domingo, 9 de octubre de 2016

Ordenando mis ideas

Por: David Torné

Ordenar tus ideas es una necesidad. Cuando la situación es compleja o cuando el asunto se encona, vale la pena tomarse el tiempo necesario para recapitular volcando todo el ruido que tienes en la mente.  Sacar fuera para componer y relacionar conceptos.

Ordenar ideas también significa tener la capacidad de pulirlas dejarlas reposar para reflexionar sobre ellas con la mente fría al cabo de un tiempo.

Lo ilustro hablando de tres situaciones diferentes para definir, resolver y reflexionar.

Mapa mental

El mapa mental es un soporte para generar una cadena de ideas a tener en cuenta sobre un asunto concreto. Anotar un concepto te sugiere uno o varios, y pensar sobre cada uno de ellos genera uno o varios más. (Cómo dibujar un mapa mental).

Es una cadena de conceptos que se van enlazando para crear una imagen con todo lo que tienes que tener en cuenta sobre el proyecto en que trabajas o la cuestión a resolver. Es una prospección en tu mente para sacar fragmentos de información a tener en cuenta.

A diferencia de una lluvia de ideas estructuras en el momento de capturar. El resultado es un dibujo que enlaza los diferentes conceptos en forma de árbol, un nodo central se va dividiendo en ramas y termina en hojas con .

Se trata de un recurso a usar cuando planifiquemos un proyecto u objetivos y necesitemos disponer de un mapa con todos los componentes que entran en juego para saber qué hacer y que descartar.

Conversaciones informales

Mi compañero Luis se incorporó a nuestro equipo hace algunos meses y como cada vez que se incorpora alguien se añaden nuevas dinámicas de grupo. Se ha traído con él la deliberación – la conversación – como forma para definir la actividad, ordenar las ideas y acordar cómo actuar.

El simple hecho de hablar de un problema actúa como conductor para mostrar sus distintos aspectos. Compartirlo con otros nos calma y nos centra.

Un programador se encarga de resolver problemas, abstraerlos y crear soluciones a través de la codificación. A menudo nos movemos en entornos complejos donde la solución a un problema A puede producir un problema B, os suena?

La conversación transforma piezas inconexas de un problema en un mosaico más comprensible estableciendo relaciones y causalidades que permiten su encaje. Al disponer de una imagen coherente y más ajustada a la realidad es lógico pensar que la intervención nos acercará a una resolución sin efectos no deseados.

Una conversación informal con otras personas combina conocimientos y perspectivas. Acercarnos a una solución a través de diferentes formas de pensar. Una expresión del pensamiento lateral.

Escribir

Utilizo la escritura como válvula de escape. Hacerlo en el blog me permite ordenar ideas y argumentar ciertas posiciones relativos a la efectividad personal. Tengo una postura definida pero expresarla por escrito me ayuda a pulir detalles y darle coherencia cohesionando con otras ideas sobre la productividad y mi sistema.

Escribir sobre efectividad personal me ayuda a relacionar ideas y convertirlas en creencias.

Escribir me ayuda a asentar las ideas. Es como si me contase las cosas a mí mismo a la vez que creó un material que puedo consultar y compartir con los lectores. Aprendo y convierto una idea en algo real y tangible.

Para necesidades más personales llevo un diario.. No escribo cada día,  sólo cuando hay algo que vale la pena contar(me). Una experiencia que me ha hecho pensar, alguna situación que me preocupa o una revelación súbita…

Lo dedico a mi proceso de crecimiento personal. Registro experiencias e ideas que surgen. Me ayuda a despejarme de malas experiencia o registrar mis pequeños éxitos.

Al cabo de algunas semanas puedo volver unas páginas atrás y releer pensamientos con un estado de ánimo diferente. También lo utilizo para escribir sobre mi propósito y valores, sobre cómo van evolucionando mis objetivos e intereses. En ambos casos me ayuda a ver las cosas con perspectiva, con una mente más fría.

Cada uno de los recursos responde a necesidades diferentes. Planificación de una actividad compleja, resolución o análisis de problemas y reflexión sobre mi realidad. No siempre son técnicas ni métodos pautados, son iniciativas informales a las que a menudo no damos la importancia que tienen.


Big Data: Su efectividad está en las personas

Por: José Miguel Bolívar

Últimamente hay mucho «hype» alrededor del «Big data», como si se tratara de algo realmente novedoso. Y lo cierto es que el «Big data» lleva ya bastantes años entre nosotros. Simplemente ha cambiado y ahora es distinto, pero sigue manteniendo su esencia original.

¿Por qué es tan importante el «Big data»? Muy sencillo. En el trabajo del conocimiento, tu efectividad depende en gran medida de la calidad de las decisiones que tomas. Por eso el «análisis y la toma de decisiones» está en la lista de las 10 competencias más críticas para 2020 identificadas por el último foro de Davos. Y la calidad de las decisiones que tomas se ve influida enormemente por la calidad y diversidad de la información que utilizas para tomarlas. Por desgracia, muchas decisiones en las grandes organizaciones se siguen tomando a partir de suposiciones, creencias, egos, luchas de poder internas, experiencias previas, pensamiento de grupo o la simple costumbre, en lugar de hacerlo a través de un proceso riguroso y contrastado.

Leía a Javier Ongay en este post para Sintetia que «en el recorrido de los datos a la sabiduría existen dos peldaños intermedios, que son la información y el conocimiento». Añadía Javier que el «Big data» tiene que ser «Useful data» y que esa utilidad va estrechamente ligada a la identificación de un propósito, es decir, a saber «para qué» quiero, necesito o tengo que usar ese «Big data». Suscribo por completo esa afirmación, que viene a poner de maniefiesto la necesidad imperiosa de abandonar el «hacer por hacer», tan instaurado en las organizaciones (su simplismo lo hace muy cómodo), y sustituirlo por el «hacer con sentido» (exige más trabajo pero genera más valor).

Personalmente, siempre he sido un convencido de la utilidad del «Big data», algo que ha estado muy presente en todas las posiciones que he ocupado en mi actividad profesional, y sigue estándolo a día de hoy.

Por ejemplo, hace más de veinte años, cuando trabajaba como Director de Logística en HP, pedí a mi manager que me autorizara la incorporación de una persona adicional a mi equipo para que desarrollara un área de «inteligencia empresarial» o «business intelligence», que era como se le llamaba entonces en aquel entorno internacional. La respuesta de mi manager fue una pregunta: «¿para qué necesitas a una persona de «inteligencia empresarial» en un departamento de logística?». Esta pregunta me hizo tomar conciencia, por primera vez, de que aquella necesidad, que para mí era evidente además de urgente, podría no serlo para todo el mundo. El caso es que conseguí la aprobación y un año después contábamos con una sencilla, ultra barata y, a la vez, potentísima estructura, que nos permitía conocer y entender mucho mejor nuestro «negocio», solucionar los problemas con rapidez y efectividad y, lo que es mejor, ser proactivos a la hora de detectar y resolver potenciales problemas futuros antes de que se produjeran.

