saben que hacerlo es infinitamente más efectivo que suponer.

Prever significa —primero— imaginar posibles escenarios para los que —segundo— hacemos un análisis coste/beneficio, es decir, qué gano/qué pierdo en cada uno de ellos.

Por ejemplo, al adelantar hay dos posibles escenarios. Te da tiempo a adelantar y todo perfecto o no te da tiempo y te estrellas.

¿Qué ganas en el primer escenario?, ¿llegar unos segundos antes a tu destino?, ¿qué pierdes en caso contrario?, ¿realmente compensa lo que puedes ganar con lo que puedes perder?

Constatar, aún mejor que prever

En muchas ocasiones, además de prever puedes constatar, es decir, asegurarte de algo en lugar de suponerlo.

La suposición conlleva despilfarro de recursos, rework y frustración. La constatación sólo conlleva ventajas.

A menudo nos da pereza comprobar las cosas. Comprobar exige atención, así que es lógico que genere resistencia.

Por eso, el impulso natural es suponer que todo está bien. Suponer es engañosamente liberador.

Según esto, podrías pensar que suponer es propio de personas optimistas, pero el tema en realidad es más complejo y sutil.

La gente pesimista sólo lo es para las cosas que no suponen esfuerzo (preocuparte es gratis); para las que sí requieren esfuerzo es optimista. Curioso, ¿verdad?

Conclusiones

Sólo puedes sentirte bien con lo que no haces cuando sabes qué es lo que no haces. Si crees saber lo que no haces o, peor aún, lo supones, difícilmente te sentirás bien.

Para poder elegir con confianza qué tiene más sentido hacer en cada momento necesitas saber —en lugar de suponer— qué opciones tienes.

Para trabajar de manera efectiva —haciendo bien las cosas correctas— necesitas cerciorarte de que lo que haces cumple su propósito.

En definitiva, mejorar la efectividad exige reprimir el impulso natural de suponer y sustituirlo por los hábitos de prever y constatar.

Como ocurre con la efectividad personal en general, desarrollar estos dos hábitos conlleva recorrer un camino.

Lo bueno es que recorrerlo tiene premio. En la medida que seas capaz de prever en lugar de suponer, tus niveles de control y confianza —y también tu autoestima— pasarán a estar a otro nivel.

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