Años después, ya en el sector de la biotecnología, pude comprobar en primera persona hasta qué punto el «Big data» va a formar parte inseparable de nuestro futuro. Cuando lanzamos la división de negocio de NGS (Next Generation Sequencing), uno de mis primeros retos fue liderar un proceso europeo de selección de un perfil nuevo y desconocido hasta el momento: una persona experta en bioinformática, es decir, una persona con un alto nivel de conocimientos de estadística, ciencias de la computación, química y bioquímica. ¿Por qué? Muy sencillo. El equipo que comercializábamos para secuenciación genética, el SOLiD, generaba entre 1,2 y 1,4 billones anglosajones de datos por proceso de secuenciación, el cual venía a durar de una a dos semanas. Esa cantidad ingente de datos, «Big data» puro, requería un tratamiento y análisis adecuado para poder convertirlo en información y luego en conocimiento. El proceso de selección se prolongó casi nueve meses (aún recuerdo el nombre del candidato que seleccionamos, un inglés con formación académica en bioquímica y estadística y con un gran dominio de bases de datos, adquirido de manera autodidacta). Desde entonces, tengo bastante claro que muchas de las profesiones del futuro serán hibridaciones de las actuales.

¿Y qué pasa con Recursos Humanos, un área en la que el potencial del «Big data» es indudable? Pues que tenemos un problema y es que, salvo contadas excepciones, que generalmente se encuentran en los departamentos de compensación y beneficios, un porcentaje importante de profesionales de Recursos Humanos se encuentra próximo al analfabetismo tecnológico en materia de «Big data». Durante años he sufrido numerosas y frustrantes experiencias a la hora de encontrar profesionales de esta función que dominaran Excel a un nivel aceptable (me refiero a saber explotar Excel como base de datos sobre la que hacer «data mining»), lo que nos lleva a plantearnos una vez más qué perfiles necesita esta función para salir de una vez de esa adolescencia eterna en la que lleva sumida desde hace años.

Digo que tenemos un problema porque, cuando no se entiende ni se sabe trabajar con él, el «Big data» se convierte en «Junk data», es decir, en «datos basura». Ves datos, pero realmente no sabes lo que ves. Y para poder entender y aprovechar el potencial del «Big data», un profesional de Recursos Humanos necesita saber lo que ve, algo prácticamente imposible si no se domina Excel, o los conceptos de bases de datos en general, y no se han adquirido unas nociones mínimas de estadística, psicología social y antropología social, por citar unas pocas, a lo que habría que añadir alguna de las competencias recomendadas por Davos, como por ejemplo el pensamiento crítico. Si estos requisitos faltan, los datos solo sirven de adorno.

Un ejemplo. Desde hace años, los departamentos de RRHH manejan volúmenes ingentes de información. ¿Quién la está usando y para qué? He visto entrevistas de salida de varios años olvidadas sin que nadie dedicara un segundo a analizarlas. ¿Para qué se hacen entonces? Con frecuencia he escuchado afirmaciones carentes de fundamento y, lo que es peor, he visto tomar e implementar decisiones a partir de esas afirmaciones carentes de fundamento, simplemente por no ir a los datos y averiguar la verdad.

El hecho es que RRHH no progresa adecuadamente en su nivel de influencia organizativa y una de las razones es que no sabe usar los datos. Y guste o no guste, «sin datos solo eres una opinión más», como solía repetir uno de mis managers.

El «Big data» es fantástico y sus posibilidades son enormes. Sin duda. Pero, para aprovecharlas, hacen falta unos perfiles profesionales con determinadas competencias que a día de hoy distan mucho de ser el estándar. Y hasta que esto no cambie, el «Big data» será simplemente otro «palabro» de moda más, con escaso valor. Porque, en realidad, y como ocurre con otras muchas cosas, el «Big data» por sí mismo sirve para poco. Su efectividad está en las personas.


viernes, 7 de octubre de 2016

Las categorías organizativas de GTD

Por:

Un buen sistema de productividad personal, como Getting Things Done te ayuda a tomar decisiones y crear recordatorios para estas decisiones.

Obviamente, hay muchas decisiones diferentes que puedes tomar y, por tanto, necesitas varios tipos de recordatorios.

En este post, Francisco Sáez revisa los diferentes tipos de recordatorios —o categorías organizativas— que propone el método GTD:

Un sistema de organización personal no puede ser tan complicado como para que no lo uses, pero tampoco puede ser tan simple como para que no puedas discernir claramente entre diferentes tipos de actividades. David Allen definió una serie de categorías organizativas dentro del método GTD de forma que, una vez has aclarado qué significa cada entrada para ti, sea obvio dónde debes guardarla. Este sistema ha demostrado ser perfectamente válido, tanto si eres un alto directivo como si eres un estudiante de instituto.

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20 consejos esenciales para dominar tu correo electrónico

Los Errores en el Correo de Trabajo que todos aceptamos

Por: Berto Pena

Ojalá hubiera una forma de cuantificar lo que los malos hábitos y errores en el Correo nos hacen. Y en el del trabajo, en el entorno de las empresas, todavía más. Son errores repetidos y repetidos hasta ser aceptados y no cuestionados casi por ninguno.

Errores en el Correo del Trabajo

Pero el caso es que están ahí, haciendo daño a todo el mundo, ralentizando el trabajo, entorpeciendo la coordinación, generando malentendidos, y haciendo que la gente se vaya más tarde a casa. Y esto es todos los días de todos los años que trabajes ahí.

“Se llaman errores y malos hábitos por los pésimos efectos que generan en ti y en los demás. Todos los días. Cada hora. Casi cada minuto.

Errores en el Correo que deberíamos corregir

Esta es mi Recopilación de Errores en el Correo de Trabajo tan habituales, que (casi) todo el mundo acepta… y que sin embargo nos condenan.

#1
Enviar Urgencias que lógicamente hay que atajar ya. O enviar un mensaje y esperar exigir respuesta inmediata de la otra persona.

#2
Poner en copia a cuantas más personas mejor. Problema gigantesco que crece a mayor tamaño de la empresa. (De análisis hechos por mí en algunas empresas con las que he trabajado, más del 70% de los correos se reciben por estar en copia.)

#3
Reenviar cadenas de mensajes para comunicar cambios o coordinarse en un proyecto. Es dificilísimo entenderse con tanto correo cruzado, reenviado, con párrafos de colores, y con unas frases respondidas y otras no.

#4
Responder a dos de las tres cosas que te pido. O a tres de las cinco. Siempre hay gente que se deja algo por culpa de leer el correo a la carrera o “en diagonal” (????).

#5
Utilizar el “Responder a todos” de forma indiscriminada. De modo que tú y yo (y otros cinco) recibimos un correo que debería haber sido solo para uno. Bueno, si fuera solo uno…

#6
Utilizar listas de distribución internas para todo. Y si no las hay, las inventamos. Muchas de ellas nacen con buenas intenciones, para tocar temas de departamento o un proyecto. Pero la mayoría se terminan por desvirtuar y terminan siendo fuente de ruido y basura interna.

#7
Enviar los “FYI” como forma de quitarse marrones de encima. «Hala, léetelo tú, apáñatelas tú, cómetelo tú. Desde el momento que sale de mi correo ya no es mi problema».

#8
Llamar por teléfono para avisar que te acabo de enviar un correo. Todo un clásico del ridículo que se sigue repitiendo a diario. Y ocurre más de lo que nos parece.

#9
Utilizar un mensaje antiguo (con un Asunto antiguo) para tratar un tema completamente distinto. ¡Viva la claridad en la comunicación!

#10
Escudarse en un correo para decir lo que se debería decir a la cara. Yo creo que todos lo hemos hecho alguna vez pero… ni es serio, ni profesional, ni maduro.

#11
Echarle la bronca a una persona (o resaltar algún error o cagada) poniendo en copia oculta a otras… o peor, al propio jefe.

#12
Escribir fuera de horas y esperar exigir que se responda fuera de horas. Generalmente esto viene porque nosotros ANTES lo hemos consentido. Y es que responder el fin de semana o de noche sienta un precedente peligroso.

#13
(Especial Jefes) Enviar el domingo por la tarde mil correos dando órdenes de lo que se tiene que hacer el lunes por la mañana. Y que suele ser contrario a lo que se habló la semana anterior.

#14
Escribir a varios piendiendo algo pero sin especificar quién lo debe hacer. Los reconocerás porque dentro del mensaje se incluye esta penosa frase: «¿alguien podría encargarse de esto?» Claro que sí hombre, cuenta con ello, seguro que alguien va a dar un paso adelante y hacerlo.

#15
Enviar esa “bomba” que lleva como Asunto: «A quien corresponda». Podías haber puesto «Enviado a Nadie» y tendría el mismo efecto.

#16
Utilizar el Correo para TODO y olvidar las llamadas, reuniones y conversaciones cara a cara. Hay otras formas de comunicarse en la empresa, y para muchas cosas son mejores que el Correo.

#17
Poner a parir al jefe en un correo enviado a varias personas. Ya hay una prueba escrita, y a lo mejor ese mensaje escrito durante un calentón, te pasa factura.

#18
Comunicar cambios reuniones o eventos con muy poco margen. O ninguno. La mitad se enteran, la otra mitad no. Cabreo generalizado. Y esto pasa muchísimo.

Training Automatiza tu Correo

Esta es mi recopilación de Malos Hábitos y Errores en el Correo, y es fácil que se me hayan escapado cosas. Así que si tú tienes alguno en mente, déjamelo en los comentarios y yo iré completando la lista con tu aportación.

Un último mensaje: seguimos estando a tiempo de aprender y corregir estos errores en el Correo. Empieza tú, comenta estas cosas con otros, propón nuevas formas de hacer las cosas, comparte artículos como este… Cualquier cosa menos ir cuesta abajo sin frenos.

La entrada Los Errores en el Correo de Trabajo que todos aceptamos aparece primero en ThinkWasabi.


miércoles, 5 de octubre de 2016

Mi primera vez en el blog: 5 consejos para escribir tu primera entrada sin morir en el intento

Por: Franck Scipion
consejos_para_escribir_tu_primera_entrada

Hace 6 años y 8 meses publiqué la primera entrada de Lifestyle al Cuadrado (puedes verla aquí).

Fue el 17 de febrero de 2010 y recuerdo estaba muy emocionado. Era la primera entrada de mi nuevo blog, tenía muchas ganas de ver crecer el proyecto y había escrito un post orientado a mi lector ideal.

Quería que esta entrada fuera uno de los pilares de mi blog, generara las primeras visitas y consiguiera atraer a los primeros suscriptores.

¿Sabes qué pasó realmente?

Nada. Absolutamente nada.

Los resultados fueron estos:

  1. Menos de 10 visitas externas, de las cuales imagino que alguna sería del círculo Family & Friends.
  2. Cero comentarios.
  3. Cero compartidos en redes sociales.

No es nada extraño. Fue el nacimiento de mi blog y todos olvidamos nuestro nacimiento. Si le preguntara a mis hijas qué recuerdo tienen del día de su nacimiento me dirían “Nada, no me acuerdo de nada”. Y mejor, que un nacimiento tiene poco de placentero y mucho de violento.

Pero estamos hablando de un blog, no de un parto.

Y salvo que quieras traer a tu bebé al mundo de la blogosfera de la peor forma posible, como yo lo hice, te recomiendo una cosa: publica una primera entrada épica y sorprende desde el primer día.

En 2010 era más fácil destacar y equivocarse estaba permitido. Hoy somos muchos más en este mundo y los errores se pagan caro, sobre todo si te cuesta horrores escribir las 1.000 palabras de tu primer post.

Y por eso te traigo hoy este post. Porque quiero que no te pongas nervioso y que crees un primer post que de verdad valga la pena.

¿Cómo?

Vamos a verlo.

#1 ¿Existe una plantilla para crear una primera entrada perfecta?

Lo siento, pero no existe tal cosa.

No hay una plantilla exacta con un tipo de post que funcione al 100% y que te vaya a abrir las puertas de la visibilidad de tu nicho.

Pero no quiere decir que no haya 2 opciones que tengan más posibilidades de triunfar que otras:

  1. Post colaborativo o round up post: comienza tu blog con un post con las mejores frases, citas, respuestas u opiniones sobre un tema de varios de los expertos más reconocidos de tu nicho.
  2. Recopilación de herramientas imprescindibles: arranca con un post con 99 recursos que tu nicho necesita conocer y enlaza las herramientas con tu link de afiliado para conseguir ingresos desde el primer día.

¿Con alguno de estos 2 tipos de posts te aseguras visitas, suscriptores y exposición?

No. Si alguien te asegura al 100% que conseguirás algo, normalmente te miente.

Pero sí que puedo asegurarte que escribir este tipo de posts y conseguir tus primeras 1.000 visitas será más fácil que si lo haces con un post más tradicional.

¿Te gustaría saber cómo escribir ese round up o post de afiliado? Esta guía es para ti

#2 ¿Qué mejoraría de mi primer post si pudiera escribirlo de nuevo?

Elijas el tipo de post que elijas, hay muchas cosas que te voy a aconsejar hacer y que yo no hice en ese primer post.

Son consejos que te servirán para este primer post y para los siguientes. Automatízalos y conviértelos en rutina y verás que las estadísticas de Google Analytics crecen desde el día Nº 1.

Y ahora, vamos a ver qué mejoraría de ese primer post.

1. El titulo de tu entrada debe ser funcional y enganchar

Un gran post con un mal título no sirve de nada.

Es como si tuvieras la mejor comida de la ciudad en un restaurante que, visto por fuera, parece un cuchitril. O como si fueras a regalar algo muy valioso y lo envolvieras en una caja de cartón realmente fea.

Las apariencias importan. Piensa que la portada de un libro sigue siendo un factor determinante para conseguir más o menos ventas y que tu título es la “portada” de tu post.

La idea es que sea explicito, capte la atención y haga que ese tuitero voraz frene su timeline para leer lo que tú has compartido.

Podría darte muchas ideas, fórmulas y tareas para mejorar este título, pero ya hay un post sobre el tema que te recomiendo leer:

2. La introducción importa, y mucho

La primera frase de tu post importa mucho.

Una vez que has atraído al lector a tu post toca luchar contra la primera impresión que tendrá de tu blog, que dependerá en parte de tu diseño y de las primeras frases e introducción en general.

Deberías centrarte en llamar su atención y hacerlo de una forma breve, corta y directa.

El objetivo de esta introducción solo es que esa visita anónima tenga ganas de leer más y lo haga.

De nuevo podría estar escribiendo durante una hora sobre el tema, pero “casualmente” también hay un post sobre este tema que publicamos en Lifestyle Al Cuadrado hace muy poco:

3. Abusa de los listados, viñetas, encabezados, etc

En Internet la gente ya no lee. Escanea.

Y para satisfacer las necesidades de un buen escaneador necesitarás darle los elementos esenciales para que escanee tu post:

  1. Una estructura por H2, H3, …
  2. Listados, viñetas y formatos de lista.
  3. Negritas, subrayados, cursivas, …
  4. Etc.

Este mismo post es un ejemplo de este punto.

Puedes ver como utilizo muchas listas, viñetas, H2 y H3.

De esta forma me aseguro de que si un lector entra en el post lo pueda escanear rápidamente.

Internet no es un periódico ni una revista, así que para tu primera entrada cuida mucho el formato.

4. Una imagen vale su peso en oro

Ya no somos capaces de leer texto sin imágenes.

Somos como niños ansiosos de leer cuentos llenos de dibujos, animales e ilustraciones. El texto plano está pasado de moda.

Por eso te recomiendo que añadas fotografías, imágenes y diseños a tu primera entrada y a todas las demás.

Como mínimo necesitas una imagen principal, tal y como puedes ver en este post. Yo no suelo utilizar más, pero en tu caso sí te recomiendo añadir algunas más que aporten verdadero valor al artículo.

A tu lector le gustará, le ayudará a facilitar la comprensión y a mantener el mensaje más vivo en su mente.

Ah, ¡y también es algo que le gusta a Google!

Puedes comenzar con bancos gratuitos de fotografías, hacer tus propias fotos o utilizar Canva si lo prefieres.

5. El cierre de tu post es tan importante como el titulo

Imagina que has conseguido atraer a un lector con tu título y que tu post lo ha enamorado, tanto que lo ha leído desde 0 hasta el final.

Pero luego llega al final y, al no ver nada que hacer, cierra la pestaña y sigue haciendo otra cosa.

¿De qué te ha servido escribir este post?

De nada.

Es importante terminar todos tus posts con una llamada a la acción clara como compartir en redes sociales, dejar un comentario, suscribirse, etc.

Si buscas fomentar la participación una buena forma de hacerlo es terminar con una pregunta que pide a la gente que cuenten sus propias vivencias sobre el asunto que estás tratando en esta entrada.

A modo de inspiración, puedes mirar la pregunta de cierre que utilizo en esta entrada.

También puedes incluir llamadas a la acción durante el artículo. Por ejemplo, yo te he “inducido” un poco a descargarte mi guía sobre Súper Posts con el punto Nº 1 de este post.

#3 ¿Y si tu primera entrada da vergüenza ajena?

No pasa nada.

Todos hemos comenzando con una entrada que hoy en día nos da vergüenza leer.

Lo importante es que tú, solo con escribir esta entrada y seguir estos pasos, ya estarás por delante del 95% de personas que ni tan siquiera dan ese paso.

Al final, para llegar a dominar todos estos aspectos, solo tendrás que seguir escribiendo entradas.

Título tras título. Post tras post. Es la única forma de mejorar y convertirte en un escritor lo suficientemente bueno como para atraer nuevos lectores cada día.

Y, antes de finalizar, te daré 3 consejos para evolucionar a partir de tu primera entrada:

  1. Sé un lector critico y busca buenas formulas y trucos en otros bloggers.
  2. Sé atrevido, usa herramientas de otros (películas, libros, canciones, etc..) y apropiate de ellas.
  3. Desarrolla una voz propia, educa y divierte. Esa 3 son las claves para el éxito a gran escala.

¿Y tú? ¿Te atreves a contar tu primera vez en el blog?

Yo me he lanzado a la piscina enlazando directamente mi primera entrada del blog al iniciar el artículo.

Ahora quiero que tú te unas compartiendo en los comentarios la primera entrada de tu blog. Y quiero que me digas qué hiciste mal, qué cambiarías y cómo mejorarías ese post para convertirlo en algo realmente útil.

¿Y sabes qué quiero que hagas después? Que cojas ese post, lo mejores… ¡y lo vuelvas a publicar!

Verás la diferencia entre el antes y el después.

Te espero en los comentarios.

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martes, 4 de octubre de 2016

GTD es distinto de gestión del tiempo

Por: Jerónimo Sánchez

FrambuesasA pesar del esfuerzo que mis colegas de OPTIMA LAB y yo mismo hacemos en los cursos que impartimos, cuesta mucho trabajo quitar de la cabeza de los alumnos la idea de que la productividad personal en general, y la metodología GTD en particular, es algo totalmente diferente a lo que se ha venido conociendo durante años como gestión del tiempo. En favor de los alumnos tengo que reconocer que «gestión del tiempo» es un término demasiado arraigado ya en el imaginario popular, y que erradicarla es tarea harto complicada. Sin embargo, es algo necesario.

Como digo a menudo, las palabras crean realidades. Y mientras las personas sigan manteniendo la idea (equivocada) de que el tiempo se puede gestionar, difícilmente podrán iniciar los cambios necesarios para gestionar eficazmente su flujo de trabajo. Un trabajo llamado por Peter Drucker trabajo del conocimiento, que es el que tenemos la inmensa mayoría de los profesionales de hoy en día, y que tiene una naturaleza muy distinta al trabajo que tenían nuestros padres y abuelos.

Por eso, y dejando a un lado el hecho de que la ciencia ya ha invalidado la gestión del tiempo como medio para mejorar la productividad personal en el trabajo del conocimiento, creo que no está de más aclarar algunas diferencias importantes entre lo que propone la metodología de David Allen y lo que intentan hacer a diario muchas personas para intentar mejorar su productividad mediante la gestión del tiempo. Conocer estas diferencias puede ser la clave para entender porqué es necesario cambiar la forma que tenemos de trabajar para, con suerte, lograr experimentar por fin una mejora real en los resultados que obtenemos de nuestro esfuerzo.

Gestión de la atención frente a gestión del tiempo

Para empezar, en la gestión del tiempo se intenta gestionar… el tiempo. La mayoría de los que llevamos tiempo en esto de la productividad personal estamos de acuerdo en que el tiempo no se puede gestionar. No importa lo que hagas, siempre tendrás veinticuatro horas al día, exactamente igual que todo el mundo.

En lugar de buscar ladrones de tiempo —un concepto que nos permite echar balones fuera y poner la responsabilidad fuera de nosotros—, GTD se basa en cultivar el enfoque —algo que sí depende enteramente de nosotros—, ayudándonos a acabar las cosas que empezamos de manera sistemática. Entender que la productividad personal no es cuestión de tiempo, sino del uso que hacemos de nuestra atención, es el primer paso para empezar a mejorar.

Siguientes acciones frente a tareas

Uno de los conceptos más rompedores que aporta GTD con respecto a la gestión del tiempo es la idea de siguiente acción. Mientras que la mayoría de las personas se dedican a apuntar tareas —según el propio David Allen, las listas de tareas suelen ser «listas amorfas de cosas imposibles de hacer»—, GTD te obliga a identificar siempre cuál es la siguiente acción, física, visible, que ya puedes llevar a cabo para hacer que algo se mueva.

Tan sencillo como parece, identificar correctamente la siguiente acción de las cosas no siempre es fácil, hasta el punto de que constituye una de las piedras angulares de la formación oficial de GTD. Hacerlo bien es la diferencia entre conseguir resultados de manera relajada y sin estrés, a ver cómo muchas cosas son procrastinadas una y otra vez por falta de claridad sobre qué es lo que hay que hacer exactamente para que progresen.

Flexibilidad frente a planificación

Una de las ideas más extendidas que existen en el mundo de la productividad personal «de garrafón» es que para ser eficiente hay que agendar las tareas. Es decir, asignar fecha y hora a las cosas que tienes que hacer, y ponerlas en el calendario para asegurarte de que se hacen. ¿El resultado? Que la realidad se impone. Vivimos y trabajamos en realidades complejas que cambian continuamente, los denominados entornos VUCA, lo que dificultan enormemente cumplir la mayoría de nuestros planes a pesar de nuestras buenas intenciones.

Como alternativa, GTD propone agrupar las cosas que tenemos que hacer teniendo en cuenta criterios objetivos. De ese modo, según las circunstancias de cada momento, siempre podemos elegir hacer aquello que de verdad podemos hacer, en función de la herramienta, lugar o persona que necesitamos para hacerlo, el tiempo que tenemos disponible, etc. Es decir, nos permite trabajar con máxima flexibilidad, adaptándonos a la realidad de cada instante —que es la que es—, en lugar de intentar ceñirnos a un plan «inventado» días atrás, a la luz de una realidad que puede ser totalmente distinta a la actual.

Enfoque relajado frente a estrés y frustración

La mayoría de las personas sufren de cierto vértigo cuando ganan conciencia de un hecho irrefutable: en el trabajo del conocimiento, siempre hay más cosas por hacer que tiempo disponible para hacerlas. Lo que imperiosamente nos lleva a la necesidad de dejar cosas sin hacer, nos guste o no. Sin embargo, la gestión del tiempo parte de la idea de que, si te organizas y priorizas bien, podrás sacar adelante todas las cosas que te propongas. Es decir que, por diseño, la gestión del tiempo carece de mecanismos para gestionar el «exceso» de potenciales compromisos que todos tenemos, y que no podremos llevar a término por falta de tiempo.

Esta disonancia entre la expectativa de poder hacerlo todo, y la realidad de que resulta imposible hacerlo todo, genera mucha frustración. Además, al no proporcionar una manera de aclarar qué es exactamente lo que hay que hacer con cada cosa, en términos de acciones físicas y visibles que podamos llevar a cabo de una sentada, la gestión del tiempo permite que exista permanentemente un elevado nivel de incertidumbre, lo que genera muchísimo estrés.

Por el contrario, GTD nos fuerza a decidir qué vamos a hacer y qué no vamos a hacer, al menos de momento. Y para aquello que decidimos hacer, nos obliga a determinar cuál es la siguiente acción, física visible, para acercarnos al resultado deseado. Saber qué cosas estás dejando sin hacer —porque hay otras cosas que deben ir primero—, y tener la claridad que proporciona un inventario de siguientes acciones —o trabajo que puedes ejecutar sin tener que volver a pensar sobre qué es lo que había que hacer—, permite que surja el enfoque relajado. En cada momento puedes centrarte en hacer lo que físicamente puedes hacer dadas las circunstancias, con la tranquilidad de saber que lo que estás dejando sin hacer está sin hacer porque ahora no es el mejor momento para hacerlo.

Intuición informada vs asignación de prioridades

Otra práctica de la gestión del tiempo que se ha convertido casi en un mantra para padres, maestros y jefes, es la de asignar prioridades a las cosas para poder ser productivo. De esta idea han surgido con los años diversos sistemas de asignación de prioridades de tareas. Sistemas de priorización que, como no podía ser menos, han demostrado servir para muy poco. ¿Por qué? De nuevo, porque la realidad es la que es, y cambia muy deprisa. Los imprevistos y los nuevos «inputs» que van llegando hora a hora, minuto a minuto, hacen que las prioridades y las urgencias de las cosas cambien constantemente.

GTD parte de la base de que las prioridades no se asignan, sino que se tienen. Es decir que, en un momento determinado, antes de decidir qué hacer a continuación, hay que asegurarse de tener disponible toda la información relevante para que las cosas con mayor prioridad resalten de manera natural y automática, por medio de la intuición. Para ello, es necesario tener permanentemente un inventario lo más completo posible de todos nuestros compromisos, con los diferentes criterios objetivos que limitan su ejecución. El ejercicio de mantener y revisar este inventario de manera regular mantiene «alimentada» a nuestra intuición, permitiéndonos elegir siempre la mejor opción de entre todas las posibles, sin necesidad de asignar prioridades explícitamente.


La mejor manera de priorizar tus tareas

Por:

¿Sabes priorizar bien tus tareas?

En este artículo, Jerónimo Sánchez nos explica cómo utilizar tu intuición para priorizar sobre la marcha:

[…] intuir es permitir que tu cerebro haga reconocimiento de patrones complejos, y para ello es necesario que la «alimentes» con información suficiente y relevante. Eso es precisamente lo que proporciona la metodología GTD: una forma de trabajar que te permite capturar todas aquellas cosas de tu mundo que pueden ayudarte a conseguir los resultados —laborales y personales— que quieres obtener; aclarar regularmente su significado, decidiendo cómo y cuándo te vas a comprometer con cada cosa; y organizar tus decisiones en un sistema de recordatorios confiable y que tenga sentido. Es un trabajo necesario en el trabajo del conocimiento, y fundamental para poder hacer buenas elecciones.

Si no tienes la capacidad de predecir el futuro1 no debes perder tiempo y energía intentando hacerlo.

Lo mejor es contar con un inventario de acciones que mejor encajan en tu situación actual y decidir en el momento cuál de estas acciones debes hacer primera. Es una elección basada en tu intuición.

Es posible mejorar tu intuición, simplemente revisando frecuentemente lo que yo llamo tu manifiesto personal. Cuando mejor conoces quién eres, cómo eres, cuáles son tus roles y a dónde quieres ir con tu vida y tu trabajo, mejor será tu capacidad de priorizar utilizando la intuición.

En mi opinión, esto es uno de los punto débiles del método Getting Things Done. Cuenta con una estructura para crear y actualizar la perspectiva —o el manifiesto personal, pero echo de menos una manera estructurada de hábitos para mantener toda esta información presente en el día a día.

∞

  1. Tengo la mente abierta: yo no puedo predecir el futuro, pero quizás existe alguien que lo puede hacer. 🤔 ↩︎

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domingo, 2 de octubre de 2016

7 claves para crear un blog que te cambie la vida a través de los infoproductos

Por: Franck Scipion
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¿Cuántas veces has dicho “este mes voy a crear mi blog”?

Más de 10 e incluso más de 100.

Pero le das vueltas a todo, sigues esperando y te bloqueas porque “necesitas saber más”.

Darle vueltas a todo no es la solución.

Nadie va a tomar la decisión por ti. Eres tú contra ti mismo.

O te quedas como estás o comienzas a crear un blog que te cambie la vida.

Un blog que:

  • Te permita no depender de una empresa.
  • Te dé la libertad financiera para ser tu propio jefe.

En definitiva, un blog que te proporcione el lifestyle que siempre has soñado.

Y lo tienes al alcance de tu mano, solo tienes que empezar.

Uno de los problemas que paraliza a muchas de las personas que me siguen desde hace años es que no tienen claras cuáles son las claves de este modelo de negocio. Tienen dudas porque no consiguen visualizar el roadmap que tienen que seguir para convertirse en un Knowmada Digital de pleno derecho.

Se acabaron las excusas, miedos o preguntas.

Hoy te voy a explicar las 7 claves para crear un blog que te cambie la vida a través de los infoproductos. 7 claves que te animarán, de una vez por todas, a dar el paso y a hacerlo de la forma correcta.

Prepárate, lee el post y mañana estarás creando tu blog.

#1 Un sistema escalable que te permita crecer

El principal error que suelen cometer casi todos los bloggers es focalizarse en la venta de servicios. Es normal, ya que la que manera más rápida de empezar a generar ingresos.

Pero este sistema está condenado a morir ya que no puede escalarse.

Tienes que tener claro que vender servicios es vender tu tiempo. La fórmula es simple: si quieres ganar más dinero, tendrás que trabajar más tiempo o subir tus tarifas. Y, aunque las subas, tendrás que volver a trabajar más tiempo para seguir facturando más.

Todo esto, tarde o temprano, te llevará a estancarte. Cuando te des cuenta ya habrás vendido todas tus horas disponibles y te habrás convertido en el peor jefe de la historia esclavizándote a ti mismo.

¿Freelance? Sí.

¿Teletrabajador desde casa? Sí.

¿Esclavizado? También.

No estoy queriendo decir que no debas ofertar servicios. Yo mismo he vendido mi tiempo durante años, pero tu negocio no se puede sustentar en esta vía de ingresos si quieres crecer.

El tiempo es tu activo Nº 1 y tienes que aprender a robar horas al reloj para dedicarlas a tu proyecto.

Piensa en todo lo que tienes que hacer a lo largo del día:

  • Escribir artículos.
  • Atender a tu red social preferida.
  • Contestar decenas de emails.
  • Responder a los clientes.
  • Enviar presupuestos.
  • Estar con tu familia.
  • ..

Y tienes solo 24 horas para hacerlo.

Al final pasas el día apagando fuegos e intentando no volverte loco en el proceso.

Es un error enfocarse en vender solo servicios. La libertad que necesitas para cambiar tu vida te la van a dar los infoproductos.

¿Por qué?

Porque la venta de un infoproducto es un sistema escalable, un sistema que puede funcionar sin ti.

Una vez que el infoproducto está producido, lo puedes vender a 10, a 100, a 10.000 o a un millón de personas. Si montas un sistema alrededor de él, este tiene la capacidad de escalar casi al infinito sin que los costes se disparen.

Todo el método que te propongo que implantes para tu negocio se basa en un sistema de venta que trabaje 24 horas, 7 días a la semana y 365 días al año.

Tus productos se podrán vender al instante y en el mundo entero.

Esta característica tan increíble solo la posee la creación de infoproductos o productos digitales. Si vendes software, diseño gráfico o música también puedes distribuirlos así.

Tu libertad solo se va a poder sostener si no te dedicas a vender el 100% de tu tiempo.

#2 Soluciona los problemas de tus lectores 24x7x365

Un negocio se basa en la regla de las 3 P´s:

  1. P de Personas.
  2. P de Problemas.
  3. P de Productos.

Parece sencillo. Tu producto soluciona el problema de una persona.

Pues no lo es tanto.

De hecho, el mayor error en el que hemos caído todos al comenzar es no cumplir con la primera P. No creamos el infoproducto bajo la demanda de las personas, sino que lo hacemos según lo que nos apetece lanzar.

Yo mismo me equivoqué con esto cuando diseñé mis primeros infoproductos. Ni escuché a mi audiencia, ni investigué acerca de lo que necesitaba mi lector ideal y me estrellé.

Para vender necesitas crear algo que tus suscriptores necesitan.

“Franck, ¿y cómo averiguo lo que mi audiencia quiere?”.

Tu blog es tu cuartel general, ¿verdad? Pues úsalo para comunicarte con tus lectores, para descubrir lo que están demandando:

  1. Revisa todos los comentarios de tus posts.
  2. Haz una encuesta pública o envíala a tu lista de suscriptores.
  3. Crea un autoresponder y pregunta en el primer email el problema Nº 1 de tu suscriptor.

No crees un infoproducto basado en tus suposiciones, es la forma más sencilla de tirar un montón de horas de trabajo a la basura.

#3 Hay un mercado enorme ahí fuera

En estos momentos hay una auténtica burbuja en el mercado de los infoproductos. Y es que una de las grandes ventajas de este modelo es que las necesidades que tú vas a cubrir afectan a muchas personas.

Porque este sistema te permite vender por todo el mundo.

Te doy cifras. Según Internet World Stats, en estos momentos en España casi hay 36 millones de personas con acceso a Internet.

Pero fíjate en Latinoamérica:

  • En Brasil hay más de 117 millones.
  • En México sobre 60 millones.
  • En Argentina casi 35 millones.
  • En Venezuela más de 16 millones.

¿Y qué pasa si unimos a todos los países latinoamericanos y a España?

Que obtenemos la cifra de 420 millones de usuarios hispanohablantes con acceso a Internet.

Montar un negocio por Internet bajo este prisma cambia, ¿verdad?

#4 El secreto está en la lista

¿Cuántas veces te han dicho que The money is on the list o que tu lista de suscriptores es el mayor activo de tu negocio?

¿Cientos? ¿Miles?

El motivo de que no pares de escuchar frases de este estilo es muy sencillo: esas frases son ciertas.

Día tras día veo a montones de bloggers obsesionados con el volumen de visitas que reciben y eso es un gran error. Esa no es la métrica que te tiene que quitar el sueño.

El dato que va a determinar tus posibilidades de venta es el número de suscriptores que tienes.

Las visitas son importantes, nadie lo duda. Pero una vez alcanzada la Audiencia Mínima Viable la importancia de las visitas es secundaria.

¿Por qué la lista de suscriptores va a determinar tu capacidad de venta?

Imagínate que abres Analytics y ves una buena subida de tráfico. Por fin ha llegado el día en que ves ese ansiado pico en la gráfica. Sin embargo, toda tu ilusión se desvanece al comprobar que todas esas visitas no son otra cosa más que spam.

Tu desilusión se debe a que detrás de ese pico de visitas no hay personas. No hay lectores interesados en tus contenidos.

Ahora te planteo yo otra pregunta:

¿Qué diferencia hay entre el spam y una persona que entra en tu blog y se va?

Ninguna.

Cuando no consigues convertir a las visitas en suscriptores, esas personas no pasan de ser un mero número. Y eso conlleva lo siguiente:

  • No tienes la opción de poder avisar a esa persona de que tienes un nuevo post.
  • No puedes establecer una comunicación más estrecha.
  • No vas a poder preguntarle qué necesita.
  • No puedes ayudarle.

En definitiva, no vas a poder venderle.

En cuanto un lector entra en tu lista puedes crear una relación de confianza con él gracias al email marketing. Piensa que cada día que esa persona reciba una newsletter tuya va a descubrir:

  • Cómo eres como profesional.
  • Cómo eres como persona.
  • Los beneficios que le puedes aportar.

Y eso derivará en que te posicione en su mente como un experto en tu temática y te otorgue una credibilidad.

Estás sembrando el terreno que te dará frutos para recoger después.

No te dejes engañar, las visitas que no se convierten en suscriptores no te sirven de nada.

¿No tienes ni idea de cómo crear una estrategia de captación de suscriptores? Te dejo unas cuantas ideas justo aquí abajo.

#5 El autoresponder

Aquí es donde se fabrica la magia.

El autoresponder es una serie de correos electrónicos que se envían de forma automática en los tiempos que tú hayas determinado. Cuando una persona entra en tu lista de correo, la secuencia se dispara.

Pero esta es la definición más aburrida.

A mí me gusta explicar que el autoresponder es como tener un vendedor en la calle. Bueno, salvo que:

  • Trabaja 24 horas al día, 7 días a la semana y 365 días al año.
  • Aunque trabaja muy duro nunca coge una baja o se pone enfermo.
  • Siempre trabaja con una sonrisa en la cara.
  • Trata a los clientes tal y como yo lo deseo.
  • Es casi gratis (y es que lo que hay que pagar con Mailchimp por tener el autoresponder es ridículo en comparación con la cantidad de ventajas que tiene).

El potencial que tiene automatizar los correos es infinito. Solo tienes que sentarte, definir la estrategia y ponerte a escribir.

Cada email puede tener un objetivo distinto. Mientras que en algunos solo estarás buscando aportar valor, otros pueden ir encaminados a que la persona te conozca mejor o te compre.

Pero piensa que también puedes y debes crear un embudo de venta que vaya avivando una necesidad de tus lectores. Es lo que en marketing se denomina “calentar” a los suscriptores. Luego tú resolverás su problema ofreciendo tu producto en una carta de ventas.

Y mientras tu autoresponder vende, tú puedes estar disfrutando con tu familia o creando otro infoproducto nuevo.

Otro infoproducto que podrás volver a incorporar en tu secuencia de emails y seguir vendiendo de por vida en automático.

#6 Gran productor de contenido

Una cuestión que debes tener muy clara es que la gasolina que mueve la maquinaria de tu negocio son tus contenidos.

Tus posts son los que van a conseguir que la cadena no se rompa.

Nunca hay que dejar atraer tráfico para que nuestra lista de suscriptores no deje de crecer y poder así aumentar nuestras ventas.

Y para conseguirlo tienes que transformarte en un productor de contenidos vitaminado.

Porque no, no vale con escribir cualquier cosa.

El objetivo de toda tu estrategia de contenidos tiene que basarse en aportar mucho valor a tus lectores. Para ello tienes que focalizarte en lo siguiente:

  1. Definir quién es tu cliente ideal.
  2. Establecer un plan editorial.
  3. Aprender a escribir posts épicos.
  4. Crear una comunidad adicta a tu blog.

Un blog es un monstruo que siempre tiene hambre de nuevos contenidos. Y como no te planifiques podría terminar por engullirte a ti.

#7 Productos complementarios

A este último punto llegamos por pura inercia, pero también necesita que prepares una estrategia.

Cuando creamos nuestro primer infoproducto no vemos más allá. Estamos obsesionados en que sea el mejor, el más atractivo y potente producto que jamás se haya lanzado en nuestra temática.

Y esto es un error.

No me refiero a que no busques la calidad. Si lo que vendes no es bueno te devolverán todas las compras. Me refiero a que estás yendo demasiado rápido.

Tu primer producto tiene que servir para activar a la gente, para que puedan percibir de forma rápida todo lo que puedes aportar. Para el primero hay que priorizar la rapidez en la ejecución y la efectividad.

La persona que compre tu ebook o tu guía PDF tiene que notar que ha avanzado contigo. Debe sentir que ha habido un cambio en su vida.

Esto hará que empiece a mirarte con otros ojos y su implicación contigo cambiará. Ya estará preparada para comprar un producto más caro.

¿Listo para crear un blog y vender infoproductos?

Ya conoces las 7 claves que necesitas dominar para montar un negocio online y cambiar el rumbo de tu vida.

Deja ya de perder horas y horas leyendo más posts. No necesitas saber más. Ahora toca pasar a la acción.

Quiero que, en cuanto cierres esta ventana, elijas un dominio, contrates un hosting y definas cuál es tu nicho de mercado.

Y después comienza a trabajar, piensa en tu primer infoproducto y sigue estos 7 pasos.

Solo con pasar a a la acción ya habrás dado el primer paso que te llevará a convertirte en un auténtico Knowmada Digital.

¡Bienvenido Lifestyler!

Fotografía: Happy Couple Driving on Country Road into the Sunset in Classic Vintage Sports Car (Shutterstock).

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Arte y técnica de la ayuda efectiva

Por: José Miguel Bolívar

La efectividad personal es una competencia que permite a las personas ser más felices ayudándoles a alcanzar los resultados que desean, con tranquilidad y sin estrés. La efectividad en general abarca cualquier ámbito relacionado con lograr resultados. «Ayudar» es uno de ellos, y por eso tiene sentido hablar de «ayuda efectiva».

«Ayudar» es fácil, pero la «ayuda efectiva» es un arte y, como todo arte, tiene su técnica. Desde el punto de vista de la efectividad personal, la definición más sencilla de ayudar es «contribuir a que otra persona logre el resultado que desea».

Bajo su aparente sencillez, la «ayuda efectiva» puede suponer un reto más complejo de lo que parece. Por eso, muchas aproximaciones bienintencionadas orientadas a «ayudar» terminan en frustración e insatisfacción, o incluso en enfado. ¿Hasta qué punto es esto evitable?

La buena noticia es que la «ayuda efectiva» es una competencia y, como tal, puede aprenderse. Vamos con ello.

Lo primero es identificar los posibles tipos de ayuda, que son cinco:

  • Ayuda solicitada: cuando una persona solicita activamente ayuda a otra.
  • Ayuda concedida: cuando una persona acepta ayudar a otra que le ha solicitado ayuda.
  • Ayuda ofrecida: cuando una persona ofrece ayuda a otra.
  • Ayuda aceptada: cuando una persona acepta la ayuda ofrecida por otra.
  • Ayuda SPAM: cuando una persona actúa directamente con intención de ayudar sin que nadie se lo haya pedido, sin haber ofrecido la ayuda previamente, o a pesar de haberse rechazado su ofrecimiento de ayuda.

Excluyendo circunstancias excepcionales, en las que la persona que va a recibir la ayuda no está en condiciones de solicitarla ni de responder ante su ofrecimiento, como puede ser por ejemplo tras un accidente, la ayuda no solicitada debe considerarse siempre «ayuda SPAM» y, por tanto, es algo a evitar. Todos recordamos algún ejemplo de amigo/conocido/familiar bienintencionado que «invade» nuestro espacio vital e irrumpe en nuestra pacífica actividad al grito de guerra de «deja, que ya te ayudo yo» 😀

Un aspecto importante es el «ámbito de ayuda». Cualquier actividad realizada fuera de dicho ámbito deja de ser ayuda y pasa automáticamente a ser «ayuda SPAM». Además, hay que tener siempre presente la premisa de que «es el cliente quien define un trabajo bien hecho», que llevado al campo de la ayuda efectiva significa que quien define el «ámbito de ayuda» es la persona que va a recibir dicha ayuda, tanto si se trata de ayuda solicitada como si se trata de ayuda ofrecida. Dicho de otra forma, el hecho de ofrecer ayuda no otorga ningún privilegio de cara a cómo prestarla.

El «ámbito de ayuda» viene delimitado por dos parámetros: «definición» y «amplitud». La «definición» del «ámbito de ayuda» varía según las personas. Hay quienes simplemente quieren que se las ayude a lograr un resultado determinado, sin importarles demasiado qué o cómo se consiga. En este caso, hablamos de un «ámbito de ayuda difuso» y la persona que ayuda goza de amplio margen de libertad a la hora de ayudar. En el otro extremo, hay personas a las que la ayuda únicamente les resulta útil si tiene lugar de una forma determinada en cuanto a «qué» y «cómo» hacer para ayudar. En este caso, hablamos de un «ámbito de ayuda definido» y la persona que ayuda debe ceñirse a unas instrucciones concretas para que la otra persona considere sus acciones realmente como ayuda.

En lo que respecta a la «amplitud», a veces la ayuda consiste en una o dos acciones puntuales, por lo que apenas hay dónde elegir y por eso hablamos de un «ámbito de ayuda reducido». Cuando hay varias alternativas, la persona que ayuda puede elegir las opciones que prefiera y hablamos de un «ámbito de ayuda amplio».

La mayoría de los problemas derivados de «ayudar», o de «pedir ayuda» a otros, se derivan de desconocer los elementos anteriores y el procedimiento correcto para ofrecer o pedir ayuda.

Por ejemplo, si una persona para la que la ayuda tiene sentido en un «ámbito de ayuda definido» pide ayuda a otra persona para la que la ayuda tiene sentido en un «ámbito de ayuda difuso», es muy probable que la experiencia termine siendo frustrante para ambas partes, al ser completamente distintas sus respectivas expectativas. La persona que ayuda lo hará con su mejor intención, pero según su criterio, siendo lo más probable que dicho criterio sea distinto del de la persona que solicitó la ayuda.

La clave para «ayudar bien» es comunicar de manera efectiva, ya que eso contribuirá a que ambas partes puedan actuar con expectativas claras. Las formas efectivas de comunicar relacionadas con la ayuda son las siguientes:

Solicitar «ayuda efectiva»

Hay que hacer explícitas nuestras preferencias en cuanto a la definición del ámbito de ayuda, especialmente si somos personas a las que nos gusta trabajar con un ámbito de ayuda definido. Es necesario dejar claro a la otra persona que para nosotros es importante que la ayuda se preste de una forma específica en cuanto a qué hacer y cómo hacerlo, y que aceptamos de antemano que ese nivel de exigencia puede traducirse en que no se nos conceda la ayuda. Se trata de un ejercicio de asertividad.

También es importante delimitar la amplitud del ámbito de ayuda, especificando todas las posibles opciones e indicando qué otras opciones estarían excluidas.

Prestar «ayuda efectiva»

Es nuestra responsabilidad averiguar, con preguntas, cuáles son la definición y la amplitud del ámbito de ayuda. A partir de ahí, tenemos que evaluar en qué medida esos parámetros encajan con nuestra forma de hacer las cosas, nuestros valores, carácter, etc. Y comunicar abiertamente a la otra persona si estamos dispuestos o no a prestar la ayuda solicitada.

Nuevamente, se trata de un ejercicio de asertividad. Si las condiciones exigidas nos generan incomodidad, podemos ofrecer una alternativa o podemos decidir no prestar ayuda.

Lo que hay que tener siempre presente es que ayudar «a tu manera» es ayudar mal y por eso hay que evitar prestar una ayuda distinta de la que nos están solicitando. Por otra parte, también conviene evitar prestar una ayuda que va contra nuestra forma natural de actuación, ya que lo más probable es que lo hagamos mal y terminemos generando insatisfacción y frustración para ambas partes.

Ofrecer «ayuda efectiva»

Para ofrecer «ayuda efectiva» hay que preguntar y escuchar antes de hacer. «¿Quieres que te ayude?» o «¿te puedo ayudar en algo?» son dos buenas formas de empezar. Si la respuesta es afirmativa, la siguiente pregunta podría ser «¿qué quieres que haga?» o «¿qué puedo hacer por ti?». Es importante escuchar con atención y confirmar que se ha entendido bien la respuesta, evitando a toda cosa el pensamiento supositorio. Ante cualquier duda sobre el «ámbito de ayuda», tanto en su definición como en su amplitud, hay que preguntar.

Una vez tengas claridad absoluta sobre la definición y la amplitud del «ámbito de ayuda», valora en qué medida es compatible con tu forma natural de hacer las cosas y evalúa tu compromiso para hacer lo que te están pidiendo hacer y cómo te están pidiendo hacerlo. Si te general la menor incomodidad, recurre a tu asertividad y dilo. En caso contrario, comprométete y empieza a ayudar.

Una vez consideres que has terminado de ayudar, confirma con la otra persona que es realmente así y que la ayuda recibida era la que esperaba. De no ser así, toma las acciones correctoras que consideres adecuadas.

Aceptar «ayuda efectiva»

Si la otra persona no nos ofrece la ayuda de forma correcta, la iniciativa a la hora de explicar proactivamente la definición y la amplitud del «ámbito de ayuda» nos corresponde a nosotros. También es nuestra responsabilidad asegurarnos de que la otra persona ha entendido exactamente qué se espera de ella y cómo se espera que lo haga. Si percibes que la otra persona se siente incómoda con tu planteamiento, dale la oportunidad de retirar su ayuda con facilidad.

Una vez hayas recibido la ayuda, además de agradecerla, es importante dar feedback.

Conclusión

La mayoría de los problemas relacionados con la ayuda tienen su origen en la diferencia de expectativas entre quién ofrece/presta la ayuda y quién la solicita/acepta.

Por otra parte, la «ayuda efectiva» huye del «hacer por hacer» y busca cumplir su propósito, que es servir de ayuda a la otra persona.

Si tienes claro que quién define qué es correcto es la persona que recibe la ayuda, estos sencillos consejos pueden ayudarte a dominar el arte y la técnica de la «ayuda efectiva», es decir, «hacer de forma correcta las cosas correctas para que otra persona logre el resultado que desea».